El hombre de nacionalidad rumana que se prendió fuego frente al edificio de la Subdelegación del Gobierno en Castellón el pasado 4 de septiembre falleció este miércoles en el Hospital La Fe de Valencia, donde permanecía ingresado.

Fuentes del centro sanitario informaron de que el hombre, que sufrió quemaduras en el setenta por ciento del cuerpo y se encontraba en estado crítico, falleció cerca del mediodía.

El ciudadano rumano se quemó "a lo bonzo" ante su mujer y sus dos hijos para protestar por la situación económica de su familia en España.

El herido fue trasladado por una SAMU hasta el hospital de Castellón y posteriormente a la Unidad de Quemados del Hospital La Fe de Valencia, donde ha fallecido.

Regreso a Rumanía

Fuentes de la Conselleria de Bienestar Social informaron de que a principios de esta semana regresaron a Rumanía la mujer y los dos hijosdel ciudadano rumano, con los que se pondrán en contacto para comunicarles el fallecimiento.

A principios de esta semana regresaron a Rumanía la mujer y los dos hijos

Las fuentes indicaron que en el caso de que la familia quiera repatriar el cadáver son la embajada de Rumanía en España y la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana las competentes en este tema.

El inmigrante rumano, que sufrió quemaduras en el setenta por ciento de su cuerpo tras quemarse "a lo bonzo", fue llevado en ambulancia al Hospital de Castellón, pero debido a la gravedad de su estado fue trasladado al Hospital La Fe de Valencia, donde quedó ingresado en la Unidad de Grandes Quemados.

Aunque se mantuvo estable durante una semana, el 11 de septiembre su estado empeoró, precisó de respiración asistida y entró en estado crítico, en el que ha permanecido hasta su fallecimiento hoy, según fuentes sanitarias.

Sus familiares se desplazaron el mismo día del suceso, por iniciativa de los Servicios Territoriales de Bienestar Social, al centro de acogida 'Nuevo Futuro' de Valencia, para estar más cerca del herido.

El ciudadano rumano, que se prendió fuego en protesta por su estado precario, llegó a España con una promesa de trabajo que resultó ser falsa y tuvo que sobrevivir durante tres meses, junto a su mujer y sus dos hijos, con la venta callejera de refrescos y chatarra.

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