'Prayer'
La ilustradora Olivia Knapp califica su trabajo de "instrospectivo, paciente y metafórico" y usa los órganos humanos como símbolos de un conflicto interior Olivia Knapp

"Ahí tienes a las arterias del corazón, sujetando unas gafas alrededor del cerebro. La médula espinal se transforma en el cable de unos cascos que están en torno al corazón. Ambos órganos están claramente tratando de comunicarse entre ellos con sus propios aparatos. Sin embargo, el cerebro no tiene ojos y el corazón no tiene oídos. Intentan con todas sus fuerzas entenderse, pero son fundamentalmente diferentes y es casi imposible".

La ilustradora estadounidense Olivia Knapp habla con pasión de uno de sus trabajos preferidos, Prehensility (Prensilidad). El estilo clásico de la obra choca con el surrealismo de la escena: dos órganos vitales actuando por libre, metidos en una pecera redonda con un fondo de piedras, observados por un pequeño pez de acuario.

El trazo depurado también engaña: las ilustraciones de Knapp parecen grabados realizados con técnicas típicas de los siglos XVI, XVII y XVIII como las empleadas por grandes artistas como el holandés Hendrick Goltzius (1558-1617), del que se declara una ferviente admiradora. Cita entre sus favoritas obras cumbre del grabado como Anatomía de un útero humano grávido de Jan van Rymsdyk y El dragón devorando a los compañeros de Cadmo, precisamente de Goltzius, "el maestro de todos los grabadores".

"Introspectivo, paciente y metafórico"

Califica su trabajo de "instrospectivo, paciente y metafórico" y usa los órganos como símbolos de un conflicto interior. "A menudo vivo una lucha entre la cabeza y el corazón. Se trata de un acto de constante equilibrio para mí. Dependiendo de las circunstancias, uno puede pesar más que el otro". Aplicando cualidades humanas, la artista busca representar de manera gráfica la complejidad de vivir entre la emoción y la razón.

Vivo una lucha constante entre la cabeza y el corazónRecuerda emocionada cómo influyó en su trabajo una exposición a la que acudió hace años en el MoMA de Nueva York, donde pudo observar la evolución del grabado —tradicionalmente ninguneado con respecto a la pintura— y se enamoró del modo en que las líneas perfilaban la superficie.

Aunque el grabado constituye su gran referente y lo considera un testamento artístico sin el que no podría ser quien es, no se plantea abandonar la ilustración para iniciarse en el medio. La autora dice que no quiere limitarse a "copiar un oficio", sino a utilizar esa misma estética para "reinventar" su apariencia. "La fluidez con que uso la pluma y el papel inflama en mí la misma emoción que sentí aquel día en el MoMA".