Los inmigrantes que viven en Euskadi se sienten más sanos que los autóctonos. Pero están más tristes. Las duras condiciones de vida no les permiten levantar muy alto el ánimo. Así lo constata la primera Encuesta vasca de inmigración y salud, realizada por la UPV y el Observatorio Vasco de Inmigración (Ikuspegi), que se dio a conocer ayer.

Además, el estado de ánimo es aún más bajo entre las mujeres extranjeras. Lógico: a la explotación laboral, la exclusión social... «se les suma la ansiedad que provoca el alejamiento de los hijos», explica el director de Inmigración vasco, Roberto Marro.

Una tristeza que, según el estudio, es más honda entre las bolivianas y subsaharianas. Al contrario, argentinas y colombianas son las foráneas más felices en Euskadi.

Y es que al País Vasco llega lo mejor de cada familia. «En los hogares se suelen elegir a los miembros más sanos para emigrar», apunta Marro.

Llegan en plena forma y muchas veces empeoran aquí. Adaptarse a un país extraño no es fácil, y menos si sufren abuso laboral y marginación social. «Esto se refleja en la salud de toda persona», recuerda el director de Inmigración.

Y curioso: los inmigrantes se sienten con más libertad y control sobre sus vidas que los autóctonos. Los foráneos dan un 7,78 (sobre 10) a este aspecto, mientras que los nativos lo dejan en un 7,61.

Los que llegan de otros países «obtienen aquí una sensación positiva, ya que muchas veces sufren allí una calidad de vida deficitaria», explica Marro. Eso sí, los foráneos puntúan sólo con un 5,9 su economía doméstica.

Tópicos derribados

Ni los inmigrantes usan más los servicios sanitarios públicos ni pueden traer enfermedades propias de otras latitudes. Así lo aclaró ayer el responsable del Departamento de Sanidad, Xabier Elexpe. Éste añadió que «es prácticamente imposible» que lleguen nuevas enfermedades porque aquí no existen las vías de transmisión que hay en otros países. Sanidad está preparando una red de traductores y mediadores entre médicos y foráneos.