Irene Villa: "Los niños de mi libro tienen una historia más dura que la mía, no tienen familia"

  • "Salir adelante pese a tener un pasado oscuro es algo que pido a la sociedad", dice la autora que acaba de publicar 'Como el sol para las flores'.
  • "Con lo de Zapata me decían: bienvenida a Podemos".
  • "Toda la vida han intentado posicionarme políticamente".
Irene Villa durante la entrevista con 20minutos.
Irene Villa durante la entrevista con 20minutos.
JORGE PARÍS

No han dejado de pararla por la calle y decirle una frase que ella misma nos cuenta casi emocionada pese a la cantidad de veces que la ha escuchado: "Es que eres un poquito nuestra". Irene Villa (Madrid, 1978), víctima de un atentado (17 de octubre de 1991) en el que perdió dos piernas y tres dedos de la mano izquierda, sigue estando en la memoria de muchos o al menos, como ella dice, de los más mayores.

De aquello, ella así lo cuenta, salió con el poder de no ser dañada tan fácilmente, y con ganas de transmitir energía positiva y ayudar a ser feliz. Fundamentalmente por eso ha escrito su segunda novela Como el sol para las flores (Espasa).

Esta novela empezó con una visita a un centro de acogida...

Sí, fui a la Fundación Nazaret a contar mi experiencia a los chicos para motivarles. Todos traían historias duras y la mía les impactó. Querían tocarme las piernas, saber cómo me bañaba en el mar. Lo que me sorprendió fue el valor y el amor de los educadores, los voluntarios que trabajan allí. Y pensé qué mejor que inspirar la novela en un lugar en el que los deseos se hacen realidad habiendo tenido pasados muy dramáticos. Salir adelante pese a tener un pasado oscuro que es lo que reclamo a la sociedad siempre.

¿Cambió algo en usted aquella visita?

Sí, la admiración a niños abandonados. Y volver a ver esa segunda oportunidad que todos tenemos. Con esta novela quería hacer también un homenaje a la gente que se desvive por la infancia más abandonada.

Cuando la escuchaban, ¿notaba que les acompañaba con su historia?

Siempre ayuda escuchar historias. A mí es lo que me ayudó. Cuando venía gente a verme era maravilloso, pero cuando venían amputados a verme era mucho más maravilloso. Y eso he hecho toda mi vida. En este caso era mucho más duro, no les faltaban miembros, les faltaba la familia. Y lo he querido relacionar con la problemática que tenemos ahora las mujeres que somos madres muy tarde y además he querido hacer un canto a la adopción.

¿Adoptaría?

No lo descartamos. En el libro reflejo mi rechazo a la burocracia y al sacacuartos que hay en procesos de adopción.

¿Le ha costado la maternidad por eso de la edad que antes decía?

Es que el segundo me ha costado un poquito. Tengo 37 años. Y quiero un tercero.

¿Qué es lo que más le importa transmitir a sus hijos?

Que sean felices y coherentes y que tengan unos valores básicos, aconfesionales y apolíticos. Que sean completamente limpios. Que crean en la fortaleza, el esfuerzo y la generosidad, que es lo que a mí me ayudó. De hecho uno de mis hijos se llama Gael por su significado: hombre generoso. Para ser feliz tienes que ser generoso. Y el amor, que es vital.

Valores aconfesionales y apolíticos ha dicho... ¿Se ha sentido utilizada?

Toda la vida han intentado y logrado casi posicionarme para la opinión pública. Por pedir memoria, dignidad y justicia tenía que estar a un lado, y luego al otro lado. Y no tengo nada que ver con la política.

Quizá con el último acontecimiento…

Sí, ahí se me posicionó al otro lado. Por el edil ése…

Sí, Zapata…

Sí, por eso me decían bienvenido a Podemos. Y yo: pero si no tengo nada que ver, simplemente estoy con el amor y el sentido común. Y es de sentido común es no posicionarte con algo que no va contigo.

Fue de sentido común su declaración...

Fue sencillo. Yo no me dejo herir por un chiste negro, que ya sé lo que hay. Declaré que no quería verme involucrada con eso, que yo no había puesto la demanda, que fueran las víctimas afectadas a declarar.

También declaró que no le molestaba

Nunca me he sentido molesta por el humor negro y yo no permito que nadie me haga daño, y cuando alguien te ha hecho mucho daño físico o moral, aprendes a que nada te haga daño.

¿Cree de verdad que nunca es tarde para recuperar la infancia?

Todos tenemos algún agujero negro, alguna herida en la infancia que luego se arregla. A veces maduramos a marchas forzadas, pero podemos recuperar esos momentos de inocencia…

Usted maduró a marchas forzadas…

Sí, pero lo veo en positivo: así me libré de la adolescencia. Recuerdo lo que le decía a mi madre justo antes del atentado: jo, mamá, qué pena que tengas una hija adolescente, lo estaba pasando mal, y vayas a tener ahora dos. Y nunca tuvo dos hijas adolescentes, porque estuve en el hospital y me salté esa etapa. No me dio tiempo a lamentarme por si me salía un grano porque lo que no tenía era piernas, o por si un chico me miraba porque mi realidad era otra: aprender a caminar.

"Sentirse arropado, querido, apoyado, sobre todo cuando antes te has sentido desprotegido", escribe usted, ¿se sintió así alguna vez?

El peor trance fue cuando me operé un tornillo en el fémur y me sentí un poco sola, porque estábamos mi madre y yo solas, pero a mi familia la he tenido siempre. El cariño de unos padres incondicionales es lo más importante que puedes tener. Por eso es tan importante dar amor a nuestros hijos, y no nos damos cuenta de que los privamos de lo más necesario.

Optimismo pese a la angustia de estos tiempos, pero ¿qué le angustia?

Con tus hijos te preguntas si sabrá afrontar esto, si tendrá las herramientas necesarias, pero para eso estamos nosotros, para enseñarles. Y me tiene en vilo todo tipo de violencia, me aterra y me asusta. Por eso es tan importante la educación, porque alguien educado en los valores que te digo ni se le pasa por la cabeza hacer eso.

¿Le convence la etiqueta “transmisora de valores”?

No me molesta, porque me lo considero: de valores y de energía positiva. La gente sale así de mis conferencias: con ganas y energía.

¿Y novelista?

Eso son palabras mayores. Soy una devoradora de novelas y sería otro sueño cumplido.

¿Era un sueño de la infancia ser escritora?

No, de niña no tenía ni idea, la verdad. Todos mis sueños han ido surgiendo sobre la marcha. En la novela anterior quería hablar de alguien que se queda en una silla de ruedas.

¿Es una manera también de contestar sus novelas?

Sí, para que esa gente que he conocido más desprotegida y en riesgo de exclusión social se vean también protagonistas y de una historia bonita con final feliz.

Si le pusieran cuando era una niña una foto con esta imagen…

No me lo creería, si veo la portada y me emociono. Mis hijos son el mayor orgullo y la mayor felicidad, pero luego están los libros. Es un honor.

El tema político, pese a que quiera siempre despegarse, ¿qué les pedirías a los que están y a los que puedan venir?

Que se acabe con el desempleo. Lo que todos queremos: bienestar social. Que se erradique la pobreza. Más igualdad social si se puede.

¿Y a la gente?

Que sigan siendo tan solidarios y generosos, porque yo estoy orgullosa de ser española y siempre me encuentro españoles cooperantes en cualquier lugar del mundo en temas humanitarios. Le diría a España que siga siendo solidaria y comprometida como siempre y que no nos volvamos ni fríos ni insensibles.

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