Burundanga
La burundanga es una droga de sumisión que anula la voluntad de las víctimas. ARCHIVO

Hay varios casos judiciales sobre violaciones en España con la "leyenda" de la burundanga de fondo. Una droga de sumisión que anula la voluntad de las víctimas, que las convierte poco menos que en zombies dispuestos a seguir la voz de su amo. Pero hay muchos médicos en España que rechazan que su incidencia sea real y lo consideran una ficción.

No es el caso del toxicólogo forense Emilio Mencías, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF). "Se habla de la burundanga como un mito, pero existir existe", ha explicado esta semana el experto, que reconoce que pueden darse casos habituales, aunque difíciles de demostrar. Y no hay estadísticas sobre su incidencia judicial en España.

Es un mito analítico porque no lo detectamos en un porcentaje muy alto de casos, pero se está produciendo"Es un mito analítico porque no lo detectamos en un porcentaje muy alto de casos, pero se está produciendo", asevera Mencías.

El caso más significativo ocurrido en España fue el del llamado falso chamán, un hombre con síndrome de acondroplasia (una variedad de enanismo) que fue denunciado por supuesta agresión sexual a cerca 40 de mujeres de Madrid, que cayeron rendidas en sus brazos.

Este caso se ha alambicado en los tribunales, donde no prosperan los recursos de las víctimas. ¿Por qué? La jueza no tiene pruebas del delito, aunque la versión de las mujeres es un indicio.

Cómo actúa y formas de detectar la burundanga

Dicen que no hay forma de detectar la burundanga si no se actúa rápido y se realizan análisis de sangre en las primeras horas después de la agresión.

Pero también la realidad es otra: sí hay forma de 'cazar' a la burundanga. Y hasta muchos meses después del delito. Burundanga es una palabra afrocubana que hace referencia a un brebaje hecho con arbustos o plantas que contienen escopolamina y que pueden encontrarse en muchos parques de nuestras ciudades. Aunque se ha extendido a España desde América Latina, donde su uso es habitual para cometer delitos en países como Colombia, Venezuela, Ecuador o Argentina, a esta droga se la conoce desde hace miles de años: se usó como veneno en la antigua Roma o como filtro amoroso en la Edad Media.

Se la conoce también con otros muchos nombres: beso del sueño, polvo zombi, aliento del diablo...

El alcaloide es una sustancia incolora, inodora e insípida. Puede administrarse tanto por vía oral como cutánea y tarda como máximo cinco minutos en hacer efecto. Parece que puede surtir efectos pasando las páginas de un periódico, con un abrazo, en unos besos, un pañuelo, un soplido o una bebida. También en perfumadores, en comidas e impregnada en billetes.

En el cabello se puede encontrar la huella de la sustancia, aunque sea seis meses despuésAdministrada la droga en dosis adecuadas, reduce la voluntad de la persona, que pierde la memoria de ese periodo de tiempo cuando desaparecen sus efectos, que, dependiendo de la cantidad administrada, pueden durar alrededor de dos horas.

Por eso se utiliza en los delitos de sumisión química: la víctima no puede aportar datos claros sobre lo ocurrido, lo que dificulta cualquier futura condena. Se da sobre todo en agresiones sexuales, pero también para cometer robos y otros delitos.

La burundanga es solo una de las llamadas drogas de sumisión (alcohol etílico, benzodiacepinas y drogas de abuso), que según han concluido la semana pasada en Madrid expertos sanitarios y forenses, están detrás del 20% o 30% de las agresiones sexuales que sufren en su mayoría las mujeres, sobre todo jóvenes de 15 a 19 años.

Y en torno al 80% de los casos no se denuncian. La mayoría, por vergüenza.

Pero la burundanga tiene su talón de Aquiles. "En el cabello se puede encontrar la huella de la sustancia, aunque sea seis meses después", explica el toxicólogo forense Emilio Mencías. "Tan largo como sea el pelo, que crece 1 centímetro al mes, puede ser analizado, desde su origen en el cuero cabelludo hasta su extremo".

Pero estas pruebas solo se pueden realizar en centros especializados como el INTCF (Toxicología) y no en los hospitales. Y los jueces no suelen pedirla.