El complejo hospitalario Juan Canalejo estrenará este mes el demandado módulo de presos. Las asociaciones de vecinos de la ciudad llevan más de dos décadas exigiendo que los reos que ingresan en el centro no compartan habitación con el resto de los pacientes. Pasados estos veinte años, en los próximos días el módulo será una realidad.
Así lo confirmó ayer la ex subdelegada del Gobierno, Obdulia Taboadela, en el acto de despedida de la Policía Nacional. Y es que no sólo los vecinos demandaban la creación de este módulo de seguridad. También era una exigencia de los sindicatos del 091, que denunciaron en repetidas ocasiones el gran número de agentes que se destinaban a vigilar a los presos, habitación por habitación. De hecho, Taboadela reconoció que el sistema actual obliga a realizar «desplazamientos innecesarios de efectivos».

De 60 a tres agentes

Puesto que, para garantizar la seguridad de pacientes y profesionales del hospital, cada preso internado está vigilado por varios policías, llegando a permanecer en el centro casi 60 agentes.
Pero la entrada en funcionamiento de la llamada Unidad de Asistencia a Reclusos permitirá que la custodia la ejerzan tan sólo dos o tres policías. El módulo ocupa la mitad de la novena planta del edificio principal del hospital. Es una zona de máxima seguridad con cuatro habitaciones dobles con ventanas y puertas blindadas.

Además de la separación de presos con el resto de los enfermos, la seguridad del Canalejo se reforzará con la creación de una área de aislamiento para violentos en Urgencias. Empezará a funcionar en unas semanas.

Sin posibilidad de huida

El módulo de presos se ha diseñado con dos fines: mantener separados a los pacientes ordinarios de los reclusos y optimizar el servicio de custodia. Por todo ello se ha apostado por usar diversos sistemas de seguridad con el fin de evitar los intentos de suicidio, el consumo de drogas y posibles fugas. De hecho, en los últimos años se han registrado algunas huidas de presos en el hospital. Las habitaciones están diseñadas para prevenir incendios, destrozos y motines. Todas  se mantienen vigiladas con cámaras, al igual que el resto del recinto. Y los visitantes tendrán que pasar por un arco de detección de metales y someterse a un cacheo.