La compañía más antigua del mundo ha cerrado sus puertas.

Kongo Gumi, que se creó en el año 578 y que se dedicaba a la construcción de templos, pereció el pasado año por culpa de una deuda excesiva y del negativo clima económico imperante en 2006.

El semanario Business Week se pregunta cúal es el secreto para que una compañía sobreviva durante tanto tiempo.

El primero es operar en un sector estable como el de la construcción de templos.

El budismo no ha cambiado mucho en todo ese tiempo y tiene millones de seguidores.

Kongo sobrevivió a tiempos difíciles, especialmente durante la restauración Meiji en el siglo XIX, cuando perdió los subsidios públicos y comenzó a construir edificios comerciales por primera vez.

A pesar de las maniobras de diversificación -también construyó ataúdes durante la segunda guerra mundial-, el 80 % de los 67,6 millones de dólares de ingresos de la compañía en 2004 seguían proviniendo de la construcción de templos.

Nepotismo inteligente 

El segundo de los secretos era el liderazgo continuado.

El último presidente era el cuadragésimo miembro de la familia que ostentaba ese cargo.

Pero lejos del nepotismo más tradicional, en Kongo Gumi el cargo de presidente no pasaba al hijo mayor, sino que se le daba al hijo (o familiar) más cualificado.

El final de la compañía se produjo por dos razones principales: el excesivo nivel de deuda que había tomado prestada para invertir en ladrillos durante la burbuja inmobiliaria de los años 80; y los cambios sociales que al igual que en otros países han tenido lugar en Japón, con una caída dramática de los donativos ofrecidos a los templos a partir de finales de los noventa.

Ambos factores combinados (la pérdida de valor de los activos y los intereses y principal cada vez más altos) fueron los que ocasionaron que la compañía tuviera que ser adquirida por Takamatsu, una constructora japonesa de mayor tamaño, perdiendo el nombre que había llevado orgullosa durante casi quince siglos.