El monstruo, de figura trascendental a entretenimiento pueril del siglo XXI

  • La figura del monstruo, que ha acompañado al hombre desde sus orígenes, ha tomado multitud de formas y significados a lo largo de la historia.
  • Héctor Santiesteban Oliva, autor de 'Tratado de monstruos', explica cómo la cultura popular ha puerilizado los significados profundos del monstruo.
  • La recién publicada 'Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón', obra cumbre de la mitología japonesa, denota la importancia del monstruo en Oriente.
Smaug, el dragón de 'El Hobbit'.
Smaug, el dragón de 'El Hobbit'.
New Line Cinema
Smaug, el dragón de 'El Hobbit'.

Hace cientos de miles de años, un hombre del Paleolítico huye despavorido de una amenazante sombra proyectada por el fuego. En la Antigua Grecia, la Esfinge aterroriza Tebas mientras, con su mirada, Medusa transforma en piedra a todos los incautos que se acercan a ella. Los dragones pueblan Oriente, los colosales jotun amenazan a los dioses nórdicos y Leviatán agita los mares con la furia de una bestia demoníaca. En 1981, un niño no puede dormir por miedo al hombre del saco. Ya en el siglo XXI, las criaturas más terroríficas escapan a raudales de la pequeña y la gran pantalla.

Los monstruos, la personificación de los miedos que han acompañado al ser humano desde sus orígenes, han cambiado mucho con el transcurso de los siglos, pero siguen aquí, entre nosotros, con nuevas formas y significados pero una raíz común. "Podríamos decir que el monstruo ha acompañado al hombre desde los albores de la humanidad. Es fácil imaginar que seres prehumanos perseguidos por animales amenazantes hayan reformulado ese mismo ser con atributos más terroríficos que el que tenían en realidad. El recuerdo, el inconsciente y hasta la fanfarronería al referir seres peligrosos hacen que el hombre reconstruya monstruos en sus propios sueños o en las charlas con sus semejantes", explica Héctor Santiesteban Oliva, autor de Tratado de monstruos: Ocología teratológica, a 20minutos.

"La existencia, acaso sólo su posibilidad de existencia, de seres altamente amenazantes se aloja en el inconsciente individual y colectivo. Representa aquello a lo que tememos, pero también aquello que nos molesta y que proyectamos de nosotros mismos", detalla el autor mexicano. "El monstruo está de alguna manera ligado a los temores infantiles pero va mucho más allá de eso. Cada uno de nosotros tiene sus propios temores que pueden personalizarse en un monstruo singular, por eso las alusiones a los monstruos en la literatura son muchas veces muy genéricas y dejan espacio para que cada uno lo figure como más le guste (o mejor, como más le disguste). Pero es curioso que los temores de la mayor parte de las personas suelen ser muy parecidos", añade.

Ese vínculo con el lado oscuro del ser humano, con el miedo, el misterio y la amenaza produjo desde el inicio una incontrolable y morbosa fascinación por la figura del monstruo, que no tardó en propagarse a través de mitos, cuentos y ritos populares de culturas de todo el planeta.

Santiesteban apunta que quizá "el punto más llamativo sea precisamente ese: que diferentes culturas y épocas tengan monstruos en común". "Normalmente nos imaginamos que las figuras se producen en un lugar y van "migrando" de un lugar a otro. Es el modelo de transculturación. Se ejemplifica bien con algo como el derecho romano: nace en Roma y de ahí al resto de las provincias y a otras partes del mundo. Casi todas las producciones culturales se comportan de esa manera", señala el experto, quien cita los monstruos como una excepción a ese proceso.

"Si bien puede trazarse bien el proceso de migración de Oriente a Occidente del ala de murciélago como característica diabólica, los dragones en cambio campean en China, México, Escandinavia, etc. sin haber tenido nunca influencia iconológica ni conceptual de un lugar sobre otro. Serpientes aladas o emplumadas, seres contradictorios y sorprendentes surgen de lo más íntimo de los pueblos y abundan sobre una cuestión tan increíble como repetitiva: la conciliación de los contrarios", relata el escritor.

El monstruo en nuestros días

El arte y la literatura han sido, durante milenios, el mejor reflejo de la omnipresencia del monstruo en la historia de la humanidad. Su figura, con cientos de rostros diferentes, ha sido clave en religiones, mitologías y leyendas de todas las épocas y rincones del globo, desde la cultura grecolatina a las tradiciones celtas, los relatos medievales o los cuentos del siglo XIX. Todos esos mundos y criaturas de fantasía han vivido además un mismo proceso de evolución que los ha llevado a convertirse, en los siglos XX y XXI, en parte esencial de la cultura popular, inspiradora de millones de libros, cómics, películas, series de televisión y videojuegos.

Este salto a la cultura pop ha derivado en un profundo cambio en su significación. "El monstruo ha sido sobreutilizado en el mundo moderno con la suerte de que se ha puerilizado. Ha dejado de ser un ser íntimamente amenazante porque fue exhibido en exceso en películas e historias inverosímiles y exageradas. Hoy se ve recluído en el ámbito infantil cuando en tiempos pasados formaba parte integral de la idea del cosmos. Habrá que recordar que las cosmogonías y las parusías (origen del mundo y fin del mundo) contaban a menudo con un monstruo como agente principal. La figura del monstruo está ligada al Caos, lo que está contrapuesto al Cosmos, que es el orden", detalla Santiesteban.

En cualquier caso, las sirenas, el Minotauro, los unicornios, el Yeti, el hombre lobo... han dejado un poso cultural imborrable. También las leyendas orientales, donde el monstruo siempre ha sido una figura de gran relevancia que en el último siglo ha dejado su impronta en el manga y el anime. Esto se aprecia claramente en la Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama, la más famosa y reconocida recopilación de monstruos y fantasmas de la historia nipona, obra cumbre de la mitología japonesa que se acaba de publicar por primera vez en España.

Toriyama fue el primer artista en dibujar una antología ilustrada de los mitos populares de la tradición nipona. Sus demonios y espíritus, originales de 1776, han perdurado hasta nuestros días pues suponen la única representación visual que existe de ellos. De ahí nace gran parte de la iconografía fantástica japonesa que ha llegado hasta nuestros días y que los aficionados al manga y la cultura japonesa identifican con gran facilidad.

Mientras que estas recopilaciones son habituales en todas las culturas, las clasificaciones resultan menos frecuentes y mucho más complicadas. "Hay varios intentos de división tipológica de monstruos, pero muchas resultan muy chabacanas. La naturaleza plural y cambiante del monstruo no ayuda. Por ejemplo, la sirena. En la antigüedad era un ser medio mujer, medio ave; ahora es un ser medio mujer, medio pez", explica Santiesteban.

El autor señala que algunas clasificaciones recuerdan aquella que Borges, "con su fineza socarrona", apunta en El idioma analítico de John Wilkins: "los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas".

Por tanto, de poco sirven los intentos por etiquetar a los monstruos, ya que son tan diversos, complejos y fascinantes como los temores y debilidades del ser humano mismo. Con nosotros nacieron y con nosotros perecerán al final de los días. Mientras tanto, seguiran alimentando los relatos de miles de soñadores y vivirán, como siempre, aletargados en los recovecos de la imaginación de millones de niños y adultos.

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