Stalin y Pinochet tenían ideologías diferentes, pero costumbres parecidas. Ponían mucho celo en guardar sus cosas y es por eso que ahora, décadas después de la muerte del primero y meses después del entierro del segundo, coinciden en un mismo día dos macabros hallazgos: cráneos y huesos humanos de presuntas víctimas de ejecuciones durante ambas dictaduras, enterrados bajo tierra.

Los casos tienen sutiles diferencias, porque cada líder dejaba su impronta. Mientras Stalin dio sepultura a 34 personas bajo un edificio histórico en el centro de Moscú, el dictador chileno optó por enterrar los restos humanos en una finca que perteneció a un regimiento militar en el sur de Chile.

La posición de los cuerpos permite suponer que ha sido hallado un local de fusilamientos

Los restos óseos hallados en Rusia se encontraban en el sótano del hostal Chizhevski, del siglo XIX, en una calle próxima al Kremlin. Presentaban orificios de bala de disparos que "se hicieron a corta distancia", según un portavoz de la Policía para quien "la posición de los cuerpos permite suponer que ha sido hallado un local de fusilamientos".

En Chile, además de un esqueleto casi completo, los peritos encontraron un cráneo, otros huesos sueltos, restos de zapatos y un casquillo de bala de fusil, todo ello bajo lo que hasta hace algunos años era el campo de tiro del regimiento La Concepción, en Lautaro, una localidad a 650 kilómetros de Santiago.

Ambas localizaciones parecen ser antiguos centros de torturas y ejecuciones. En el caso ruso, el hecho de que los cadáveres estuvieran en el sótano, parece indicar que las ejecuciones se practicaron en 1941, cuando las tropas nazis sitiaban Moscú.