Roald Dahl
El escritor británico Roald Dahl (1916-1990). Archivo

"Si piensas llegar a alguna parte en la vida, tienes que leer muchos libros"; afortunado cambio de Dahl a esta otra frase tan manida: "si piensas llegar a alguna parte, tienes que desearlo mucho".

Roald Dahl, que el próximo 13 de septiembre habría cumplido cien años (fecha que se celebrará como el Roald Dahl Day en todo el mundo), dejaba una oración que desgraciadamente no ha calado demasiado en el imaginario colectivo. Sus libros sí, aunque en buena medida sea por las películas que se han hecho de ellos: Charly y la fábrica de chocolate, Matilda, James y el melocotón gigante...

La más reciente, Mi amigo el gigante, es una adaptación de Steven Spielberg de El gigante bonachón. Una historia en la que la relación con su autor es obvia ya desde lo físico: Dahl medía casi dos metros.

Y hay más de él: la niña protagonista se llama Sophie como tributo a su nieta Sophie Dahl, que ha seguido sus pasos y se dedica a las letras. El libro está además dedicado a Olivia, la primera de los cinco hijos que Dahl tuvo con Patricia Neal, y que murió a los siete años (1962) a causa del sarampión.

Si piensas llegar a alguna parte en la vida, tienes que leer muchos libros

No acababa el drama ahí: su hijo Theo fue atropellado cuatro meses después de su nacimiento en 1960, y el accidente le dejó daños de por vida como hidrocefalia. La muerte llevaba desde los tres años presente en su vida: a esa edad perdió a su padre y hermana.

Cómo fue capaz de transformar su complicada infancia (vivió en internados en los que los castigos eran desmedidos) en narraciones donde la fantasía y el mundo de los sueños fueron pilares responde al talento en lugar de a la catarsis. No hay vómito pero sí hay biografía: el gigante está en todas sus letras.

Cómo llegó a ellas tiene también su punto literario: tras enrolarse en las fuerzas aéreas británicas en la Segunda Guerra Mundial, tuvo un accidente que lo dejó fuera de juego y entonces firmó su primer relato: Pan comido. Después escribió The Gremlins (1943), que inspiraría la cinta homónima en 1984.

El gigante que escribía en una pequeña cabaña

A partir de ahí la literatura llenaría su vida, su pequeña cabaña: escribía en un sillón y sobre una tabla de madera.

Logró sus libros más populares a partir de los años sesenta pero parte de la considerada su mejor obra la hizo ya a una edad más que elevada: El gigante bonachón (1982), Las brujas (1983), Boy (1984) y Matilda (1988). La vejez y la enfermedad (tenía leucemia, y esa fue la causa de su muerte) no le arrebataron una gota de energía literaria, al contrario, el oficio unido al talento y a la madurez, oro en muchos narradores, dieron en su caso el mejor resultado.

La primera de los cinco hijos de Dahl  murió a los siete años a causa del sarampiónDurante todos esos años de escritura no dejó nunca de cruzarse de frente, imposible esquivarla, con la desgracia. Quizá el entrenamiento desde pequeño en el infortunio hizo de él alguien tan fuerte y protector, sobre todo si de su familia se trataba.

Así, cuando su mujer, la actriz estadounidense Patricia Neal, sufrió tres aneurismas cerebrales en 1965 durante el embarazo del quinto hijo del matrimonio y tras tres semanas en coma, fue capaz de volver a andar y a hablar gracias en muy buena medida a la constante ayuda y al gigantesco –su tamaño era por fuera y por dentro, aunque su zona de sombras también era amplia– empeño de su marido.

En esa parte sombría a la que nadie escapa estaban los celos de Dahl (también se le ha tachado de maleducado) que no llevaba bien el éxito de su mujer. Estuvieron juntos desde 1953 hasta 1983, año en el que se casó con Felicity Ann d'Abreu Crosland, la mejor amiga de su primera esposa.

En la luz está cómo se implicó, tras la muerte de su hija por sarampión y la hidrocefalia de su único hijo varón, en causas humanitarias de gran relevancia. De hecho llegó a inventar un aparato con un ingeniero y un neurocirujano, llamado Válvula Wade-Dahl-Till (WDT), que todavía se usa.

Era difícil rendir un tributo tan gigantesco como él, pero la exposición El maestro irreverente lo logra. Organizada por Fnac y Nórdica Libros, estuvo en Madrid y ahora se puede ver en Sevilla (hasta el 31 de julio). Luego pasará por Zaragoza (1 de septiembre al 20 de octubre), Bilbao (1 al 30 de noviembre), Barcelona (5 de diciembre de 2016 al 10 de enero de 2017) y A Coruña (15 de enero al 20 de marzo de 2017). Reúne la exhibición las ilustraciones de Iban Barrenetxea y Federico Delicado para las ediciones de su relatos La cata y El librero en Nórdica Libros.