Bebes recien nacidos
Las madres reivindican poder dar a luz en casa. Archivo

Cada vez más familias requieren un parto diferente. Por una opción personal o debido a una mala experiencia en un hospital, deciden huir del intervencionismo excesivo y optan por tomar un papel activo en el nacimiento de sus hijos.

En el parto en casa los verdaderos protagonistas son la madre y el bebé 

Con estos deseos han cobrado nuevos bríos las corrientes que reclaman el hecho de que los partos se lleven a cabo en la intimidad del propio domicilio.

En estos casos, los verdaderos protagonistas son la madre y el bebé, mientras que la comadrona y los parientes se convierten en espectadores cuya única misión es favorecer el transcurso normal de un acto fisiológico como es la llegada al mundo de un nuevo ser.

No obstante, las dificultades de llevar estos métodos a la práctica, sobre todo en las grandes ciudades, han provocado que las instituciones sanitarias estén haciendo un esfuerzo por reducir la medicalización del nacimiento y por ofrecer un trato indivual y cercano que quite al parto los tintes de acto quirúrgico que tiene en la actualidad.

No obstante, debe promoverse una transformación total no sólo de los centros de maternidad y de todos los profesionales implicados en la tarea de traer un niño al mundo.

Las propias mujeres deben tomar las riendas de su gestación y de su salud y prepararse para ese momento teniendo en cuenta que el hecho de disponer de más y mejor tecnología no garantiza una experiencia maternal más satisfactoria y, ni mucho menos, un parto sin complicaciones.

Londres da la opción

Al abrigo de estos deseos y lejos de ser sólo una reivindicación de hippies y feministas, los partos domiciliarios se han popularizado en el Reino Unido, donde el Gobierno se ha comprometido a garantizar esa opción a todas las mujeres para el 2009.

El Gobierno se ha comprometido a garantizar esa opción a todas las mujeres para el 2009 

Cada vez son más las británicas que piden dar a luz de forma natural, con la ayuda de comadronas, en la postura que quieran y sin intervención médica innecesaria, y un número creciente reclama poder alumbrar en su propia casa, en su ambiente y a su manera.

En el 2005, último año recogido en las estadísticas oficiales, un 2,6% del total de partos en Inglaterra (639.627) fueron en el domicilio, frente al 1,9% de diez años antes.

«Nuestras consultas a grupos de mujeres y organizaciones dedicadas a la maternidad demostraron que poder tener a los hijos en el hogar es uno de los deseos más extendidos, así que nos propusimos ofrecer esa posibilidad a todas las embarazadas», ha explicado a EFE una portavoz del ministerio de Sanidad, Vicky Maccallum.

Para cumplir esa promesa, el Gobierno debe invertir en la formación de más comadronas, para asegurarse de que las clínicas de cada barrio tienen un equipo preparado capaz de informar y asistir a la mujer en el lugar que prefiera, el domicilio o el hospital.

Sólo lo podrán practicar aquellas que tenegan un embarazo de bajo riesgo y sientan que pueden beneficiarse del ambiente hogareño

 

«Calculamos que, para que el plan sea factible, necesitamos aumentar el número de comadronas en Inglaterra y Gales de 19.000 a 22.000», señala Sean O'Sullivan, del Real Colegio de Comadronas, un organismo que ha acogido la iniciativa gubernamental con los brazos abiertos.

Lógicamente, no todas las mujeres pueden optar a un parto en casa, «sólo las que tienen un embarazo de bajo riesgo y sienten que pueden beneficiarse del ambiente hogareño», advierte O'Sullivan, que subraya que «lo importante, es que puedan decidir».

Las embarazas con diabetes, alta presión sanguínea, alguna dolencia o cuyo bebé no está en la postura adecuada o nace antes de las 37 semanas de gestación, tienen, por fuerza, que dar a luz en el hospital.

Pero, en el 98%de los casos, los embarazos no presentan mayores problemas y, entonces, las mujeres que lo escojan «pueden beneficiarse mucho de alumbrar en su hogar, en control total de la situación y sin un ambiente clínico, viviendo la experiencia de forma natural», apunta O'Sullivan.

La mayoría de los hospitales públicos en el Reino Unido están preparados para dar a luz sin intervención médica, en la postura deseada, sin epidural (si así se elige) o incluso en una piscina, con la ventaja de tener cerca los equipos de emergencia.

Pero lo positivo de alumbrar en casa es que la embarazada, como anfitriona, tiene a las comadronas totalmente dedicadas, además de poder organizar su tiempo y movimientos como mejor le convenga.

«Por supuesto, nosotras detectamos cualquier complicación con antelación y, si es algo que no podemos solucionar, rápidamente llamamos a la ambulancia de guardia para hacer un traslado al hospital», apunta Judith Lyons, partera del hospital londinense de Saint Thomas, que ha tenido a sus tres hijos en el hogar.

Zobaida Ali, una anglo-bangladeshí de 37 años, tuvo tan mala experiencia en su primer parto, en el que le practicaron una cesárea que ella consideraba innecesaria, que al segundo bebé quiso tenerlo en casa, a su ritmo y en el agua.

«Como tenía un historial de cesárea, la seguridad social no me lo permitió, así que tuve que hacerlo con una comadrona independiente, con un coste de 3.000 libras (unos 4.500 euros)», explica.

«Pero fue la experiencia más bonita de vida -asegura-. Solos mi compañero y yo, en la penumbra de las velas, con la comadrona en un discreto segundo plano».

«El parto progresó sin problemas y el agua ayudó a aliviar el dolor -recuerda Ali-. Y cuando salió mi hija, e inmediatamente me la puse en el pecho, tuve la sensación de haber logrado algo grande, yo sola, tal y como la naturaleza lo había previsto».