La voltereta del circo español

  • En los últimos años, esta actividad multiartística ha pasado de ser un mundo cerrado y de índole familiara abrirse a todos los que deseen practicarlo.
  • Hay decenas de escuelas de circo por toda la Península que dan talleres y al menos tres que ofrecen formación profesional reglada.
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Una buena forma física se puede conseguir aprendiendo circo, en lugar de ir al gimnasio. Escuela de circo Rogelio Rivel.
Una buena forma física se puede conseguir aprendiendo circo, en lugar de ir al gimnasio. Escuela de circo Rogelio Rivel.
Hugo Fernández

La imagen del circo que aún tenemos la mayoría es la de familias que viajan en caravanas llevando a diversas latitudes su espectáculo de proezas físicas, sus jaulas rodantes con leones, tigres y elefantes. Pero la verdad es que esa manera tradicional de hacer circo ha sido superada por nuevas formas de expresión y por una democratización y profesionalización que ha abierto este mundo a cualquiera con deseos de practicarlo e, incluso, vivir de ello.

Se trata del circo contemporáneo. Ya hay decenas de escuelas por toda la Península que dan talleres del más alto nivel, y al menos tres que brindan una formación profesional reglada. Los actuales referentes de esta disciplina en España empezaron a trabajar principalmente en Madrid y Barcelona hace unos 30 años, haciendo evolucionar el arte circense desde una concepción centrada en la proeza técnica hacia formas de expresión más ricas y complejas.

Expertos en la materia

Rogelio Rivel sirvió de puente entre ambas tendencias. Payaso y acróbata catalán perteneciente a la dinastía circense de los Rivel, alcanzó gran popularidad en los 60 y los 70, cuando, con sus hermanos Marcel y Polo, viajó por todo el mundo con su compañía de clowns Los Tres Rivels. Nacido en 1909, fue un pionero en entender que el futuro del circo pasaba por permitir la entrada de cualquier persona a este mundo. Una vez fallecidos sus hermanos, se dedicó a la docencia hasta muy pocos años antes de su muerte, en 2001.

Rogelio ejerció como maestro de circo en Cataluña y una de sus pupilas fue Tere Celis, una canaria afincada en Barcelona, que homenajeó a su maestro bautizando con el nombre de Rogelio Rivel la escuela de circo de la que fue cofundadora a finales del siglo xx. Para entonces, Tere llevaba una década formándose como artista de circo integral (gimnasta, acróbata, bailarina e intérprete) y trabajando en compañías y en la calle. Entonces notó que "la gente pedía una sistematización de la enseñanza".

Así que, en 1999, hicieron un proyecto piloto que funcionó y un año después fundaron la escuela, que actualmente imparte el curso profesional de tres años (dos generales y uno de especialidad) a unos 22 alumnos por cada nivel, además de talleres para el público en general sobre las diversas disciplinas del circo.

Hace también 30 años que Donald Lehn,  un artista callejero neoyorquino, tuvo la suerte de que se le rompiera la furgoneta en España. Iba de Inglaterra a Marruecos, viviendo de sus espectáculos a la gorra como malabarista, mago y payaso. "Mientras esperaba una pieza de recambio, encontré amigos y oportunidades y pasé el invierno aquí: 30 inviernos después no he conseguido despegar", dice. Donald conoció a otros artistas circenses como el español Javier Jiménez, con quien se dedicó a hacer malabares en el Parque del Retiro y en centros culturales, y fundaron la Asociación de Malabaristas en 1988. "Como dijo Descartes, ‘Papelito ergo sum’ (Papelito luego existo): tuvimos que formalizar una asociación para que nos tomaran un poco en serio", recuerda.

<p>Clase de trapecio en Charivari (Madrid)</p>

Con las aportaciones fundamentales de personas de formación más reglada, la argentina Helena Lario (que es jueza olímpica de gimnasia) y el ruso Vasili Protsenko (quien traía el rigor de la Escuela de Circo de Moscú), la Asociación de Malabaristas fue la semilla de lo que seis años más tarde se convertiría en la primera y única escuela de Madrid que imparte el curso profesional (dos años más especialidad): Carampa. A tal punto ha llegado la profesionalización de Carampa que a partir de este curso la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) brinda la posibilidad de especializarse en Circo dentro de su carrera de Audiovisuales y Danza con profesores de esta escuela.

Así, Donald pasó de ser un artista callejero a ser el presidente de esta escuela que cada año gradúa a una treintena de alumnos. Además, actualmente preside la Federación Europea de Escuelas de Circo Profesionales (FEDEC), conectada también con escuelas de Norteamérica, Latinoamérica y Australia. "Me convertí en un docto del mundo del circo, pero estuve activo como artista callejero hasta hace muy poco: los artistas añoramos la libertad que nos quita la formación reglada", confiesa. Pero advierte que en el circo hay que trabajar duro: "Es tan exigente como el deporte de alto nivel, por lo que para llegar a un punto de excelencia técnica y riqueza expresiva debe haber una disciplina enorme".

En este sentido, Donald subraya que, gracias a la democratización del circo, este es cada vez más un arte expresivo: "Quizás hace 30 años era más un entretenimiento, pero en las últimas décadas este lenguaje se ha renovado absolutamente para que hoy el artista se pregunte, más que cuál es el truco que quiere hacer, cuál es el mensaje que quiere comunicar".

Atrás quedaron los tiempos en los que el circo en España eran Los payasos de la tele, la popular acróbata Pinito del Oro (el Nodo solía destacar sus éxitos en todo el mundo) o, más reciente, Ángel Cristo. El circo contemporáneo, sin desdeñar la excelencia en la técnica inherente a la actividad, considera más importante la expresión artística que la dificultad física: busca emocionar más que asombrar. Música, coreografía, interpretación, iluminación: todo apunta a transmitir un mensaje que conmueva. Antes que hacerte abrir la boca, prefiere que se te ponga la piel de gallina. Quizás la referencia mundial en este sentido sea el Cirque du Soleil, aunque las compañías españolas no cuentan con semejante poderío de medios: por eso tienen que aguzar el ingenio.

Además de ser un arte, el circo sirve para luchar contra la exclusión social: es el circo social, que empieza a despuntar en España. "Para personas con discapacidad, jóvenes de barrios marginales, con problemas de drogas o cumpliendo pena por algún delito, madres solteras muy jóvenes... puede servir como herramienta para recuperarla autoestima, la confianza en el trabajo en grupo, que valoren su esfuerzo y sus logros. Es una terapia", explica Gisele Chaulet. Su escuela tiene el proyecto IgualArte en centros ocupacionales de personas con discapacidad y participa en el programa Clowns for Inclussion. ¿Los fondos? Patrocinadores, entidades públicas, fundaciones: la principal lucha es encontrarlos.

Muchas escuelas de formación

Hoy, España cuenta con centros como la Escuela de Teatro y Circo CAU de Granada (que también imparte el curso profesional), Circonove de Santiago de Compostela, la Escuela de Circo de Valladolid y la Escuela de Circo Diverso de Tres Cantos (Madrid), entre otros.

También han proliferado las academias como Charivari, en el centro de Madrid, que no imparten el curso profesional pero brindan formación al más alto nivel. Su dueño y fundador es otro referente del circo contemporáneo en España: el cubano Roberto Gasca Torres (en la imagen superior), quien llegó al país hace 19 años y participó en la consolidación de Carampa hasta que se decidió a abrir su propia escuela.

Roberto trabajaba con el célebre cabaret Tropicana en Marbella, y allí conoció a su esposa: "Comenzamos una relación y, cuando terminé mi contrato con Tropicana, me vine a España". Cuenta que "en esa época no había escuelas de circo", un terreno ideal para alguien con ganas de hacer cosas. Actualmente, Charivari tiene unos 60 alumnos al mes. Imparte cursos mensuales por asignaturas (acrobacia, telas aéreas, trapecio y aro, equilibrio), un curso trimestral de tres asignaturas y uno anual de todas las asignaturas. Además, dan cursos específicos de perfeccionamiento para profesionales.

Una de las fortalezas del circo es que abarca un amplio espectro de edades y funciona como una alternativa al gimnasio, más divertida y satisfactoria. "El grueso de gente no son artistas de circo, vienen en lugar de ir a un gimnasio, que es monótono. También para superar sus miedos, educando su cuerpo de una forma nueva al tiempo que se distraen, se relacionan, aprenden a apreciar el circo... y se sienten realizados porque los elementos que incorporan van cambiando: se tienen que meter en una coreografía, adaptar a la música… Es un bicho que te pica y ya no puedes salir, sientes la necesidad de ir avanzando", explica Roberto. En su opinión, a diferencia del gimnasio, esta disciplina "tiene implícitas emociones que el deporte no lleva: vestuario, música, interpretación... un compendio de asignaturas que lo hacen muy rico. El circo es prácticamente infinito, tiene mucha versatilidad".

En la islas también se practica. Es el caso de la Escuela de Circo MSB, de Las Palmas de Gran Canaria. Una de sus fundadoras, la argentina Gisele Chaulet, lleva nueve años en España. Al poco de llegar cofundó esta escuela con el canario Octavio Falcón, donde imparten dos cursos con unos 60 alumnos en total. Además, hacen actividades con unos 500 alumnos de colegios cada año. Tienen su sede en Vecindario (a 40 kilómetros de la capital) y algunos cursos en Las Palmas, lo que permite que crezca su alumnado.

"A pesar de que tenemos un espacio que amamos en Vecindario, la distancia era un problema. Ahora hemos abierto muchas más posibilidades porque le queda más cerca a la gente y el interés es creciente: cada vez tenemos más alumnos, más cursos, más profesores", cuenta Gisele. Dice que el atractivo del circo se debe a que es muy completo: "Cumple dos funciones: activar el cuerpo y la creatividad, por lo que es una disciplina tanto artística como deportiva y eso es difícil de encontrar en otras actividades".

El coste medio de los cursos mensualesregulares de las escuelas de la Península oscila entre los 60 y los 100 euros. Cada uno de los años del curso profesional ronda los 3.000 euros. "El precio medio por hora es mucho más barato para el curso profesional, ya que están siete horas por día, cinco días a la semana", explica Tere Celis, directora académica de la única escuela profesional de Cataluña, una comunidad autónoma en la que hay una veintena de centros que trabajan con regularidad. Tal intensidad implica dedicación exclusiva: "Pedimos que la gente tenga una bolsa económica para que puedan hacer los cursos sin tener que trabajar, sino es casi imposible".

Sin embargo, a la Escuela Rogelio Rivel no le faltan alumnos: "En Barcelona hay bastante demanda, se presenta más gente de la que podemos coger para los cursos", asegura la directora. Tienen unos 200 usuarios semanales de talleres regulares y, por ahora, no conceden becas aunque buscan financiación para poder darlas. No ha sido menor el apoyo que en Cataluña ha recibido esta actividad por parte de la Generalitat, con dos planes de apoyo (Primer y Segundo Plan integral del Circo) que se suman al Plan General del Circo del Ministerio de Cultura español.

"Hay muchas escuelas de circo en Cataluña, entonces cada una se ocupa de diferentes apartados: mientras nosotros nos centramos en la formación profesional y general, otras se dedican a la formación infantil; otras, exclusivamente a profesionales y algunas, más bien al circo social. Incluso nosotros trabajamos muchos años para prisiones, hasta que nos quitaron la subvención", asegura Tere Celis.

Así las cosas, el futuro del circo en España parece brillante. Aunque ya no lo retransmitan por televisión.

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