La serie de aventuras fílmicas de Harry Potter (basada en las novelas infantiles de la escritora J. K. Rowling) nos da acceso a un diferente tipo de vivienda: un colegio para magos adolescentes, lleno de misterio y de lugares inexplorados, en la tradición de aquellas instituciones británicas que marcaban la diferencia en la educación.

Este castillo se encuentra en una apartada región montañosa de Escocia, cerca de una aldea llamada Hogsmeade. Según se cuenta en las novelas, es de origen céltico. Lo fundaron los magos Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw, allá por el año 993.

El colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, como muchas escuelas angloparlantes, utiliza el sistema de casas, que divide a los alumnos en cuatro grupos, con bandera, himno y carácter propios. Su lema es Draco dormiens nunquam titillandus (Nunca hagas cosquillas a un dragón dormido). Una pluma mágica escribe los nombres de los niños nacidos con poderes. Once años después se les invita a la única escuela de magia de Gran Bretaña.