Los nuevos padres ya no son como los de antes.

Se acabaron las poses autoritarias, el tirón de orejas y el bofetón cuando las cosas se salían del tiesto.

O, al menos, eso es lo que concluye el estudio de la Fundación BBVA sobre "Los hombres jóvenes y la paternidad", dirigido por Inés Alberdi, catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, y Pilar Escario, psicóloga y presidenta del Instituto de Investigación Social ADVIRA.

En él se dibuja una nueva forma de paternidad que cuestiona el estereotipo de masculinidad, asociado tradicionalmente a la fuerza y el poder, para empezar a ejercer una "paternidad sostenible", más duradera y comprometida.

Esta transformación de la figura paterna camina de la mano junto a otros cambios en la unidad familiar: más hogares unipersonales, monoparentales, de parejas sin hijos y de parejas del mismo sexo.

Crecen los hogares unipersonales, los de un solo progenitor con sus hijos y los de una pareja sin hijos


El hogar tradicional (pareja con sus hijos) sigue siendo la forma de hogar más frecuente, aunque reduce su importancia relativa respecto a formas alternativas de convivencia.

Crecen por el contrario los hogares unipersonales, los de un solo progenitor con sus hijos y los de una pareja sin hijos.

Padres más tardíos


El estudio señala que los hijos no son ya una consecuencia natural de haberse casado; hoy en día hay una independencia casi total entre el matrimonio y el tener hijos.
La edad más frecuente para tener hijos se sitúa entre 30 y 35 años

La edad media de la primera maternidad alcanzó los 29 años en 2004 y la edad más frecuente para tener hijos se sitúa entre 30 y 35 años, alterando la pauta de quince años atrás en la que la edad más prolífica era la comprendida entre los 25 y los 29.

En 1990, sólo el 36% de las mujeres que daba a luz tenía más de 30 años; en la actualidad, más del 60% de los niños que nacen son hijos de mujeres que tienen más de 30 años.

Los nuevos padres

El estudio concluye que los hombres deben hacer frente a procesos complejos a la hora de ser padres, ya que los modelos de paternidad que usaron sus padres ya no les valen.

Surgen de esta forma hombres que viven la paternidad de una forma más intensa, satisfecha y entregada, que sin embargo, y en esto no se ha cambiado, tienen mayor libertad que las madres para huir de las tareas paternas y disfrutar de su tiempo libre.

Los nuevos padres miden su paternidad en términos cualitativo
La nueva paternidad contempla el abandono del papel tradicional del "padre ausente o padre por delegación" (que trabaja para lograr el sustento de la familia), que no se relacionaba directamente con sus hijos.

Los nuevos padres miden su paternidad en términos cualitativos, es decir, más en la calidad de tiempo que pasan con ellos que en la cantidad del tiempo empleado.

También se muestran más tiernos y afectuosos y rechazan la imposición de que los hombres no puedan desarrollar sus sentimientos en forma de ternura hacia los otros.

Otro aspecto diferencial es el del castigo.

Pierden fuerza los castigos físicos, aunque sigue habiendo una aceptación generalizada de que pegar a los niños, moderadamente, es una forma adecuada de tratarlos durante la infancia.

Las madres trabajan mucho más

A pesar de existir padres más participativos, el estudio señala que los hombres siguen dedicando muchas menos horas al cuidado de los hijos que las mujeres.

Los hombres invierten únicamente 157 horas anuales al cuidado de los hijos, mientras que las mujeres dedican 561 horas al año (equivalentes a una dedicación de casi 11 horas semanales por parte de las mujeres y de 3 horas semanales por parte de los hombres).

A pesar de ello, las autores se muestran optimistas: de un modelo en el que primaba la exclusividad en los roles masculino y femenino se va pasando paulatinamente a uno más funcional en la que se negocia el reparto de tareas y funciones.

Tipología de los nuevos padres

El estudio establece tres tipos diferentes de nuevos padres: el padre intenso, el padre responsable y el padre complementario.

  • El padre intenso: es el que está centrado en la atención al hijo, cuya aparición hizo que su vida cambiara totalmente. La interrelación entre el padre y el hijo supuso también un desplazamiento de la madre a un lugar menos preponderante.
  • El padre responsable: aporta sus esfuerzos y vive la relación con el hijo con el mismo sentido de responsabilidad y de obligación que las madres respecto de su cuidado. Está dispuesto a sacrificar sus horarios de trabajo, sus hobbies o deportes para estar más tiempo en casa. Su interrelación con el hijo no es exclusiva ni excluyente de la madre.
  • El padre complementario: se muestra menos entusiasta, apoya desde el exterior lo que le piden su mujer, ya que una serie de labores paternas las ve con mayor naturalidad en sus mujer que en él mismo. Colabora, aunque lo hace más por adaptación que por convicción, porque comparte, con las imágenes tradicionales de la paternidad, la idea de que las mujeres son diferentes y de que es a ellas a las que les corresponde el ejercicio de la maternidad como algo exclusivo y propio.