Con la llegada del verano aumenta el número de clientes en las terrazas y cafeterías. Los hosteleros buscan personal para cubrir esta demanda, pero pocos zaragozanos están dispuestos a renunciar a sus vacaciones sirviendo cafés y refrescos. El 40% de los empleados de restaurantes y hoteles son inmigrantes y la cifra aumenta cuando se trata de bares y cafeterías, donde prácticamente son ya el 50%.

Predominan los inmigrantes procedentes de países latinoamericanos, por la facilidad del idioma, y los de origen rumano. Así lo afirmaron los propios empresarios del sector a 20 minutos, quienes han comprobado cómo en los últimos años la mano de obra nacional prefiere calidad de vida a un nivel salarial alto.

«Es muy difícil conseguir que la gente de aquí acepte estos empleos porque son muy esclavos y se trabaja todos los festivos y fines de semana», explica Mariano Bergua, encargado de la Asociación de Empresarios de Hostelería Horeca. Y asegura que muchos españoles abandonan estos trabajos a las pocas semanas de comenzar, al comprobar su dureza.

Otros ni siquiera se plantean solicitarlos porque consideran que no es una profesión con «prestigio». Según sus datos, los sueldos en este sector oscilan entre los 800 y 1.000 euros, en caso de los auxiliares de camareros y pinches de cocina, y los 1.000 o 1.200 euros cuando se trata de cocineros o camareros. Sin embargo, los puestos se siguen rechazando.

«El inmigrante busca lo que le deja el nativo porque no tiene otra salida, mientras que, con frecuencia, el español dispone de un colchón económico familiar que le permite poder elegir», indica Jorge Bernués, gerente de la Asociación de Cafés y Bares.

En primera persona

Minerva Nzambi. Camarera, 24 años. «Los clientes a veces son duros»

Estudió en un colegio español en su país, Guinea Ecuatorial, y vino a España hace ocho años. Comenzó trabajar en la hostelería porque cree que los sueldos son más altos que en otros sectores. Minerva se siente a gusto detrás de la barra. Tiene un contrato indefinido y asegura que resultan más duras las malas palabras de algunos clientes que el propio trabajo.