Emmy with bonnet, Dodewaard, 2014
La artista octogenaria Emmy Eerdmans retratada por la treintañera Hanne van der Woude © Hanne van der Woude

A la fotógrafa Hanne van der Woude (Nimega-Holanda, 1982) y la pintora Emmy Eerdmans (1931) las separan 51 años, una distancia que puede ser insalvable para el entendimiento y la amistad, pero ambas han logrado fomentar una recíproca afinidad que demuestra la falsedad de las ideas preconcebidas sobre las brechas generacionales. Durante cinco años la fotógrafa ha elaborado el cálido retrato De wereld van Emmy (El mundo de Emmy), una serie fundada en el afecto y el respeto.

Las fotografías, que se mostrarán por primera vez en Ámsterdam, son una prueba de empatía y amistad recíproca que derriba tópicos y lugares comunes sobre la falta de comunicación intergeneracional. La mirada de Van der Woude es cómplice del estilo de vida de Eerdmans, una mujer que ha optado por vivir fuera de las convenciones sociales, en una humilde casa de campo, rodeada de gallinas y sin más pretensión que seguir asombrándose con la vida y la naturaleza.

Afecto, respeto y amistad

La serie documental —que incluye también grabaciones en vídeo y audio, cartas, dibujos y bocetos y será expuesta en el museo Huis Marseille de la capital holandesa entre el 12 de septiembre y el 6 de diciembre— muestra una relación fundada en el afecto, el respeto y la amistad. La serie contradice la convención de que el fotógrafo documental debe mantenerse alejado emocionalmente de sus personajes.

La fotógrafa frecuentó a la artista y su marido, el diseñador gráfico Ben Joosten, también octogenario e incurablemente enfermo —falleció en 2013—, y los retrató con una desarmante bondad en los buenos momentos, por ejemplo durante un viaje al sur de Francia para visitar al hermano de él, Egbert, que también vive ascéticamente, y durante el dolor de la muerte y el luto.

La vida de Emmy es para mí como un mundo soñado, muy lejano del real "La vida de Emmy es para mí como un mundo soñado, muy lejano del real, y así quise retratarla", explica la fotógrafa, que pasó largas temporadas en la casa de la anciana en Betuwe, una comarca lacustre con abundantes islas en la provincia holandesa de Güeldres. Aunque la existencia de Emmy es de aislamiento, se trata de una opción meditada: sus deseos son cortar con los valores predominantes en la sociedad actual y el materialismo, seguir pintando y dibujando y, sobre todo, cuidar a sus adoradas gallinas pintadas, entre ellas Klara, su favorita.

El asombro de cada día extra

"¿Qué lleva a una joven y famosa fotógrafa a reunirse con tres ancianos para un viaje a una zona montañosa de Francia, tomar parte en sus vidas y documentarlas, incluso cuando llega la enfermedad?", se preguntan desde el museo. Acaso la respuesta esté en la simpleza de un entendimiento de principios vitales y en la complicidad artística que emanan de las imágenes de De wereld van Emmy. La sencillez de la alegría, la aceptación de la vejez y el asombro de cada nuevo día extra han sido capturados de una manera tan cariñosa que cada foto es como una prueba de amistad.

La anterior serie de la fotógrafa era sobre la desaparición de los pelirrojos El trabajo inmersivo, con apuntes sobre las relaciones interpersonales superando lo convencional, la creatividad, el arte de la vida, la independencia, el cariño y los cuidados entre personas ancianas que se quieren, es la continuación del celebrado trabajo de Van der Woude MC1R  Natural red hair, una serie de retratos a personas pelirrojas que la fotógrafa emprendió tras leer un estudio científico sobre el progresivo pero constante descenso de este tipo de pigmentación capilar.