Mils ha explicado que Rio Tinto, un río ácido de 92 kilómetros con un pH2.3 y una alta concentración de metal soluble, es uno de los lugares de la Tierra donde las condiciones de vida son especialmente extremas.

"Sus aguas están cargadas de metales, sobre todo hierro, que es el que le proporciona su color rojo característico, y, en contra de lo imaginable, en esas aguas hay vida", ha manifestado Amils, catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado al Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La presencia de los metales en Río Tinto, escogido por la NASA para estudiar la posibilidad de vida en Marte, se complementa con oxígeno, lo que da lugar a la "paradoja ecológica" que, en palabras de Amils, permite "la existencia de organismos", ya que son fotosintéticos en su mayoría.

Entre estos microorganismos que se han adaptado al hábitat extremo, se incluyen algunas especies de hongos y algas rojas.

Para detectar las bacterias, Amils ha destacado la técnica llamada FISH (Fluorescence In Situ Hybridization), la cual permite tanto identificar como cuantificar la hibridación con sondas específicas complementadas con las técnicas convencionales de aislamiento.

La mayor parte de la biomasa del sistema se encuentra en el fondo del río o la superficie de las rocas, formando

hongos y algas filamentosas. La superficie de estas biopelículas está recubierta por precipitados de minerales, fundamentalmente hierro.

Estas bioformaciones de hierro han resultado fundamentales para demostrar que el Río Tinto no es el producto de la contaminación por la actividad minera, ya que, según ha aclarado el investigador, los depósitos de hierro existen "desde hace dos millones de años".

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