La actividad es frenética alrededor de la fosa número 2 del patio 4 del antiguo cementerio civil de Guadalajara. Allí, un equipo de arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) buscan desde el día 19 los restos de Timoteo Mendieta, fusilado en 1939 por «sindicalista» [era el secretario general de la UGT de Sacedón, su pueblo], tal y como publicó 20minutos el 10 de diciembre.

Este diario ha asistido a pie de fosa a los trabajos de exhumación junto al nieto de Timoteo, Francisco Vargas:  «Mi madre [Ascensión Mendieta] no ha podido venir. El psicólogo nos lo ha recomendado así», se disculpa.

Demasiadas emociones juntas para la anciana de 90 años que es el auténtica artífice de esta exhumación. Para recuperar a su padre llegó a llamar a la puerta de la jueza argentina María Romilda Servini de Cubría, que finalmente ha logrado cumplir el sueño de esta mujer que vio por última vez a su padre hace casi 77 años, cuando se lo llevaron de su casa de Sacedón.

«Las familias tienen derecho a enterrar a sus muertos donde quieran, no donde decidieron sus asesinos», explica Marco González, vicepresidente de la ARMH, para quien «en España lo que hay es una falta de cultura de derechos humanos». Solo así se explica la apatía por restituir la memoria de los 114.000 desaparecidos por el franquismo y su represión.

Una fosa de cuatro metros

Timoteo Mendieta es solo uno de los miles de represaliados, pero su fosa revela mucho de aquella siniestra etapa de la historia reciente de España. De entrada, los arqueólogos no entienden por qué una fosa tan grande. «Estamos trabajando a 2,80 metros de profundidad, sobre el cuerpo número 13. Si se cumple lo que señala el registro, hay 22 cuerpos, por lo que pasaremos de los 4 metros», cuenta René Pacheco, director de la exhumación.

«Una fosa de estas dimensiones solo se explica desde la premeditación total de lo que iba a ocurrir en este lugar». En la misma zona hay otros 350 ejecutados. Y en el mismo camposanto una fosa común que alberga los restos de otros 800.

Pero lo que cuesta entender es por qué el régimen dejó registrados los asesinatos. Hay cuatro libros en el archivo municipal que recogen pormenorizadamente los datos de todos los fusilados. «Estaba dentro de su legalidad, por eso está documentada toda la represión», aclara Pacheco. A lo que añade un dato clarificador: «los sepultureros cobraban por cada cuerpo que enterraban, por eso lo dejaban anotado», añade.

Una fosa tan grande solo se explica desde la premeditación de lo que iba a ocurrir aquí

A pesar del registro, el equipo tenía dudas sobre si la abierta sería realmente la fosa de Timoteo. «Lo confirmamos cuando aparecieron los restos de una mujer. Según el libro, el penúltimo cadáver que entró en la fosa tenía que ser el de Martina García Alcalde, de 30 años y natural de Budia». Y así fue, al poco de empezar a excavar, dieron con el esqueleto de una mujer joven. Así supieron que iban por buen camino.

Si se cumple la previsión, «Timoteo saldrá el sábado [por mañana]», prevé Pacheco. Su cuerpo es, según el listado, de los primeros que entraron en la fosa. Lo cierto es que cuatro meses separan su muerte y la de sus 21 compañeros de infortunio, según los registros.

El padre de Ascensión fue fusilado con otras 10 personas el 16 de noviembre de 1939. El 25 de ese mismo mes se sumaron a la fosa dos cadáveres más. Luego, una capa de tierra confirma el parón de tres meses. El 24 de febrero del 40 entraron 7 cuerpos más y un día después, el 25, lo hizo el de Martina. El 9 de marzo cayó el de Julio Berges y sus verdugos dieron por completada la fosa.

Ascensión estará mañana en el cementerio para vislumbrar los restos de Timoteo. Pero no será hasta que las muestras de ADN de ambos lleguen a Argentina por valija diplomática cuando confirme por fin si ha recuperado a su padre.

"Solo quiero saber por qué"

Montserrat Pisuerga Letón es nieta de otro represaliado. Su abuelo Ponciano, el tabernero de Sacecorbo, fue fusilado y enterrado en el mismo cementerio de Guadalajara.

«No quiero nada, solo saber por qué lo juzgaron. Lo detuvieron junto a mi abuela, solo decían que eran unos rojos, por rojos», cuenta esta mujer que es una de las 40 familias que se han animado a reivindicar la memoria de sus familiares tras conocer el caso de Timoteo.

Montserrat sabe que ella no podrá recuperar nada de Ponciano. Sus restos fueron trasladados a un osario junto al de otras 600 personas, por lo que no es viable plantear una prueba de ADN.

Solo aspira a reivindicar la memoria de Ponciano y a que se haga justicia. Aunque sea por su abuela, que corrió mejor suerte y fue liberada. Se quedó viuda con cinco hijos.