Familias reconstituidas
Las familias reconstituidas o nuevas familias, cuando las nuevas pareejas traen hijos de las anteriores. GTRES

"Sandra es la pareja de mi padre, pero es algo más. Es que no hay categoría para referirse a ello. Es parte de mi vida y obviamente después de este tiempo la quiero. Y no es que sea una amiga, que hay un respeto diferente, es que es una persona en la que puedo confiar y me apoya como la que más". Andrea, de 20 años, se enfrenta por primera vez al reto de definir qué es para ella la pareja de su padre, con la que convive desde hace casi dos años, y que aportó al hogar a su vez otros dos hijos de un matrimonio anterior a los que Andrea considera sus "hermanos".

Los sociólogos llaman a familias como la de esta joven gallega "reconstituidas" y dicen que son "un fenómeno emergente, aunque no nuevo". Lo que ocurre es que antes estaban ligadas a la alta viudedad y ahora lo están al aumento del divorcio. 

Antaño eran los viudos sobre todo los que rehacían su vida con una nueva pareja aportando los hijos de la anterior, pero a semejanza de la familia tradicional nuclear. Sin embargo ahora, en la era postdivorcio, lo interesante es que las familias reconstituidas están protagonizando una "ruptura de las reglas de funcionamiento", según explica Alicia Garrido, psicóloga social, en una investigación que realizó para la Unión de Asociaciones Familiares (Unaf).

Marc Ajenjo y Nuria García, del Centro de estudios demográficos de la Universidad de Barcelona, están investigando a este tipo de familias. Han echado números, escrutando los últimos censos del INE, y han descubierto que en diez años (2001-2011) los núcleos reconstituidos con hijos menores de 18 años han aumentado en España más de tres puntos porcentuales y representan el 7,4% del total de las parejas.

No es el modelo más extendido, pero sí uno de los que se augura crecimiento. En países de alrededor el porcentaje es del 15%.

Desde la monoparentalidad

La versión más habitual de familia reconstituida en España es la conformada por una mujer que aporta en exclusiva los hijos al nuevo hogar —el 71%—, mientras que en el 25,6% de los hogares reconstituidos es el hombre en exclusiva el que los trae. Las familias idénticas a la de Andrea, en las que los dos miembros de la pareja han aportado hijos propios, representan la fórmula más insólita de las "reconstituidas" y suponen solo el 3,4%.

Cada vez más, los hijos comparten temporalmente dos hogares reconstituidos a su vez, en una fórmula que llaman "familia constelación" Los sociólogos denuncian la invisibilidad estadística de estas nuevas familias, que redunda en su escaso reconocimiento. Cada vez más, dicen, los hijos comparten temporalmente dos hogares reconstituidos a su vez, en una fórmula que llaman "familia constelación" y que resulta indetectable en el censo dada la imposibilidad de inscribir a un menor en dos hogares.

Los sociólogos consideran que la mayor "ocupación de las mujeres" es lo que más está contribuyendo a su transición "desde la monoparentalidad hacia la reconstitución" tras el divorcio. También dicen que "la pérdida de peso de las instituciones como la iglesia, la familia o el vecindario" contribuye a una mayor "tolerancia" hacia las familias diversas en España.

En su investigaciones, estos autores destacan que el 50% de las parejas de hogares reconstituidos decide no tener hijos en común. Particularmente si sus hijos son mayores o tienen muchos por separado.

En cuanto a las reglas de funcionamiento familiar, los expertos constatan a través de las encuestas de uso del tiempo que las nuevas relaciones de pareja reconstituidas son "más igualitarias" que las de las familias tradicionales y que están creando un nuevo modelo de relaciones. "Porque ahora, la extinción de la pareja no implica la ruptura de vínculo de la parentalidad", puntualiza Ajenjo. Los hijos pueden no vivir con un progenitor, pero éste o ésta existen y ejercen.

Unas relaciones diferentes

Hace cinco años que Sandra, de 43 años, conoció a Augusto, de 47, que es el padre de Andrea. Los dos estaban divorciados y tras varios meses de visitas de fin de semana, a finales de 2012 decidieron vivir juntos. Sandra aportó al nuevo hogar dos hijos. Su pareja, Augusto, desde hace casi dos años, una hija. Se convirtieron de golpe en familia numerosa, gracias a que la ley desde 2003, vanguardista en este sentido, otorga el título de familia numerosa también en el caso de que todos los hijos no sean comunes.

"Tenemos una relación estupenda", destaca Sandra, que cuando se le pregunta por las particularidades de su nueva familia reflexiona y explica: "A veces cuesta encontrar el papel en el que me encuentro yo con relación a su hija (Andrea). Soy la pareja de su padre, pero ella tiene una madre y son sus padres los que toman las decisiones importantes de su vida".

El principal conflicto que afrontan estas nuevas familias deriva de intentar emular a la tradicional Ante el auge de estos modelos familiares, la Unión de Asociaciones Familiares, la Unaf, abrió en 2015 una asesoría específica. Gregorio Gullón lleva la oficina y actualmente trabaja con unas 15 o 20 familias, asesorándolas en dos problemáticas principales: "el género, con la relación de las nuevas parejas, y el papel que se espera del padrastro y la madrastra". Por su experiencia, el principal conflicto que afrontan las nuevas familias deriva de intentar emular a la tradicional. "Eso les puede conducir al fracaso. Siempre recomendamos al principio al menos que las nuevas parejas ocupen un papel muy secundario, que se encarguen de las actividades lúdicas, que no entren en materias de autoridad", expone Gullón.

Sandra cree que cuando se constituye una familia con hijos de otros matrimonios anteriores es necesario que haya "mucho diálogo de pareja" para que esta no pierda fuerza ante los hijos. Que las diferencias no deriven en malos entendidos. "A veces discuten mis hijos y la suya, te preocupas sobre cómo afrontarlo, pero entonces a los cinco minutos, los chicos ya se están compartiendo risas y confidencias". También ve importante respetar las decisiones relevantes tomadas con anterioridad a la relación, como el colegio de los hijos o las costumbres como los campamentos. "No necesariamente porque unos vayan, los otros también".

Su pareja, Augusto, también cree que toda nueva convivencia implica ajustes. En el caso de las familias reconstituidas "cuesta, sobre todo por los temores que traes a cómo vas a ser recibido, si te van a aceptar y si aceptarán a mi hija. No sabes cómo va a ir la cosa. Pero al final los niños siempre van un paso por delante y la cosa va... Pasito a pasito".