Santiago Satrústegui
Santiago Satrústegui en un momento de la entrevista realizada en su despacho de Madrid.c JORGE PARÍS

La crisis puso en evidencia que algunos inversores recibieron recomendaciones que no fueron las adecuadas. Europa prepara normas para un mercado más transparente en el que participen profesionales con todas las garantías.

Santiago Satrústegui reivindica el papel del asesor financiero con certificación en un momento de muchos y profundos cambios como los que se están produciendo.

¿Cómo valora el asesoramiento financiero en España?
Tiene mucho más protagonismo que hace unos años. Es un momento muy importante, porque gran parte de la población de España, y de otras partes del mundo, comienza a preocuparse por la rentabilidad de su patrimonio y de sus inversiones por varias razones: la longevidad, que nos indica que vamos a estar muchos años viviendo de nuestra pensión y de nuestros ahorros; las pensiones en sí mismas, que no van a poder mantener el nivel como hasta ahora, y la evolución de los mercados en los últimos 10 años, con unos tipos de interés muy bajos que han dejado los depósitos sin atractivo.

Invertir sólo cuando las cosas van bien no refleja un buen asesoramiento¿Cómo define al profesional?
Tiene un perfil muy específico, que en los últimos 15 años hemos intentado promover desde EFPA por la vía de la cualificación a través de un examen  para la obtención de una certificación, que tiene que revalidar a los dos años, acreditar que ha seguido una formación continua, porque el mercado es muy cambiante y hay productos nuevos, y firmar un código ético para garantizar  que anteponemos los intereses del cliente a los nuestros. La de asesor financiero es una profesión equivalente a la de un abogado, un médico, o un arquitecto, que tienen una responsabilidad respecto a lo que hacen.

¿Se ha recuperado la confianza de los inversores?
Estamos en unos niveles aún bastante bajos; después del shock tan grande que ha habido cuesta que la confianza regrese. Pero creo que se ha perdido una cierta ingenuidad, una especie de inocencia respecto al futuro; los inversores, en general, son muy conscientes de que hay muchos riesgos. La crisis nos ha llevado a enfrentarnos a los mercados de una forma más consciente del riesgo. Es una desconfianza positiva, de entender las cosas.

¿Es momento de invertir?
Hay que tener la mentalidad de que siempre hay que invertir. La idea de hacerlo cuando las cosas van bien no refleja un buen asesoramiento. De hecho, el mejor momento es cuando la situación no es la mejor, que es cuando los precios están más bajos; de la otra forma estás comprando más caro.

¿Qué certifica EFPA?
Que el profesional que se dedica al asesoramiento financiero ha pasado un examen y ha firmado un código ético. EFPA garantiza que ha superado unas pruebas, muy exigentes, que tiene conocimientos sobre los activos financieros; sabe cómo funciona la renta fija, la renta variable, los productos derivados, cómo se valoran los bonos, las acciones, cómo funcionan los productos de seguros... y todo esto, con la fiscalidad que le corresponde y el riesgo que supone para adecuarlo al perfil del cliente.

¿Hay diferencias con otro tipo de certificaciones?
Sí. Nosotros tenemos una larga trayectoria y creo que no hay ninguna asociación o certificación con esa consistencia en el tiempo. Además, las pruebas que nosotros hacemos las realiza un ente diferente al de formación, y eso es muy importante. Nos avala también el éxito de la asociación con un sistema de autorregulación donde hay más de 12.000 personas asociadas; es decir, que han  hecho este examen.

Los ‘millennials’ investigan más, pero necesitan entender la información¿La mayoría de los asesores financieros con certificación proceden del área bancaria?
El asesor financiero es transversal. Puede trabajar en un banco, en una gestora, sociedad o agencia de valores, compañía de seguros... Puede hacer muy bien su trabajo desde cualquier posición.

¿Qué coste tiene para un profesional obtener una certificación de EFPA?
Para los derechos de examen hay que pagar, en el caso de la certificación EFA, que es la más completa, 225 euros, y para el nivel II o certificado DAF, 150 euros. A estas cantidades hay que añadir el IVA. Luego, el precio de los cursos que ofrecen diferentes centros formativos  lo fija cada universidad, escuela o entidad. Además, los asociados tienen una cuota anual de 85 euros, de la que están exenta los desempleados.

¿Cómo puede un cliente saber que quién le está asesorando en sus finanzas tiene todas las garantías para hacerlo?
Se lo puede solicitar directamente, que yo recomiendo que se haga. Incluso hay muchos profesionales que lo llevan impreso en su tarjeta. En nuestra web también se puede entrar y chequear que un asesor financiero está dado de alta.

¿Qué cambios más relevantes supondrá la entrada de la Directiva MiFID II en 2018?
Hay muchos cambios. Se trata de profundizar más, de que el cliente sea consciente de los riesgos,  y que entienda que el producto encaja con sus necesidades. Aún hay que definir muchas cosas. También se está contemplando la certificación, y, de hecho, en los últimos meses se ha tratado de explicar a cada país cómo tiene que incorporarla  en la transposición de la Directiva. De alguna manera, se pide que sea obligatorio. Por supuesto, ofrecemos EFPA como una de las opciones posibles, y estamos dispuestos a ayudar a la Administración en el proceso.

¿Este tipo de servicio tendrá un coste para el cliente?
Lo que la norma va a distinguir es el servicio de asesoramiento  independiente, que cobrará sólo del cliente, y otro más ligado a la venta del producto; es decir, cuando compras un producto financiero, en teoría parte del margen que tenga la entidad está pagando también la distribución. MiFID quiere regular esos incentivos.

La crisis ha llevado al mercado a una desconfianza que es positiva¿La sociedad está preparada?
Ya veremos. En principio, hay poca mentalidad porque aparentemente es algo que siempre hemos recibido gratis.

Entiendo que ética y profesionalidad deben ir de la mano ¿Pero qué debe pesar más?
Creo que está relacionado. En el momento en el que consideras el asesoramiento financiero como una profesión que te va a acompañar a lo largo de tu vida, estás incluyendo una idea de plazo, y eso te hace ser mucho más responsable; la ética es la mejor estrategia.

¿Están funcionado los programas de formación financiera?
Sí, hay muchísimo interés. En parte, porque en el momento actual hay más incertidumbre, la gente es consciente de que va a vivir más tiempo, tiene más dudas, sobre la prestación pública... todo esto hace que se incremente el interés. Además, son temas muy complejos.

¿Está haciendo algo EFPA?
Tenemos un proyecto que está teniendo mucho éxito. En la primera edición han participado más de 500 personas en los talleres celebrados en 13 ciudades españolas. Cada uno se imparte a lo largo de tres sesiones formativas a grupos de entre 25 y 30 personas de distintas empresas, colegios profesionales y asociaciones. En total han participado 27 colectivos profesionales.

¿Cómo será el asesoramiento para los millennials?
Es una generación que va a ir menos al banco y  la tecnología será la base de su relación con el mundo, ya no sólo con el ordenador, sino con los dispositivos móviles. Están más acostumbrados a buscar información por su cuenta. Luego, lógicamente, tendrá que aprender a invertir. El hecho de que tengan acceso a esa información no implica que la entienda;  lo podrán hacer con un robot  [asesoramiento financiero automático] o buscarán a alguien que se lo explique.

Hay que buscar un compendio entre los sentimientos de los inversores¿Esta profesión es compatible con robots y la banca online?
El asesor financiero va a seguir teniendo un papel importante. Es positivo que haya opciones. Pero la gestión de las emociones, que es una de las partes importantes del asesoramiento financiero, está con esa persona que tienes al frente y que será capaz de entenderlas y gestionarlas ,y en base a eso te ayudará a tomar decisiones.

¿Qué es más difícil, asesorar cuando la Bolsa sube o cuando baja?
En los dos momentos. El ser humano tiene grandes ventajas evolutivas, pero ninguna de ellas está enfocada en invertir o en pensar en el futuro, y pasar por estos procesos de crisis o de alegrías. Los mecanismos que tenemos para manejar las emociones no son los mejores para enfrentarnos al mercado. El inversor se mueve en dos sentimientos opuestos: el miedo y las ganas de ganar dinero.  Realmente de lo que se  trata es de hacer un buen compendio de las dos situaciones. Cuando un inversor invierte en un plazo razonable de tiempo se va a enfrentar a los dos momentos.

¿Y en cuanto a perfiles?
Una persona no es siempre la misma, ni siquiera de un día para otro. El perfil evoluciona; las circunstancias que le rodean le afectarán. De lo que se trata es ayudar a que en cada momento sea el más adecuado.

¿Se puede hacer algo más para mejorar el asesoramiento financiero?
Sí, y de hecho no se para de hacer cosas. La Comisión Nacional del Mercado de Valores lleva tiempo muy preocupada por este tema. EFPA ha sido elegida para formar parte del comité consultivo del regulador y es una magnifica noticia para todos, porque creo que es importante que se tengan en cuenta todos los avances que se están produciendo, y que el asesor como profesional pueda dar su opinión. Es un reconocimiento muy importante, y nuestro compromiso es tratar de representar a nuestro gremio cuando nos toque.