Chucherías al estilo Argentino
Caren Antoniolli, la dependienta argentina.

En Argentina, el kiosco de golosinas, una pequeña tiendecita de chocolates, caramelos y demás dulces envasados, es un clásico. Allí puede verse fácilmente un kiosco cada doscientos metros, muchas veces regido por una familia desde la ventana de su propia casa que da a la calle.

A partir de la época de los despidos masivos como ejercicio normalizado, entre los años 1990 y 2002, los argentinos inauguraron con sus indemnizaciones cientos de kioscos de golosinas. Los kioscos se multiplicaron casi tanto como los ladrillos en España. Y esa moda ha acabado cruzando el océano para aterrizar en la Gran Vía de Madrid. Desde hace unos años funciona Kioscocity, una cadena de kioscos argentinos con presencia en las principales calles de Buenos Aires que están abiertos las veinticuatro horas del día, aquí y allí.

«Los dueños vinieron de viaje y vieron que aquí no había ningún kiosco», cuenta Caren Antoniolli, la dependienta argentina. «Entonces decidieron abrir aquí, y vender productos argentinos, sobre todo dulces». En el kiosco pueden encontrarse muchas de las golosinas con las que los argentinos se llenaron de dulzura y de caries. Alfajores de marcas más económicas y más caras, dulce de leche solo, en bocaditos, caramelos o galletas, y otros productos.

«Abajo también tenemos un locutorio, como muchos nuevos kioscos de allí», comenta Caren. Y, por supuesto, el establecimiento también ofrece a los consumidores el típico mate, una bebida amarga que los argentinos beben desde pequeñitos. Caren se ofrece a explicar a los curiosos cómo se bebe.