Elena Anaya: "En estos momentos cuesta mucho mantenerse en esta profesión"

  • La actriz española Elena Anaya ofreció una entrevista a El Mensual durante su presentación en Estados Unidos de la película Todos están muertos.
  • Tras más de 20 años de carrera, la actriz señala que "hay que hacer lo posible para que tu forma de pensar se mantenga siempre".
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La actriz española Elena Anaya
La actriz española Elena Anaya
JORGE PARIS

Durante esta conversación que entabla desde el Festival de Cine de Miami, Elena Anaya (Palencia, 1975) se sorprende en varias ocasiones de lo rápido que ha pasado el tiempo en su carrera, tras haber vivido dos décadas de trabajo continuado. Se encuentra en la ciudad estadounidense presentando el filme Todos están muertos, de la debutante valenciana Beatriz Sanchís, que tanta alegrías (y algún que otro premio) le ha dado en España. Aunque ella no tiene esa sensación, desde fuera parece que apenas pone un pie en nuestro país.

Tras su paso por Estados Unidos, ha viajado a principios del mes de abril hasta Laponia. Su visita a Finlandia junto a la nadadora Gemma Mengual sirve para acompañar a Greenpeace en una de sus campañas, con la que reclamar junto a la Organización No Gubernamental la protección del Círculo Polar Ártico.

Apenas tenía 20 años cuando su personaje en la cinta África (1996) jugaba a ser adulta mientras seducía a Zoe Berriatúa y a gran parte de los espectadores. Era su primera aparición en una pantalla de cine y también su primer papel como protagonista. Con una actriz como Elena Anaya se demuestra que los 40, edad que cumple el próximo mes de julio, son los nuevos 30.

Aprovechamos para hablar de sus futuros proyectos, sus experiencias durante la última ceremonia de los premios Oscar como auténtica invitada –a diferencia de los relatos de la actriz Anna Allen y otras españolas que aseguraron en falso pasar por la alfombra roja de Los Ángeles– y de una carrera cinematográfica que sigue estando en continuo movimiento, en permanente proceso de aprendizaje.

En esta primavera rueda de nuevo una producción estadounidense, diez años después de la superproducción Van Helsing (2004) que, junto con sus trabajos paraPedro Almodóvar, le dieron un hueco en la industria de Hollywood.

Su nuevo proyecto, The Infiltrator, es la autobiografía de un agente encubierto infiltrado durante años entre narcotraficantes colombianos que interpreta Brian Cranston, el célebre protagonista de la televisiva Breaking Bad.

De regreso a casa, también acompaña al director Imanol Uribe enLejos del mar, el cierre de su trilogía sobre el terrorismo que comenzó con La muerte de Mikel (1984) y Días contados (1994). En ella narran la historia de amor de un etarra (encarnado por Eduard Fernández) que sale de prisión por la aplicación de la polémica doctrina Parottras cumplir parte de su condena. Entonces viaja a Almería, donde se enamora de la hija de una de sus víctimas.

Otro de los grandes nombres asociados a su trayectoria profesional es el de Julio Medem, director, guionista y productor con el que trabajó en momentos muy distintos de la carrera del vasco y a quien también recuerda en esta entrevista.

¿Cómo está siendo la experiencia de presentar Todos están muertos en Estados Unidos?

Acabamos de hacer la première estadounidense aquí en Miami. Ya no me sorprende la buena acogida de la película porque las reacciones están siendo muy positivas allá donde la presentamos, pero es muy bonito comprobar en los encuentros con el público que esta historia despierta el interés de quien la ve. Te quieren preguntar cosas y comentarte sus experiencias o lo que sitieron al verla. Además, volver aquí ha hecho que recuerde cómo pasa el tiempo.

No es su primera vez en la ciudad...

Durante el estreno se me acercó un fotógrafo y me dio una imagen que me había hecho la primera vez que presenté una película aquí. ¡Era de hace 20 años!

Elena Anaya

Su carrera la ha llevado a todo tipo de lugares. ¿Muestra especial interés por trabajar en algunos países concretos?

Cuando te enamoras de un guion no importa de dónde viene. En los últimos años he rodado alguna película en Latinoamérica, pero también hace poco una producción independiente escocesa en la ciudad de Glasgow. La verdad es que prefiero no tener preferencias ni planes de trabajar en un determinado país u otro. Voy allá donde me lleven los proyectos.

Cuando no está presentando o preparando una película se marcha con la asociación Greenpeace al Círculo Polar Ártico. ¿Cómo se enfrenta a estar a menudo de viaje?

Hay que mantener la cotidianidad, porque de pronto te encuentras rodando en pleno verano en la Patagonia chilena, donde hace un frío que no te puedes ni imaginar. Hay que hacer lo posible para que, aunque cambie tu ropa y tu maleta, tu forma de pensar y de vivir se mantenga siempre, a pesar de no tener a tu familia y a los tuyos al lado, que es lo que peor se lleva.

En la reciente temporada de premios acaba de sumar uno más a su colección particular, que es el de la Unión de Actores.

Ser premiada por tus compañeros es muy importante. Saber que ellos reconocen tu trabajo y lo valoran. Llega de una manera muy especial y emociona muchísimo. Al estar aquí avisé que no podía asistir. Por fortuna, pudo recogerlos por mí alguien cercano como Gustavo Salmerón –quien fue su pareja durante varios años–. Yo estaba pendiente de lo que pasaba desde el festival y cuando me dijeron que había ganado pegué un salto tremendo. Luego, tuve que explicar por qué estaba tan contenta, porque se me notaba muchísimo. Un premio así ayuda a elevar el ánimo en un momento en que cuesta mucho mantenerse en esta profesión.

Además, estuvo en la última edición de los Premios Oscar. De hecho, usted fue la única actriz española que de verdad estuvo invitada al evento…

De los otros casos no he oído nada. Había llegado a Los Ángeles unos días antes y un amigo, Michael Barker, que es el vicepresidente de Sony Classics, me dijo a última hora que le encantaría que fuese su acompañante. Casi me da un ataque de nervios porque no tenía un vestido largo que ponerme. Por fortuna, tengo muchos amigos en la ciudad desde hace tiempo y llamé a algunos de ellos para que me ayudaran. Me llevaron en su coche por toda la ciudad y conseguimos encontrar un vestido que me arreglaron muy rápido y alguien que me maquillara. Me vino a buscar una de esas limusinas que solo se ven en la películas y fue una noche inolvidable. Michael es un hombre muy querido en la profesión. Y me presentó a todo el mundo. Me estuve tomando un vodka con Cate Blanchett en el bar de los Oscar, porque compartimos agente allí.

Otras actrices españolas comentan que ese tipo de eventos suelen servir a modo de casting previo para actrices que no son estadounidenses. Sus agentes les solicitan que acudan para dejarse ver entre gente de la industria del cine.

En mi caso fue todo mucho más casual. Conozco a Michael desde hace tiempo. Además, él ha distribuido en Estados Unidos todas las películas de Pedro Almodóvar. Ir con él me abría las puertas a todas las fiestas que se celebraban esos días. La gente con la que iba decidió ir a la que organizaba el cantante Elton John en su casa, que al parecer es una de las más deseadas, pero yo preferí irme a dormir porque no podía más con el cansancio. Acababa de llegar a Estados Unidos y tenía un jet lag enorme.

De hecho, en breve empieza a rodar el thriller estadounidense The Infiltrator con el actor Brian Cranston (Breaking Bad).

Es una producción estadounidense pero se rueda en Londres. En Los Ángeles se genera todo, pero prácticamente ya no se rueda nada allí por los altísimos costes que supone. Se trata de una película independiente y en ella también está otro español, Rubén Ochandiano, lo que me hace muy feliz. Mi personaje es Gloria Alcaino, la esposa de uno de los mayores traficantes de droga en la década de los ochenta, que interpreta Benjamin Bratt. Todo el mundo me ha dicho que voy a estar en muy buenas manos. Está basada en un hecho real acerca de dos agentes que se infiltraron durante años con las más altas esferas de blanqueo de dinero. Pensé que podía ser divertido formar parte de esta banda de traficantes en una película…

¿Se siente cómoda con el trajín de las alfombras rojas y las sesiones de fotos, más relacionadas con el mundo de la moda que de la interpretación?

Lo considero solo parte del trabajo. El mundo de la moda no es algo que me interese en exceso o que tenga mitificado. Creo que tiene un camino distinto que el del cine y a veces se juntan. Aunque es cierto que los profesionales de moda te ayudan mucho a la hora de ofrecer ese punto de glamour que a veces el cine necesita.

Ya hace más de una década que rodó una gran producción como fue Van Helsing con Hugh Jackman. ¿Qué recuerdos tiene?

Estaba trabajando en Madrid y hubo un parón inesperado. En ese momento, me llamó el director Stephen Sommers (El rey Escorpión) y me dijo que tenía que viajar a Londres al día siguiente. Hice un casting algo alocado, haciéndome pasar por un vampiro, pero fue muy divertido y los convencí. En un primer momento, mi personaje se moría en la página 18 del guion, pero Stephen decidió que apareciera hasta el final, para desgracia de la actriz protagonista [Kate Beckinsale], porque cada vez que mi personaje aparecía en escena era para darle una brutal paliza y mandarla a la otra punta del set. Fue una experiencia bonita y surrealista, y me gustó mucho volar por la ciudad de Praga a pesar del frío que hacía durante esos días. Personalmente como espectadora no me gusta ese tipo de género, pero tengo que reconocer que como actriz es algo muy divertido de interpretar.

¿Cómo suele ser la dinámica con los directores con los que trabaja?

Me considero muy peleona cuando trabajo con un director. Solo acepto un proyecto cuando estoy segura de que hay una relación de confianza con él. Todos, el director y el equipo, tenemos que remar en la misma dirección y contar una misma historia. Cuando eso no ocurre es una experiencia terrible que no quiero tener nunca en mi vida. Por eso, al asegurarme que mantenemos la misma visión del proyecto, no paro de ensayar, preguntar, proponer… Para mí, los guiones no acaban en la páginas en las que están escritos, lo hacen en la cabeza del director. Y esa es la parte que hay que analizar para comprender muy bien lo que ellos quieren que hagas. Cuando sientes que se puede mejorar algo pero el director está a gusto con lo rodado, tienes que aceptarlo, aunque es frustrante.

También prepara con el salvadoreño-español Imanol Uribe la película Lejos del mar, que aborda un tema tan controvertido como es el de la doctrina Parot.

Sí que es un tema delicado, pero por encima de todo están las personas que forman parte de esta historia. En la película hablamos de cómo lo irremediable del destino hace que dos personas se encuentren, con independencia de las circunstancias que rodean su historia de amor. Me gusta centrarme más en este gran tema que en el contexto de la historia.

¿Considera que el cineasta Julio Medem, con el que ha trabajado varias veces, sufrió un antes y un después en su carrera tras abordar el tema del terrorismo en el documental La pelota vasca?

Recuerdo la injusticia y salvajismo con los que se trató a Julio. Lo acompañé en el proceso. Por aquella época, venía a mi casa y me enseñaba partes del documental. Es uno de los directores más apasionados que he conocido nunca. Aquí en Miami siguen acordándose de Lucía y el sexo, que rodamos hace ya 15 años. Es una película queridísima en todo el planeta. A veces no nos damos cuenta del talento de la gente que tenemos en España y que fuera son queridos por varias generaciones. Recuerdan a Julio como un maravilloso director y siguen esperando sus nuevas películas.

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