Eddie Vedder, Kurt Cobain y Chris Cornell
Eddie Vedder, Michael Pitt encarnando a Kurt Cobain y Chris Cornell. 20minutos.es

La década de los noventa arrancó con un panorama musical marcado por la incertidumbre. Una buena parte de las bandas que habían apabullado a sus fans con decenas y decenas de obras capitales y desviado el curso del rock en los setenta ya eran un simple recuerdo o una versión descafeinada o caricaturesca de lo que fueron. Además, los teclados, las sobreproducciones, el colorido y la banalidad tan inherentes a los ochenta habían deslucido, o directamente prostituido, el legado de muchos artistas cuyas discografías parecían a salvo de cualquier moda.

Sólo el hard rock angelino de finales de esa década, capitaneado por Guns N’ Roses, o eminencias del country-rock (Steve Earle) o del rockabilly más melancólico (Chris Isaak) parecían escapar del tedio generalizado.

Fue entonces, en 1991, cuando un single llamado Smells Like Teen Spirit encendió la mecha. Y cuando una banda que rezumaba visceralidad e irreverencia punk y combinaba con maestría la acidez guitarrera de los Pixies y las cristalinas melodías de The Beatles avivó la llama. Y cuando una escena musical localizada en Seattle y que llevaba varios años de imparable efervescencia fue iluminada por los focos de medio mundo.

Cuando, en definitiva, la música que popularizó Elvis se disponía a estrenar uno de sus más prolíficos, emocionantes y exuberantes episodios: el grunge.

Reivindicación de Gus Van Sant

Gus Van Sant, con The Last Days, estrenada este año, ha decidido reivindicar la figura más mediática de ese movimiento. En concreto, y como su nombre indica, los últimos suspiros de la vida de Kurt Cobain, líder absoluto de Nirvana, que decidió despedirse de este mundo en 1994, con la ayuda inestimable de una escopeta.

Llegados a la actualidad, únicamente Pearl Jam, Alice In Chains y, a un nivel más minoritario, Mudhoney permanecen en activo
El grunge, etiqueta por otra parte más mercantilista que fiel a la realidad, languideció a partir de ese momento, hasta que, llegados a la actualidad, únicamente Pearl Jam, Alice In Chains y, a un nivel más minoritario, Mudhoney, permanecen en activo. Otros como Soundgarden, Mother Love Bone, Mad Season, The Temple Of The Dog, Screaming Trees o, naturalmente, Nirvana han seguido el camino de Cobain y ya son historia. Pero el arte de muchísimos de estos brillantísimos músicos siguen, en mayor o menor medida, esparciéndose por el mundo. Pasemos a continuación a diseccionar las cenizas del grunge y a analizar, en pleno 2007, qué fue de esos compañeros de angustias, desamores y frustraciones de camisas de cuadros, chaquetas, pantalones raídos y sobredosis de talento y sensibilidad.

¿Qué fue de...?

Soundgarden: La banda más veterana, y probablemente la más arrebatadora, del rock de Seattle de los noventa se despidió de sus fans en 1997, un año después de su notable álbum Down On The Upside, que cerraba una apabullante trilogía junto a Badmotorfinger y Superunknown. Diez años después, sus integrantes han corrido una suerte dispar. Su guitarrista, Kim Thayil, se ha retirado de la circulación y al parecer disfruta únicamente viendo bandas. Ben Shepherd, el bajista, ha colaborado en algún disco en solitario de Mark Lanegan, el cantante de los imprescindibles Screaming Trees, pero lleva varios años en paradero desconocido. Matt Cameron, batería, se enroló a comienzos de esta década en Pearl Jam y sigue brindándonos poderosísimas actuaciones. Y por último, Chris Cornell, quizá el cantante más dotado y demoledor de los últimos veinte años, formó Audioslave con varios componentes de Rage Against The Machine y, tras un soberbio álbum inicial, bajó escandalosamente el nivel en los dos posteriores. Y en solitario, tras publicar un recomendable debut, ha decidido abrazar la comercialidad y el aburguesamiento más descarados en su última obra, publicada este año, y llamada Carry On.

Alice In Chains: La formación más personal y entrañable de este movimiento tiene divididos a sus seguidores. En un bando se sitúan los que aplauden la reactivación de la banda, consumada el año pasado, tras el suicidio de Layne Staley, consumado hace cinco. Y en el otro, los que prefieren que su sobresaliente discografía de esta banda, de riffs abrasivos, atmósferas claustrofóbicas y lamentos a corazón abierto permanezca intocable tras la muerte de Staley, indiscutible alma de la banda. Por el momento, el cantante de Comes With The Fall, que obviamente se queda a varios años luz de Staley, únicamente ha empuñado el micro en conciertos, y por el momento no se prevé la publicación de un nuevo disco. Así como tampoco de Jerry Cantrell, guitarrista y cerebro de AIC y que ha publicado dos correctos álbumes en solitario hasta la fecha.


Pearl Jam: Junto a Nirvana, la banda de más repercusión popular de todo el movimiento. Y la que mejor ha sabido trascender a su época y convertirse en un clásico del rock en toda regla, a la altura de cualquier formación mítica. Con Matt Cameron, ex Soundgarden, aporreando las baquetas y con la columna vertebral intacta desde sus inicios (Eddie Vedder, Jeff Ament, Mike Mc Cready y Stone Gossard), la banda que dejó sin habla al mundo con su excelso Ten sigue, 16 años después, en plena forma, grabando discos más que competentes y ofreciendo arrolladoras actuaciones, como la del año pasado en el Azkena o la de hace poco en el Festimad.


Nirvana: Tras el éxito de Nevermind, el inspiradísimo desgarro de In Utero (su canto del cisne discográfico), su magnífico y sobreexplotadísimo unplugged y el disparo en la cabeza que todos conocemos, el universo post Nirvana nos dejó cosas interesantes. Y no precisamente de su bajista, Krist Novoselic, que no terminó de cuajar fuera de la banda, si no de Dave Grohl, el batería, un tipo con bastante más talento del que se le atribuye. Una prueba de ello fue la formación que

Dave Grohl, batería de Nirvana, creó Foo Fighters y tapó la boca de los más escépticos con una serie de disco dignísimos, especialmente los dos primeros.
creó un año después de la muerte de Kurt, Foo Fighters, y que tapó la boca de los más escépticos con una serie de discos dignísimos, especialmente los dos primeros, y en el que asumió las tareas de vocalista e instrumentista con bastante solvencia. Su intervención en Songs For The Dead, de Queens Of The Stone Age, con una incendiaria labor a la batería, tampoco tuvo desperdicio.


Screaming Trees: Mark Lanegan, cantante y líder de esta infravaloradísima banda de rock de aroma setentero y ramalazos psicodélicos, se ha ganado a pulso el honor de ser una figura de culto. Porque jamás gozó de la resonancia de un Cornell, un Vedder o un Cobain, y porque sigue brindando extraordinaria música con mucha regularidad. Ya no al frente de Screaming Trees, disueltos a finales de los noventa tras su obra maestra, Dust, sino en solitario, cuando sus cuatro primeros discos son cautivadores, y en diversos proyectos, entre los que destaca el último, como colaborador del último disco de los electrónicos Soulsavers.


Mudhoney: Sin el apabullante nivel de las bandas mencionadas anteriormente, estos singulares individuos comparten el mérito con Pearl Jam y Alice In Chains (estos con matices) de ser los únicos supervivientes al grunge. Su música, austera y cruda, sigue prolongándose en esta década, y de hecho su presente gira pasará por España este año.


Temple Of The Dog y Mad Season: Dos superbandas de varios componentes de las bandas principales de este artículo, con Cornell y Staley, respectivamente, como cantantes principales. El primero, con un disco homónimo, podría tener continuación, ya que el resto de los miembros militan en Pearl Jam, pero no hay visos de que eso suceda. Y el segundo, sin Staley, directamente carecería de sentido.

Mother Love Bone: La primera banda importante de Jeff Ament y Stone Gossard, futuros Pearl Jam, contaba con un frontman tremendamente carismático, Andrew Wood, que en 1990 murió de sobredosis. Su efímera trayectoria, reducidas a un LP (Apple) y un EP (Shine), se caracterizó por derrochar un espíritu algo más vitalista y luminoso que sus compañeros de generación.