Los dramas hogareños de los años setenta según Meryl Meisler

  • Con una mirada dulce pero atrevida, la fotógrafa del Bronx, lleva treinta años mostrando la extraña combinación de locura y soledad de Nueva York.
  • Ha editado un par de crónicas sobre la segunda mitad de los años setenta, la época más efervescente y también la más salvaje, de la historia de la ciudad.
  • Sin juzgar y con un estilo suave, Meisler opina que 'siempre es preferible el purgatorio' para vivir, porque tanto el cielo como el infierno exigen demasiado.
La prima Jennifer sorprendida en su 'trono' por Meryl Meiser
La prima Jennifer sorprendida en su 'trono' por Meryl Meiser
© Meryl Meiser - Courtesy Steven Kasher Gallery

Los hogares son con frecuencia cielos e infiernos. Ambas condiciones a la vez se muestran con mirada suave y fresco humor en las fotos de Meryl Meisler tomadas durante los frenéticos años setenta en la ciudad de Nueva York y los extensos suburbios residenciales donde residió.

La fotógrafa, nacida en 1951 en el Bronx y heredera de la tradición documental de las fotos parisinas de Brassaï o los fotodiarios del eterno amateur Jacques Henri Lartique, expone en la galería Steven Kasher una antología de las instantáneas que tomó cuando, siendo una veinteañera, quedó fascinada por la retrospectiva en el MoMA de Diane Arbus, una de las grandes cronistas de la extrañeza que subyace con frecuencia bajo la realidad, sea callejera o doméstica.

Alocadas visiones

La muestra, desde el 25 de febrero al 9 de abril, presenta alocadas y bastante inocentes visiones —adolescentes posando como reinas de belleza o bailarinas, participantes en las arrebatadas sesiones de la naciente música disco, un niña sorprendida con gesto de terror en el sanitario, una joven practicante de halterofilia sentada en un sofá y con las pesas a sus pies...—. "Son dramas hogareños", dice Meisler con ironía al hablar de la colección.

Las imágenes más antiguas de la retrospectiva son autorretratos datados en 1973, cuando Meisler estaba a punto de entrar durante dos años como ayudante de la gran voyeurista social Lisette Model. Con ella aprendió que la superficie de las personas y los momentos puede ser la mejor puerta para mostrar con sinceridad el interior, tanto el alma de la gente como la esencia de sus ceremonias.

Ciudad que nunca quería dormir

Aprovechando los años más efervescentes —también los más salvajes y peligrosos— de la ciudad de Nueva York, cuando todo parecía estar naciendo al mismo tiempo —el punk, el disco, el hip-hop, el soul latino, la new wave y la no-wave, el minimalismo...— y los usos sociales cambiaban, Meisler se propuso dejar constancia de cómo y a qué velocidad se producía la transición de los modales hippies a los acelerados de una ciudad que nunca quería irse a dormir.

La fotógrafa es autora de dos vibrantes recopilaciones de fotografías documentales: Purgatory & Paradise SASSY '70s Suburbia & The City y A Tale of Two Cities: Disco Era Bushwick. En ambos contrapone su vida familiar en Long Island con las visitas a los clubes nocturnos más ardientes. En el camino, dice, aprendió a ser tolerante y no hacer juicios de valor sobre los demás.

Una de las máximas que le enseñó la religión judía de su familia es que "siempre es preferible el purgatorio", porque tanto el cielo como el infierno exigen demasiado. La forma de retratar de esta veterana viajera de las múltiples rutas neoyorquinas tiene que ver con la enseñanza: las imágenes nunca pretender ser pruebas de cargo, sino testimonios leves de alguien que estaba por allí.

El Club del Misterio

Algunas de las fotos que expone son de una serie anterior a su dedicación a la vida nocturna. Están protagonizadas por un grupo de once parejas que se hacían llamar El Club del Misterio y organizaban, por el simple placer de salir de la normalidad, excursiones a casas encantadas, consultas de hipnotizadores, campos nudistas...

Los modelos de Meisler posan "con el orgullo y la alegría de las personas para quienes los suburbios significaban viviendas asequibles y la oportunidad de escapar de las calles urbanas que se habían vuelto cada vez más mediocres", explica la fotógrafa.

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