Juan Antonio Roca parece no estar dispuesto a perder el gusanillo con el que ha convivido la mitad de su vida. Los barrotes de una cárcel no son suficiente obstáculo. Apartar de un plumazo los lujos, la capacidad de mando y el respeto que imponía a sus colaboradores (antes le llamaban el Jefe, ahora sólo el Roca) debe ser muy duro, y más para una persona acostumbrada a dejar huella.

El ex asesor de Urbanismo marbellí, encarcelado en la prisión provincial de Albolote, ha decidido no abandonar la práctica y se ha puesto a hacer lo que le gusta: urbanizar. Hay, sin embargo, dos matices importantes que merece la pena destacar.

El primero es que Roca, según publica hoy el diario La Opinión, está construyendo en el interior de la cárcel granadina y el segundo es que, tal vez por primera vez en su vida, no ganará dinero con esta operación urbanística. Instituciones Penitenciarias no estaría dispuesta a hacer negocios con el cerebro del caso Malaya.

El Jefe, sin poder y entre rejas, ha cambiado las partidas de dominó, los paseos por el patio del centro penitenciario y las continuas visitas de sus abogados por algo que se le da bastante mejor. Juan Antonio Roca trabaja, junto con un grupo de quince presos, en la construcción de una nueva zona de entrada al módulo en el que se encuentra ingresado que incluye una fuente, zonas ajardinadas y accesos mejor acondicionados.

Su trabajo consiste, básicamente, en dibujar planos para que todo quede de la mejor forma posible. Por el momento no se ha confirmado si en los bocetos contempla un arco de hormigón similar al que hay en la entrada de Marbella (blanco y azul) y en el que ponga Bienvenidos al módulo 11. El proyecto lleva ejecutándose varios días y tiene a Roca como uno de los artífices, según han confirman fuentes del centro penitenciario.

Se encarga de aportar sus valiosos conocimientos en materia de planeamiento urbanístico para darle un cambio de imagen a parte de la cárcel de Albolote. Sus compañeros de módulo están encantados con la idea, al igual que los responsables de la prisión, quienes consideran que se trata de un actividad ocupacional y formativa como otra cualquiera.

Roca, uno más entre sus compañeros

Roca y sus peones (él es uno más en el grupo, pero su carácter de líder lo hace diferente entre el resto de presos porque lo admiran) se ponen manos a la obra después del recuento y tras coger fuerzas en el comedor. Todos son internos del módulo 11 de la prisión provincial, más conocido como el módulo de respeto.

Fuentes penitenciarias explican que en este pabellón sólo hay internos primarios y no violentos. Es decir, aquellos que entran en el presidio por primera vez y cuya conducta es prácticamente intachable. Es, sin duda, el lugar más tranquilo, junto con la enfermería, para pasar el tiempo en la cárcel. De hecho, tiene normas de funcionamiento específicas. Son los internos quienes participan en el régimen de vida del propio módulo; de ahí surgió la idea de rehabilitar y mejorar ellos mismos el pabellón.

El grupo de trabajadores está dirigido por un jefe de obras. Roca es más listo y no se mancha de cemento. Su talento lo proyecta en una mesa, en su celda o sobre una piedra del patio. En estos lugares es donde se quiebra la cabeza para diseñar la remodelación que dejará algo más acogedora la entrada al módulo.

Juan Antonio Roca planeaba un proyecto más ambicioso que el que se está ejecutando, pero en la cárcel de Albolote se hace lo que estipula la dirección. La réplica de la gigantesca estatua de La Victoria que preside Puerto Banús deberá esperar. Tampoco habrá cuadros de Miró en las letrinas ni cabezas de exóticos animales colgadas en el interior de las angostas celdas.