Un joven discapacitado y alumno brillante pide ayuda para poder ir a la universidad en tren

  • Cristian sufre atrofia muscular espinal, que le obliga a ir en silla de ruedas.
  • Los trenes que pasan por su estación no están adaptados y pide a Renfe que sus empleados le ayuden a subir poniendo una rampa.
  • "Empiezo la universidad en septiembre y la solución no llega", lamenta.
Cristian ante el tren en la estación de El Vendrell (Tarragona), al que no puede subir con su silla de ruedas por no estar adaptados los convoyes.
Cristian ante el tren en la estación de El Vendrell (Tarragona), al que no puede subir con su silla de ruedas por no estar adaptados los convoyes.
DIARI DE TARRAGONA

Cristian acabó el Bachillerato con una nota de 9,4 y obtuvo un 13 sobre 14 en la Selectividad —entre las mejores notas de Cataluña—, pero estas magníficas calificaciones no le garantizan que pueda ir a la universidad. El problema radica en que los trenes que por la estación de tren de El Vendrell (Tarragona) no están adaptados a personas con movilidad reducida y no puede subir con su silla de ruedas.

El joven sufre atrofia muscular espinal, una enfermedad genética a consecuencia de la cual no tiene fuerza en los músculos. Ello le obliga a desplazarse en una silla de ruedas eléctrica, cuyo peso impide subirla a pulso al tren. "El transporte público es un servicio público y deberían dar servicio a todo el mundo", recuerda Cristian durante una entrevista con 20minutos.es.

Por eso, ha pedido a Renfe que los empleados de la estación coloquen una rampa que le permitan salvar los dos escalones del tren, una operación que debería repetirse en Paseo de Gracia, en Barcelona. Allí cogería el metro o el autobús, ambos adaptados, para desplazarse hasta La Salle Bonanova, donde espera cursar el grado de ingeniería multimedia.

"La informática y el diseño siempre me han gustado y la ingeniería multimedia aúna estas dos pasiones y es un sector con futuro", explica Cristian. Ya tiene la plaza reservada para empezar las claeses el 1 de septiembre y espera forjarse un futuro en el diseño de aplicaciones web y móvil, un sector claramente al alza.

Una portavoz de la compañía ferroviaria ha explicado a este periódico que la estación fue remodelada hace unos años y se elevó el nivel de los andenes, se construyeron pasos inferiores y se colocaron ascensores pero solo el 40% de los trenes están adaptados y la adaptación de toda la flota no finalizará hasta 2020. Además, la estación está situada en una curva y la distancia entre plataformas y convoyes es superior a la habitual, lo que podría generar problemas.

Otra opción es que Cristian se desplace hasta la cercana estación de Sant Vicenç de Calders pero Renfe no publica los horarios de los trenes adaptados —con una zona central más baja en la que hay un espacio reservado para personas con movilidad reducida y un lavabo adaptado— porque puede intercambiarlos en función de las necesidades. "Es muy complicado a nivel logístico programar todos los trenes", asegura la portavoz, quien ha agregado que siguen estudiando el caso de Cristian para intentar ofrecerle una solución aunque "no es fácil".

Ante esta situación, Cristian ha iniciado una campaña de recogida de firmas en Change.org, donde ya ha recogido más de 181.000 firmas de apoyo para que Renfe haga posible colocar una rampa que le permita acceder al tren. Incluso los alcaldes de El Vendrell y la vecina Calafell intentan ayudar al joven. "Empiezo la universidad en septiembre y la solución, que podría ser que un operario de la estación me colocara una rampa, no llega", apremia.

Opciones descartadas

También podría ir a Barcelona en autobús, pues están adaptados, pero asegura que el viaje dura dos horas y llegaría a la capital catalana pasadas las nueve de la mañana, una hora después del inicio de las clases. Existen otras dos opciones pero quedan prácticamente descartadas aunque Cristian no desiste en su objetivo. "A veces me preguntan si no me canso de luchar, pero es una necesidad", zanja el joven, quien asegura que hay mucha gente en su situación y confía en que salgan más casos a la luz para hacer una mayor presión.

La primera posibilidad es que su padre lo lleve por la mañana a clase, regresara a trabajar a El Vendrell —población que se encuentra a casi 70 kilómetros de Barcelona— y por la tarde vuelva a recogerlo, pero ello le obligaría a conducir cada día cerca de 270 kilómetros, implicaría un elevado gasto y una importante merma en la autonomía de Cristian. La segunda opción es aun más costosa: "Podría conducir yo, hay coches adaptados pero las soluciones que hay en el mercado son muy caras, cuestan 100.000 euros", agrega.

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