Hartos de que las noches de los fines de semana los clientes se agolpen y hagan cola sobre la puerta de los aseos de sus bares, los hosteleros alicantinos reclaman al Ayuntamiento que habilite urinarios públicos en la calle. Y algunos ya echan el cerrojazo a sus servicios.

Aunque tienen potestad para entregar o no la llave a un cliente, por ahora son generosos. «Eso sirve para controlar un poco, pero al final la solemos dar a quien la pide»; eso sí, con prioridades: «damos un servicio regular a todo el mundo, pero siempre tiene preferencia el cliente», explica José Francisco Izquierdo, presidente de los hosteleros alicantinos.

«Tampoco le podemos negar la entrada a nadie al váter: hay que ceder la instalación a todo aquel que lo necesite;eso sí, hay que cumplir ciertas normas de higiene», puntualiza.

Les molesta que pueda entrar «gente borracha o incívica y lo ponga todo perdido», añade, y por ley, no están obligados «a ser un servicio público». La situación se agrava los fines de semana y degenera en Hogueras. Pese a que barracas y racós ponen retretes portátiles en la calle, «la gente invade y no para de entrar en los bares; y con aglomeraciones, a la hora de limpiar se encuentran de todo», dice.

Sólo llaman a la Policía Local a veces. «Si encontramos algún objeto robado en los aseos, pero no suele haber muchas reclamaciones, ni nuestras ni de clientes».