Íñigo Errejón
Íñigo Errejón, secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos. JORGE PARÍS

Su agenda es frenética, pero no parece cansado. Iñigo Errejón, número 2 de Podemos, mira a los ojos cuando habla y se maneja en las distancias cortas. No rehúye ninguna pregunta.

¿Le molesta que se diga que es el moderado de Podemos?
(Risas) Ya me voy acostumbrando, pero creo que es algo que tiene que ver con las formas. En Podemos tenemos un análisis estratégico que no siempre es el mismo, pero que sí lo es en lo fundamental. Por otra parte, la tarea de construir un pueblo siempre me ha parecido infinitamente más transformadora y profunda que la de unificar la izquierda.

¿Se siente incómodo con la incorporación a las listas de Unidos Podemos de figuras ancladas al pasado de IU?
El acuerdo electoral nos permite tenderle la mano a mucha gente diferente que todavía falta. Había que sumar fuerzas, pero no para unir a la gente que ya se considera de izquierdas, sino para fundar un país nuevo. Creo que nuestras listas muestran una diversidad muy amplia que se parece mucho a la diversidad de España, con gente que viene de sectores sociales e ideológicos muy distintos. Haremos dos campañas diferentes, pero podemos darnos la mano para sobreponernos a la ley electoral.

Para la mayor parte de la gente el comunismo es una antigualla, no es hoy una referencia Pero esos argumentos hubieran valido igual para el 20-D, y ustedes se negaron a la coalición, usted especialmente. ¿Qué ha cambiado?
En primer lugar, que estas elecciones son excepcionales, porque son una especie de segunda vuelta. Nos quedamos en una situación de bloqueo, con el PSOE teniendo que decidir entre gobernar con nosotros o dejar gobernar al PP. En esa encrucijada, lo que toca ahora es que desempate el pueblo español. Y en una situación así, nosotros tenemos que ser extraordinariamente generosos para seducir a sectores más amplios de la población. En segundo lugar, por el filtro de la ley electoral, tremendamente injusta y que sobrerrepresenta a los partidos tradicionales. Y en tercer lugar, que también en IU han cambiado cosas, sobre todo porque los sectores que quieren mirar hacia fuera, hacia los que faltan, han ganado peso, y eso facilita que podamos sumar fuerzas.

¿Y no siente que se está tirando por tierra la transversalidad que tanto ha defendido?
Si lo sintiera no dirigiría la campaña. Estoy al frente porque me parece que tenemos una oportunidad histórica no de construir una mayoría de izquierdas, sino de construir una mayoría de españoles que quieren construir un país que no deje a nadie atrás. La transversalidad sigue siendo la hoja de ruta, pero no significa que estemos todos de acuerdo en todo, sino unir al común de la ciudadanía que ha sido estafada durante la crisis, para recuperar una democracia digna de tal nombre. Hemos hecho una alianza con una formación política que se dice de izquierdas, pero eso no quiere decir que intentemos convencer solo a la gente que comparte esa etiqueta. No hemos perdido la conciencia de que los votantes del PSOE, del PP o los abstencionistas también son nuestro pueblo. Piensan distinto, pero es con ellos con quien se construye una mayoría para un país más justo.

El 26-J habrá un polo del cambio político y otro del inmovilismo¿Entre un comunista y un socialdemócrata, con quién se queda?
Estamos hablando de dos especies del pasado. Creo que el comunismo no existe en el imaginario como un proceso de transformación colectiva para un mundo más justo, porque se convirtió en una pesadilla burocrática en muchos casos y para la mayor parte de la gente es una antigualla, creo que no es hoy una referencia. Y la socialdemocracia ha fracasado o ha abjurado de su tarea de garantizar transformaciones que permitiesen países más justos y democráticos. Hoy día la frontera principal que marca el cambio político tiene que ver con la transversalidad, no con las etiquetas viejas de izquierda y derecha, sino entre democracia y oligarquía, entre si manda el pueblo o mandan unos pocos privilegiados que se ponen a sí mismo por encima de la ley. Eso creo que es lo que mejor describe cuál es hoy el combate político. Tiene mucho de sentido común, pero no tiene nada de moderado.

¿Qué escenario vislumbra para el 26-J? 
En estas elecciones claramente hay dos proyectos de país, el del PP y el nuestro. Si el PP obtiene la fuerza suficiente como para reeditar el gobierno, hará aquello a lo que nos tiene acostumbrados, esconder las tijeras durante la campaña y reeditar los recortes si gana, mantener la impunidad respecto a la corrupción y mantener una política que es muy blanda con los de arriba, y muy cruel con los de abajo. La otra alternativa es que nosotros podamos construir un gobierno de cambio, y en ese gobierno de cambio, el partido socialista necesariamente va a tener que hacer una labor de árbitro, conformar un gobierno juntos que sea capaz de revertir las políticas injustas, que además han sido ineficaces. Habrá un polo del cambio político y otro del inmovilismo, y ese es fundamentalmente el plebiscito que se va a librar en estas elecciones.

Se muestran convencidos del sorpasso al PSOE, pero ¿y si no se produce?
Para nosotros el objetivo es ser primera fuerza y construir una mayoría nueva. Hoy no lo somos, pero hemos nacido para serlo, y lo vamos a ser. Si lo somos en estas elecciones, nos vamos a ahorrar años de sufrimiento inútil de la población, porque el programa del sufrimiento para la mayoría no ha funcionado, y por lo tanto hay que probar políticas económicas diferentes. Si no lo conseguimos seguiremos trabajando, y si de nosotros depende que se pueda conformar un gobierno que comience a modificar algunas de las políticas del PP, ahí estaremos, sin duda. 

Ciudadanos ha decidido que su gran proyecto es ser una agencia matrimonial de los dos grandes partidosSe lo pregunto más directamente. Si quedan por detrás del PSOE, ¿tendrán una actitud distinta a la que tuvieron tras el 20-D?, ¿facilitarán un gobierno socialista?
Nuestra opción es ser la primera fuerza y conformar gobierno, pero si no lo conseguimos, siempre vamos a estar dispuestos a entablar relaciones de corresponsabilidad para que haya un gobierno del cambio.

Hay mucha gente de izquierdas que no entiende que, teniendo la oportunidad, diesen opción a Mariano Rajoy de reeditar su gobierno. En un escenario similar, ¿volverán a hacer lo mismo?
No, no va a haber unas terceras elecciones. De estas elecciones del 26 de junio sale un gobierno. Será un gobierno o que empiece a transformar las políticas injustas y crueles del PP, o que las mantenga, o que les dé una capa de barniz. El PSOE, después de haberse pasado la campaña diciendo que Ciudadanos eran las nuevas generaciones del PP, ahora tiene dificultades para explicar por qué cuando pudo elegir, se echó en brazos de [Albert] Rivera, que acto seguido, según se firmó el acuerdo, dijo muy bien ya hemos excluido a Podemos, ahora falta sumar al PP. Rivera intentó arrastrar al PSOE hacia la gran coalición del bipartidismo, pero con una fuerza auxiliar. Porque parece que Ciudadanos ha decidido que su gran proyecto es ser una agencia matrimonial de los dos grandes partidos. Creo que Sánchez no eligió bien, seguramente tuvo muchas presiones, pero estoy convencido de que este 26-J los equilibrios van a ser muy diferentes.

¿En algún momento se barajó la opción de la abstención?
Con el acuerdo que había encima de la mesa, nunca. No sé de donde sale el rumor, pero nunca, en ninguna de las discusiones, nio del grupo negociador de Podemos ni de la dirección, se planteó esa posibilidad.

¿Por qué no?
Aquel acuerdo nos parecía marcadamente insuficiente. Por ejemplo, acordaron paralizar el calendario de la LOMCE, pero cuando Sánchez lo llevó al Congreso, Rivera se abstuvo y lo votamos nosotros. ¿Por qué si estábamos votando juntos en el Congreso, si el grueso de las propuestas del PSOE no las saca con Ciudadanos, sino con nosotros, por qué no podíamos plasmar eso en un Gobierno? Parecía que éramos buenos para apoyos legislativos, pero no éramos buenos para gobierno. Se nos planteó que teníamos que elegir entre firmar un cheque en blanco o ser culpados de la repetición de elecciones, pero la verdad es que no hemos llegado aquí para ser la muleta de nadie. Nacimos para transformar la política española, no para asustarnos o quebrarnos a la primera presión. A lo mejor hemos sonado duros, a lo mejor hemos sido rígidos, pero hemos dicho siempre lo mismo durante las negociaciones, hemos sido coherentes.

El populismo como demagogia no nos describe. Somos la vacuna para fenómenos como Le Pen o la ultraderecha en Austria ¿Es Podemos populista?
Populista se utiliza en España como un insulto de forma permanente, con una paradoja, que cuanto menos pueblo hay, cuanto menos hablan de él, más nos dicen las élites que el fantasma peligroso que amenaza nuestras sociedades es el populismo. Podemos quiere construir un pueblo y recuperar la soberanía para el pueblo. Yo creo que la etiqueta populista asociada a insulto o demagogia no nos describe.

¿Y qué opina de las continuas comparaciones con fenómenos como el Frente Nacional de Le Pen?
Nos han dicho de todo, pero creo que lo mejor es que la gente lo compare con nuestras experiencias en los sitios donde gobernamos, donde nuestras políticas son aumentar la protección social, aumentar la transparencia en las instituciones, reducir el gasto y la deuda y devolver la dignidad a la vida institucional. Hay que juzgar a Podemos por lo que hacen, más que por lo que los adversarios dicen. Sobre nosotros se ha dicho un abanico tan amplio de barbaridades, a veces incompatibles entre sí, que da muestras del agotamiento intelectual de quienes nos gobiernan.

¿Descarta entonces cualquier nexo común?
De hecho somos la vacuna para que eso no pase en España. Aquí, en la crisis, en lugar de culpar a los extranjeros, a los que vienen de fuera o a los más débiles, culpamos a los de arriba y a su orgía de corrupción y de despilfarro. La salida de la crisis es hacia más democracia, no menos, y eso es así gracias al antídoto que fue el 15-M y después gracias a nuestra aparición en política, que bloquea la posibilidad de que en España pase algo como lo que está pasando en Austria, donde casi gana la extrema derecha.

Tras la crisis interna de su partido usted desapareció un par de semanas "para pensar". ¿Sigue pensando o ya da ese capítulo por superado?
(Risas) Las dos cosas. Yo necesitaba un tiempo de reflexión, hubo cosas que no me gustaban, y me parecía sano que en la nueva política fuéramos capaces de explicar cuando estamos de acuerdo, y cuando a veces no lo estamos en todo. Sigo pensando que en Podemos habrá que plantearse el paso de una máquina electoral muy rápida pero a veces no muy cuidadosa, a un movimiento popular más lento, más amable y más federal, con más peso de los territorios. Pero eso para mí es una cuestión organizativa, no personal, no es una cuestión de nombres propios.

En Venezuela se necesita una mediación internacional y creo que Zapatero estuvo más a la altura que otrosHace poco le preguntaban si le seguía usted valiendo a Podemos. Ahora le pregunto, ¿le sigue valiendo Podemos a usted?
A mí Podemos no me tiene que valer, yo soy un militante del cambio político, y la cosa es que yo siga siendo útil. Si sigo siendo últil para construir esa mayoría nueva en España, entonces tiene sentido lo que hago, y en la medida en que sea útil, pues aquí voy a estar. Ahora como director de campaña, o antes como portavoz parlamentario, o donde me toque estar. 

 ¿Hay riesgo de ruptura en Podemos?
No. Puede que tengamos que modificar algunos aspectos relativos a la hoja de ruta en la medida en la que las tareas son diferentes. Nosotros en Vistalegre nos fijamos con claridad una hoja de ruta y un objetivo, las elecciones generales. Creo que fue una buena estrategia a juzgar por los resultados, y ahora queda el 26-J. Si después cambian las prioridades, pues adaptaremos y modificaremos nuestra estrategia, no tenemos manuales. En Podemos discutimos en abierto, y esa es la mejor garantía de que las discusiones sigan permitiendo que nos convenzamos unos a otros.

¿Habrá un Congreso antes de que acabe el año?
No lo sé, depende de lo que pase el 26-J. Pero si entendemos Congreso como sinónimo de ruptura, no. Estamos ante una oportunidad histórica que puede modificar nuestras tareas, porque a lo mejor después de las elecciones tenemos la tarea de conformar un gobierno al servicio de la gente, y por lo tanto de asumir la inmensa responsabilidad de intentar estar a la altura.

Lo más doloroso es cuando los ataques y hostigamiento hacen daño a gente cercana¿Y si la coalición no cumple las expectativas?
Si Unidos Podemos no es capaz de precipitar en estas elecciones el cambio político en España, tendremos que hacer reflexiones sobre en qué cosas hemos fallado en un momento histórico. Pero esa es una hipótesis que ahora mismo no contemplo. Nosotros libramos siempre las campañas como si fueran la última.

Parece que Venezuela se ha convertido en el epicentro de la campaña. ¿Cuál cree que es la solución para la situación en ese país?
Creo que en Venezuela se necesita una mediación internacional y creo que el expresidente Rodríguez Zapatero estuvo más a la altura que muchos otros líderes españoles. Creo que hizo lo que un ministro de Exteriores debería haber hecho, que es intentar mediar, reunirse con todos e intentar que haya una salida desde el respeto a las instituciones o a lo que voten los venezolanos, en lugar de incendiar o utilizar la situación dramática de un país para hacer un spot electoral en Caracas. Es un bochorno que, en un momento así, líderes que no proponen nada nuevo para España, su mejor propuesta sea utlizar la situación de un país que está a miles de kilómetros y les da exactamente igual, para intentar perjudicar las opciones de cambio político.

 ¿Qué ha cambiado desde el 20-D?
Varias cosas. A peor, que puede haber ciudadanos que estén más cansados, de la política y de los políticos, y ahí no nos podemos permitir dar ni un solo paso atrás. Si la gente abandona la política, ésta vuelve a ser un negocio para unos pocos al servicio de unos pocos. Los mejores avances democráticos se producen cuando la ciudadanía, la gente normal, toma las riendas de la política. Cuando las cede, las instituciones se empiezan a convertir en chiringuitos para unos pocos. Pero también han cambiado cosas a mejor. Los ciudadanos tienen dos datos que no tenían antes del 20-D: saben los que votamos los españoles ese día, que es una encuesta fantástica. Y en segundo lugar, tienen elementos con los que juzgar a los partidos por lo que han hecho estos cuatro meses. Eso es un experimento democrático que nunca habíamos tenido. Antes podías decir lo que quisieras en campaña y luego hacer lo que te diera la gana durante la legislatura, porque hasta dentro de cuatro años no te examinabas de nuevo. Ahora rendimos cuentas cuatro meses después, tenemos la memoria fresca de lo que ha hecho cada uno, de con quién ha querido pactar y de qué políticas ha defendido, también en el Parlamento. No es verdad que el Parlamento no haya servido para nada, ha servido para retratarnos. El PP ha promovido mociones sobre la unidad de España y nosotros decíamos que a lo mejor defender la unidad de España tenía que ver con proteger a los españoles de verdad, protegerlos de los desahucios, de los recortes en servicios públicos, de la precariedad.

Asumir ahora el gobierno en España no es un valle de rosas, pero eso es una responsabilidad históricaEn este viaje, ¿qué es lo que más le ha dolido por el camino?
Lo más difícil han sido los ataques sobre nosotros, las dificultades de construir una organización política a toda velocidad, momentos políticos de tensión y momentos en los que cuesta abstraerse de las semanas maratonianas. Eso lo corregiría, te tienes que dejar huecos o días libres para levantar la vista y, por encima del calendario, ser capaz de mirar y dejarse más hueco para respirar, para leer, para pensar, para parar el balón y levantar la cabeza. Lo más doloroso es cuando los ataques y hostigamiento hacen daño a gente cercana.

¿Qué errores han cometido?
Hemos cometido muchos y hay muchas cosas que podíamos haber mejorado, como nuestro primer desempeño en el Parlamento. Fuimos muy ingenuos. Como cuando se pactó la mesa del Congreso o cuando nos mandaron al gallinero. Una de las cosas que no supimos leer lo suficientemente rápido es que los ataques y la hostilidad de los privilegiados y los sectores tradicionales de poder contra Podemos tenían como objetivo provocar un cerco y que habláramos de nosotros mismo. Para esquivar esa maniobra hay que esforzarse siempre en los que quedan fuera, en los que faltan. Si queremos que las transformaciones que que hagamos sean duraderas, las tiene que aceptar una parte que ahora está votando al adversario o a otras opciones, y eso tiene que ver siempre con la capacidad de persuadir y de seducir. No es fácil mantener esa capacidad cuando te están cayendo chuzos de punta, pero para eso llueve y precisamente por eso la tendríamos que redoblar, y no siempre hemos sido capaces. Otro error es el escaso tiempo que hemos dedicado a formar cuadros y a formar relevo.

 Hay quien cree que les sería más rentable, en un escenario de presiones desde Europa para posibles recortes, no gobernar y liderar una oposición de izquierdas
Soy consciente de que asumir ahora el gobierno en España no es un valle de rosas, pero eso es una responsabilidad histórica que tenemos que cumplir. Una fuerza que quiere transformar su país, gobierna, y lo hace al servicio de la gente. Aunque no siempre pueda avanzar todo lo que quiera ni hacer todos los proyectos que se fija. Hace lo que puede para mejorar la vida de la gente y empuja para dejárselo [el país] en mejores condiciones a quien venga detrás.

Hemos contribuido a la revitalización de la política y del compromiso ¿Cuál es el mayor éxito de Podemos y cuál su mayor fracaso?
Éxitos diría dos. El primero, que ha contribuido a hacer más sexy la política en España, a que mucha juventud entienda que hay que participar y tomar las riendas de nuestro país. Hay que implicarse y apasionarse, porque España ha llegado a una mala situación también porque muchas veces hemos mirado para otro lado. Podemos ha contribuido a la revitalización de la política y del compromiso, y eso fortalece la salud de la democracia. El segundo éxito tiene que ver con transformar culturalmente España. Todavía no hemos ganado, pero marcamos una buena parte del ritmo político. Proponemos cosas que cuando las decimos nosotros son de extremistas, y un año o tres meses después las vemos en boca de otros. Acabamos de ver al ministro De Guindos [Luis, ministro de Economía] decir en Europa que hay que reducir el déficit más lentamente y que ya está bien de recortes. Empezamos a ser fuerza que marca el rumbo cultural incluso antes de estar en condiciones de ser fuerza de Gobierno, y eso es clave, porque los cambios políticos profundos van precedidos siempre antes de un mar de fondo de cambio cultural. En cuanto al fracaso... Creo que no siempre hemos sido hábiles frente a la campaña del miedo, esa que decía que íbamos a quitar a la gente sus pensiones y su segunda casa. En eso tenemos que aplicarnos en el futuro.