Mafias de plastificadores ilegales acosan a viajeros y amenazan a empleados de Barajas

  • Medio centenar de plastificadores ilegales de maletas operan en el aeropuerto.
  • La adjudicataria legal del servicio denuncia amenazas a sus trabajadores.
  • Los embaladores legales, en pie de guerra para no perder sus puestos de trabajo.
Un plastificador ilegal embala en plástico las maletas de una viajera en el aeropuerto de Barajas (Madrid).
Un plastificador ilegal embala en plástico las maletas de una viajera en el aeropuerto de Barajas (Madrid).
JORGE PARÍS

Llegar a Barajas para un viaje internacional y que trabajadores informales te ofrezcan plastificarte la maleta por cinco euros ya es común: una actividad en la frontera entre la picaresca y la delincuencia que pone en peligro la viabilidad de la empresa de embalaje oficial, cuyos trabajadores reciben amenazas de manera habitual.

“Después de que me rayaran el coche dos días seguidos, opté por estacionar fuera del aeropuerto y llegar en autobús”, cuenta Bárbara (nombre ficticio), promotora de ventas la adjudicataria de plastificado Safebag Zorpack.

Es comprensible: el año pasado interpuso una denuncia contra un embalador ilegal que amenazó con violarla en su coche. El mismo que luego le rayaron.

Vivo con miedo. La seguridad privada no hace nada. La Policía pide normativa para actuar a Aena, y ésta dice que es la policía. Y, mientras tanto, nosotros al medio”, agrega Bárbara.

Los embaladores ilegales -generalmente ciudadanos del este europeo y de África- operan a la vista de todos, como comprobó 20minutos.es, hábiles para huir de unos vigilantes de seguridad que se limitan a entorpecer su labor cuando les ven o cuando alguien les advierte.

Este juego del gato y el ratón que deja al descubierto grietas de seguridad en el mayor aeropuerto español se da principalmente por las mañanas, cuando hay más vuelos, en todas las terminales del aeródromo.

Lo barato puede salir caro

El plastificado ilegal no da ninguna garantía y se hace con plástico de baja calidad, como comprobó Myriam, una pasajera que hacía cola para plastificar legalmente sus maletas tras haber probado el embalaje ilegal.

“Es un desastre. La culpa no es de ellos (los ilegales), que se están buscando la vida: la culpa es de una por querer ahorrarse unos euros y al final es una chapuza. Al final lo haré con el embalaje bueno, fue como tirar cinco euros”, confiesa.

En cambio, una pareja en la cola de facturación para un vuelo internacional se mostraba contenta de haber aprovechado la oferta ilegal.

“Los negritos, andan por allí y te cobran sólo cinco euros”, decían, con entusiasmo y sonriendo.

Incluso están quienes optan por hacerlo ellos mismos: no es extraño ver a familias enteras que se traen sus maletas plastificadas desde casa.

Puestos de trabajo en peligro

La empresa dice que esta actividad le hace perder demasiados ingresos, lo que la llevó a plantear un recorte de plantilla del 25% hace unas semanas.

“Estamos perdiendo un millón de euros al año”, dice Juan Rivas, director comercial de Safebag.

A partir de allí, el personal enarboló sus banderas.

“Los directivos nos dieron luz verde para que los trabajadores luchemos porque a ellos Aena no les hace caso”, señala el delegado sindical de Safebag, que no quiso dar su nombre, y que dice que un africano le amenazó a viva voz con cortarle las tripas y hacerle vudú. Denunció, fue a juicio, y al agresor le multaron con 30 euros, cuenta.

La semana pasada, las máquinas de plastificado estuvieron coronadas con carteles de protesta: “No a los plastificadores ilegales”, “Aena permite que nos roben”. Hasta que el regulador les obligó a quitarlos. Ahora usan camisetas reivindicativas y reparten octavillas informativas.

“¿Por qué cuando viene un presidente, o unos potenciales compradores del aeropuerto, limpian todo, pero en el día a día no?”, pregunta Bárbara.

Los plastificadores ilegales también recortan, mes a mes, el poder adquisitivo de los trabajadores legales, quienes reciben bonificaciones por cada maleta: a menos maletas plastificadas, menos dinero.

“Yo dejo de ganar unos 100 euros al mes por culpa de esta actividad ilegal, y eso que por la tarde no se trabaja tanto: a la mañana se cobra más porque hay más gente, ellos pierden más”, cuenta Jhon, empleado de Safebag desde 2012.

Mucho canon

Plastificar una maleta legalmente cuesta 11 euros con seguro y 7 sin él. Aunque a los clientes, habitualmente, la empresa no les informa del precio sin seguro si ellos no lo preguntan.

“Igual que si en McDonald’s no lo especificas, te ponen el menú grande”, dice Bárbara, quien opina que esta medida es comprensible, dado que la empresa corre riesgo.

“El dinero que nos deja de entrar, le deja de entrar a Aena también”, explican desde la empresa, a la que el operador le cobra el 67% de su facturación en 2014. Además, le exige una renta mínima anual que crece progresivamente desde los 2,1 millones en 2010 hasta los 3,3 millones en 2015.

“Las condiciones del concurso de 2010 se hicieron con unas previsiones de 12 millones de pasajeros más al año, con lo cual todas las explotaciones de Aena están hoy ahogadas; y además, también tenemos que lidiar con esta competencia desleal”, agregó Juan Rivas, quien solicitó a la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que ponga en marcha los efectivos necesarios para que se garantice la seguridad.

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