La erupción del volcán Fogo, en la isla del mismo nombre del archipiélago de Cabo Verde, refleja que durante la primera semana de la erupción, el valor medio de la cantidad de dióxido de azufre (SO2) arrojada a la atmósfera fue del orden de las 10.900 toneladas diarias, un valor ligeramente inferior al de la emisión total de dióxido de azufre (SO2) generada en Europa como consecuencia de la actividad humana caso de industrias, centrales eléctricas, tráfico o calefacción, aproximadamente unas 14.000 toneladas diarias.

Según datos del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), presente en la isla desde el 25 de noviembre a petición de la Universidad de Cabo Verde, durante la segunda y la tercera semana de la erupción, la tasa de emisión de dióxido de azufre (SO2) a la atmósfera reflejaba un descenso relativo, registrándose valores medios de 8.600 y 9.000 toneladas diarias, respectivamente.

Esta tasa registró valores aún más pequeños durante la cuarta semana de la erupción, aproximadamente 4.500 toneladas diarias. Este descenso del 50% se ha observado también en las semanas posteriores dado que el valor medio de la tasa de emisión de dióxido de azufre (SO2) a la atmósfera durante la quinta y sexta semana ha sido del orden de las 2.400 y 2.200 toneladas diarias, respectivamente.

En el caso de la séptima semana de la erupción, se ha vuelto a registrar un descenso del 50% respecto a las dos semanas anteriores registrándose un valor medio de 1.100 toneladas diarias.

A pesar del descenso registrado de la tasa emisión de dióxido de azufre (SO2) a la atmósfera durante estas primeras 7 semanas de la erupción de Fogo, la emisión de dióxido de azufre (SO2) continúa siendo "relativamente grande", advierte Involcan en una nota.

Dependiendo del nivel de actividad volcánica y en función de la cantidad de dióxido de azufre (SO2) inyectado a la atmósfera por sistemas volcánicos, estas emisiones de dióxido de azufre (SO2) pueden clasificarse como pequeñas (menos de 200 toneladas diarias), moderadas (200-1000 toneladas diarias) y grandes ( más de 1000 toneladas diarias).

El conocimiento y la monitorización diaria de la emisión de dióxido de azufre (SO2) relacionado con una erupción en curso refleja el contenido de volátiles/gases del magma que está arrojando esta erupción, y los cambios en la emisión de dióxido de azufre (SO2) se encuentran estrechamente relacionados con incrementos o disminuciones en la tasa de emisión de magma por el sistema volcánico. Por lo tanto, es una herramienta de monitorización muy útil para la detección de cambios en la actividad volcánica.

Para evaluar y cuantificar estas emisiones a la atmósfera se utilizan sensores óptimos remotos tipo 'minDOAS' montados en vehículos (posición móvil terrestre) que realizan diariamente varios trayectos de 15 a 25 kilómetros de longitud.

Pérdidas cifradas en 50 MILLONES

Además de conocer la concentración lineal (ppm.m) de dióxido de azufre (SO2) que se registra con el sensor óptico remoto, se precisa conocer la velocidad y dirección del viento entre los 3.000 metros de altura para cuantificar estas emisiones.

Este último dato es proporcionado diariamente por Roberto Quevedo, colaborador científico del Involcan, una vez procesa los datos proporcionados por

Gfs noaa.

Desde la llegada de Involcan a Cabo Verde el pasado 25 de noviembre de 2014, el equipo ha realizado hasta la fecha más de 170 mediciones sobre la emisión de dióxido de azufre (SO2) por la erupción de Fogo y recorrido más de 2.500 kilómetros de distancia.

La erupción actual no ha causado pérdida de vidas humanas, y por el contrario, las pérdidas materiales ocasionadas por esta erupción han sido hasta la fecha muy importantes, con daños que el Gobierno cifra en 50 millones de euros.

Las coladas de lava generadas por la erupción han arrasado Portela y Bangaeira, dos poblaciones de Chã das Caldeiras, situadas a unos 1.600 metros de altura, así como más del 30% de las 700 hectáreas de tierras de cultivo. Los cerca de 1.500 habitantes de los dos pueblos de Chã das Caldeiras han sido desplazados a tres centros de acogida situados en el norte y sur de la isla de Fogo.