Saleta Goi, viuda de Manuel María, continúa defendiendo a día de hoy la importancia de la lengua y de que la sociedad tome conciencia a la hora de salvaguardar el futuro del patrimonio inmaterial de Galicia, tal y como ella y el homenajeado este año en las Letras Galegas han demostrado a lo largo de su vida en común, su acción en la clandestinidad y su trabajo a favor de la difusión cultural.

Una de los hitos más destacados de esta trayectoria se materializó en la librería 'Xistral' que ambos fundaron en Monforte de Lemos a finales de los 60, y que se consagró como referencia para la distribución de literatura escrita en lengua gallega y único punto de la localidad en el que se podían adquirir piezas de Cerámica Sargadelos.

"Se trabajó mucho, siendo gallega -la librería- totalmente. En el 70, el letrero en gallego, y las chicas que contratábamos tenían que hablar en gallego. Y no pasó nada, era la que más vendió de Monforte", destacó Saleta Goi, en una entrevista concedida a Europa Press. En esta línea, ha defendido que "hasta en los negocios es importante tener personalidad, y el gallego la da". "Los chavales del instituto decían 'vamos a la librería de los gallegos".

La presidenta de la Fundación Manuel María recuerda que el poeta "era feliz en la librería" al contrario que en otros trabajos "que no le gustaban nada", como el de procurador. Allí el poeta era "un referente" y leía todo lo que podía tumbado en su camilla, donde se aislaba. "Yo podía estar hablando y vendiendo y él no se enteraba", bromeó Saleta.

En contraposición a este trabajo y a la defensa del idioma de Manuel María se sitúa la situación actual del gallego, que Saleta Goi considera que está "un poco peor que hace tiempo atrás", premisa que ha ejemplificado con el libro 'El retrato del colonizado'. "Si los gobiernos fomentan esto -el idioma-, la gente habla más gallego", ha considerado, para después señalar que "si para los mandatarios es más simpático que se hable más castellano, esto también se traduce".

CONTRA EL SISTEMA

Esta actitud de compromiso y reivindicación tuvo su reflejo en la obra del poeta a partir de 'Documentos Personales', el "primer libro de denuncia" de Galicia y que marca el inicio de una etapa en la que Manuel María hace "poesía para defender su país" con el idioma como epicentro.

"En la casa de su padre, que fue alcalde, se hablaba gallego, siempre se habló gallego y se sigue hablando", ha explicado Saleta Goi, por lo que Manuel María terminó por rebelarse contra el "desprestigio" que rodeaba al idioma y a sus hablantes, lo que le llevó a una "concienciación" sobre la lengua. "Y es normal que pase, uno va madurando, ve la situación del agro, del mar... y lo normal es que se conciencie. Que no piense alguien que van a arreglarlo los de fuera, no te va a venir el de fuera a arreglar el país y es más complicado que arreglar una casa".

Ambos tuvieron una marcada actuación en la clandestinidad con situaciones agradables y "momentos desagradables", incluso fueron detenidos "en tiempo de democracia", aunque siempre recuerda sus años de juventud como "los mejores" de su vida, cuando estaban "en plena capacidad de todo".

"No me quejo en absoluto. Me parece que si uno está contra el sistema, que lo estuvimos siempre, el sistema no le va a regalar flores", ha señalado, dado que "cuando uno se mete y defiende una causa, debe saber donde está".

"TODO DEJA PEGADA EN LA VIDA"

Del mismo modo que él ha dejado marca en toda una generación de jóvenes poetas, hubo una serie de referentes que dejaron "pegada" en el propio Manuel María. Tras la muerte de su padre, a los 13 años, se instaló con su tío, que era cura, y tuvo un maestro que dedicaba un día a la semana a la literatura gallega, algo "singular" teniendo en cuenta que estaban "en tiempo de guerra", señala Saleta Goi.

Posteriormente, en su época en Lugo, el profesor Lázaro Montero, un hombre "muy informado sobre literatura", le dio a leer toda la generación del 27, e incluso le propuso dar una conferencia sobre esta temática en el Círculo de las Artes lucense, donde contactó con la 'tertulia do Méndez', junto con figuras como Luis Pimentel, Celestino Fernández de la Vega, Ramón Piñeiro, o Ánxel Fole y Cunqueiro, entre otros.

Todo ello, la influencia de As Irmandades da Fala, junto a esa formación clásica que recibió en los seminarios, le llevó a configurar una visión artística propia, además de sus viajes por Galicia y el mundo. "No hay nada que pase por uno que no deje poso", ha añadido Saleta Goi, quien asegura que "todo deja pegada en la vida".

EXISTENCIALISMO Y COMPROMISO

A pesar de todo, Saleta Goi se reconoce "desmitificadora" y enmarca esta trayectoria en la "normalidad" del desarrollo creativo de una persona, al menos tras convivir con él "cerca de 50 años", aunque ha destacado las "pegadas" que ha dejado en otros poetas.

Su obra, ha repasado, pasa de creaciones como 'Muiñeiro de Brétemas' hasta otras en las que "se ve disconforme con todo lo que está a su alrededor", con acento en los movimientos existencialistas, y 'Advento', en una época en la que estaba inmerso "en una crisis religiosa fuerte" tras la muerte de su hermano en un accidente, con un coche que se dio a la fuga.

Posteriormente llegó 'Terra Chá' en paralelo a 'Os Eidos' de Novoneyra, con quien pasaba las tardes leyendo a Noriega Varela, obras clave con un importante paisajismo que marca a su vez la "concienciación" del autor con la tierra y, sobre todo, con Galicia.

"Conocía Galicia de norte a sur. Iba a todos los centros que le llamaban", ha destacado Saleta Goi, quien señaló a sus viajes, su observación y su relación con los habitantes como origen de ese vínculo con la naturaleza. Tras muchos años de poesía social, como nacionalista, el poeta se dedicó a "buscar nuevos caminos" y pasó a una creación "más intimista", con un panteísmo cada vez mayor en el que reflejaba esa "preocupación por la muerte" y buscaba "enraizarse con la tierra".

Sobre todo, Saleta ha señalado que "no hoy ninguna contradicción" entre su vida y su obra ya que, parafraseando a Otero Pedrayo, "es muy difícil llegar a viejo con dignidad", y en el caso de Manuel María, que era "muy buena persona", se dio "esa condición".

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