Sátira y humor, condimentos del Salón del Cómic de Barcelona

  • El Salón del Cómic de Barcelona arranca este jueves con un homenaje a las víctimas del atentado de Charlie Hebdo a través de una muestra de Perich.
  • Joe Sacco ha publicado Bumf, una demoledora sátira visual de Barak Obama, pero que esta edición  no contará con su presencia.
  • Entre los autores españoles presentes hay dos títulos esenciales que discurren por los derroteros de la crítica social y política.
Dos visitantes del Salón del Cómic de Barcelona se abrazan ante un muro dedicado al Joker con motivo del 75º aniversario de este villano de Batman.
Dos visitantes del Salón del Cómic de Barcelona se abrazan ante un muro dedicado al Joker con motivo del 75º aniversario de este villano de Batman.
MARTA PÉREZ / EFE

El Salón del Cómic de Barcelona levanta el telón este jueves de su 33 edición en un año trágico para las viñetas tras el atentado contra Charlie Hebdo, reflejo de que el humor y la sátira de muchas de las obras presentes en esta cita siguen siendo "peligrosas" para integrismos y totalitarismos. La feria, que se celebrará hasta el domingo en el recinto Fira Montjuïc, espera alcanzar los 106.000 visitantes logrados en la pasada edición (13.000 más que el Mobile World Congress) y que se recuperen los niveles de ventas de años anteriores.

Si el año pasado se dejó ver por el salón para presentar el cómic-friso La gran guerra, en esta edición Joe Sacco no estará en Barcelona, pero sí se podrá disfrutar de su última obra publicada en España, Bumf, una demoledora sátira visual acerca del poder ejercido dentro y fuera de sus fronteras por una serie de paranoicos políticos y militares estadounidenses.

Un Barack Obama transmutado en el cuerpo del cuáquero Richard Nixon es quizás la figura más radicalmente oscura de esta historia. Ver al presidente de la "supernación" dirigir un dron militar como si fuera el mando de un videojuego mientras pregunta a los asesores que le rodean si esas "manchitas" que se mueven en la pantalla son personas, y si "son los malos", hiela la sonrisa a cualquiera.

En Bumf (papel higiénico en inglés coloquial), Sacco, que se dibuja como un personaje más, ofrece un visión brutal de las formas con las que EE.UU. ha actuado en muchas ocasiones a lo largo de la historia para intentar mantener su hegemonía, cueste lo que cueste, y aunque ello conlleve imponer una sociedad de desconfianza y control absoluto, en la que cualquier ciudadano es sospechoso.

El dibujante y periodista norteamericano no tiene piedad al retratar las cloacas y la decadencia moral de la elite que controla su país e incorpora en el relato algunas de las imágenes más brutales de su currículum militar, desde los estragos en Vietnam, como la famosa foto de los niños corriendo tras el bombardeo con Napalm, o los cuerpos desnudos amontonados y con bolsas en la cabeza de la cárcel de Abu Ghraib.

En un tono de comedia, Jimmy Bemon y Émilie Boudet se acercan también a un tema complicado en la Europa actual: la diversidad religiosa, en este casoa través de la desazón que siente un niño francés cuando se da cuenta de que es diferente a la mayoría de sus compañeros de clase por ser "medio" judío.

Superman no es judío (y yo un poco) narra cómo el primogénito de una pareja de divorciados ha de elegir entre seguir la tradición kosher que le marca su padre -que intenta por todos los medios convencer a su hijo, al que llega a decir que el "hombre de acero" es judío, porque su autor lo era- o disfrutar la vida al margen de cualquier doctrina religiosa, como le sugiere su madre.

Esta novela gráfica de dibujo de trazo infantil se basa en las experiencias de Bemon y de su propia familia parisina, aunque con algunas libertades, por ejemplo a la hora de dibujar a su abuelo paterno Richard como el maestro Yoda de la Guerra de las Galaxias.

Superman no es judío (Norma) no llega a la brillantez de la iraní Marjane Satrapi y su retrato de la sociedad post-Sha de Persépolis, pero permite comprender los problemas que muchos jóvenes, en este caso europeos, tienen a la hora de construir su identidad en unas sociedades que parecen perseguir la homogeneización de los ciudadanos.

Crítica social y política

Entre los autores españoles cuyas obras estarán presentes en el Salón de Barcelona, que ha aumentado su espacio (de 32.000 a 36.000 metros cuadrados) y de expositores (161 a 165), hay dos títulos recientes esenciales (de los que con toda seguridad se hablará mucho estos días) y que discurren también por los derroteros de la crítica social y política, aunque desde perspectivas muy diferentes.

Una es Lo que está pasando. Diarios de un joven emperdedor (Random House) de Miguel Brieva, una novela gráfica que relata desde un tono de fábula psicotrópica el proceso depresivo de un joven universitario en paro que se aferra a la imaginación (e incluso a la locura) para combatir los efectos de un capitalismo integrista.

La otra es Yo, asesino (Norma), para muchos una de las mejores novelas gráficas del año, por la oscuridad de las viñetas de Keko, pero especialmente por la maestría del guión de Antonio Altarriba, que cuenta en primera persona la historia de un "psicokiller" de pretensiones artísticas bajo el trasfondo de una violencia mucho más estremecedora: el terrorismo etarra y el entorno de quienes apoyaban esos crímenes desde las aulas de la Universidad.

Aunque el Salón de Barcelona no ha programado una exposición monográfica sobre Charlie Hebdo, la muestra dedicada al genial dibujante Jaume Perich, fallecido justo hace veinte años, servirá de homenaje, explican los organizadores del evento, a las víctimas de los atentados de la revista, cuya trayectoria estará presente en las mesas redondas sobre el humor y la sátira gráfica, programados para esos días.

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