Lo primero que acontece cuando un periodista va a un rodaje de cine para adultos para contar cómo se hace es que a su alrededor se suceden los chascarrillos y la expectación. Lo segundo es entrar por la puerta del set de rodaje y que un joven con el cuerpo atado con cuerdas y completamente desnudo te diga "hola" con la naturalidad con que lo haría en la cola del pan.

Estamos en Barcelona. Son apenas las ocho y media de la mañana. Nuestro destino está en el barrio del Poblenou, una antigua zona industrial de la ciudad condal en plena recuperación y llena de espacios interesantes, como el loft al que llegamos, un espacio blanco y lleno de luz, que será por unas horas un plató de cine. De cine para adultos.  

Estamos en un rodaje de Erika Lust, una directora de cine sueca afincada en Barcelona que se dio cuenta de que en el porno había un gran vacío y una monotonía que reducía este género a la "mera técnica sexual" y con unos estereotipos y contenidos que dejaban a la mujer mal parada. "Esto no es de ninguna manera como se rueda pornografía hoy en día. Es cine independiente adulto".

Ha alquilado el loft para el corto que grabará hoy. Son cerca de las diez de la mañana y está todo listo. El espacio diáfano y liberador del loft está lleno de focos, reflectores, cables, pantallas y gente atareada. El piso de arriba se ha convertido en la zona de maquillaje y peluquería y allí conocemos a los performers que actuarán hoy, Parker Marx (británico) y Zoé Davis (Países Bajos). Parker es el primero que nos recibió, con las cuerdas, acostumbrado suponemos, a que desconocidos le vean desnudo. 

Erika Lust es una rareza. Hace un tipo de cine para adultos que se ha definido como feminista, o ético. La mujer no es un objeto. No es rubia y delgada y muy alta, ni tiene unos pechos enormes. Tampoco es un sujeto pasivo ni los planos se centran en ella. La principal diferencia con el porno convencional es que aquí se ruedan historias. Hay unos personajes con una trama que les lleva a tener sexo y ese sexo ocurre en función a esos personajes.

Como en cualquier proyecto de cine convencional, solo que aquí la cámara sigue grabando cuando se pasa la barrera de lo erótico y se entra en el terreno de lo explícito. El actual proyecto de Erika Lust es Xconfessions. Es un proyecto colaborativo: los usuarios mandan sus confesiones sexuales y la directora las toma como base para un corto, de entre 8 y 15 minutos. Los textos llegan de todo el mundo, entre cinco y ocho al día y en ellos la realidad supera la ficción.

¿Qué tal? ¿Cómo fue? ¿Os pusisteis cachondos?  El rodaje de hoy (basado en una confesión llegada desde España) cuenta la historia de una mujer dominante que ata a su chico, que le hace sufrir privándole de la comida que ella misma prepara, hasta que el morbo, las ganas y la lujuria desatan el sexo.

En esta jornada, se grabarán primero las escenas de sexo. Erika les da las indicaciones a los actores, imita los movimientos que deberán hacer ellos luego y sí, también hay alguna risa aislada. Y comienza la escena. Los actores se quitan los albornoces y comienzan a practicar sexo. Cunilingus, felación, penetración...

¿Qué tal? ¿Cómo fue? ¿Os pusisteis cachondos? Si se han hecho estas preguntas, no son diferentes al entorno personal del cámara y el redactor que hicieron este reportaje. Ya nos lo han preguntado. No. No resulta excitante. Es un rodaje, hay que estar en silencio, la presión de que haya gente trabajando flota en el ambiente. Tienes miedo de hacer ruido y que haya que repetir una escena que ni siquiera la directora suele interrumpir.

Las escenas más interpretativas se ruedan con las indicaciones y cortes de la directora. En las escenas de sexo no se interrumpe. La directora les da las indicaciones antes y así el sexo tiene la naturalidad con la que los actores quieran realizarla, apenas guiados en momentos puntuales. El equipo de rodaje, cámara, ayudante de cámara y sonidista, tres mujeres, se mueve en torno a la escena, grabándolo todo, con atención especial al sexo que no se ve en el porno convencional, el que se hace con las miradas, los gestos, los besos...

En el set trabajan unas quince personas, la mayoría de ellas mujeres, lo que es un "cambio significativo, no sólo en el mundo del porno, sino en el cine convencional", como hace ver Erika. Es así porque los profesionales varones tienen a considerar que la mujer es lo más importante en una escena, junto con los genitales , aunque sea de forma subconsciente, y las mujeres se centran en la pareja, en las sensaciones, en los gestos. Pero sí, se ve todo.

El rodaje es exactamente igual que cualquier otro Este rodaje se cuida: hay un guión, hay personajes, intepretación, localización, atrezo, peluquería, maquillaje, vestuario... En el porno tradicional se ruedan escenas como en una fábrica. Usualmente hay un par de actores, alguien que graba y poco más. Esto es artesanía. Se invierten 12 horas de rodaje para unos pocos minutos de corto y el morbo siempre precede al sexo. Después, hay proceso de montaje, de sonido y de tratamiento de color e imagen.

Erika se reúne con los actores (a los que da a elegir a quién quieren como pareja de trabajo) previamente y repasan el guión. Cada uno de ellos cobrará unos 500 euros por jornada, con los gastos del viaje y manutención pagados. En eso Zoé tiene suerte, porque en el porno convencional las actrices cobran menos que los actores. Aquí todos cobran lo mismo.

Aunque es un porno feminista no es un porno sólo para mujeres. De hecho, de los más de 130.000 usuarios activos de xconfessions.com un 60% son hombres. La web de tiene además unos 12.000 usuarios de pago. Para su empresa la piratería y el porno gratis en internet no es un problema. "Hubo un tiempo en que lo estuvimos persiguiendo", cuenta Pablo Dobner, productor ejecutivo de Lust Films y pareja de Erika Lust, con la que tiene dos hijas. "Pero durante el tiempo en que evitábamos que nuestros contenidos se vieran fuera de la web bajó ligeramente el consumo legal", explica.

Después de las escenas de sexo, que duran una hora aproximadamente, hay que grabar el resto de la historia. En esta parte, el rodaje es exactamente igual que cualquier otro. Planos, contraplanos, recursos... los guiones de un corto como éste suelen tener unas cuatro páginas y contienen todo lo necesario para poder plasmar la historia.

Pausa para comer. Hablamos con Erika Lust sobre su trabajo y resulta ser una apasionada de lo que hace. Una idealista que cree que su trabajo va más allá: normaliza el sexo, el deseo, las diferentes formas de entender el morbo y la satisfacción personal. Se trata de aceptación, de verse reflejados en las pasiones de los demás, que son las nuestras, por raras que sean.