La Sección Segunda de la Audiencia de Granada ha condenado a 13 años y medio de prisión a un preso que aprovechó un permiso penitenciario para fugarse y para robar y agredir sexualmente a una joven que trabajaba como dependienta en una tienda de ropa situada en el Carril del Picón, en la capital.

El tribunal atribuye al procesado, de iniciales F.J.M.G., un delito de agresión sexual con acceso carnal y otro de robo con intimidación, aunque lo absuelve del delito de lesiones psíquicas que le imputaba la acusación particular —representada por la letrada de Amuvi y socia de Litigalia Yolanda Solana—. Además, le prohíbe acercarse o comunicarse con su víctima durante un periodo de trece años y le impone el pago de una indemnización de 20.000 euros para la joven.

Según consta como probado en la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, los hechos se remontan a las 13,00 horas del 13 de marzo de 2012, cuando el acusado, aprovechando que la empleada de la tienda se encontraba sola, cogió el auricular del teléfono desde el que estaba hablando, lo colgó y le dijo que ya se había "acabado la conversación".

Ante ello, la dependienta intentó salir del mostrador, pero el inculpado, de 41 años, se lo impidió cortándole el camino, se situó frente a ella con las manos abiertas y la "obligó" a entrar en el probador. Ya dentro, y tras comprobar retirando la cortina que no había nadie en el establecimiento, se levantó la chaqueta y sacó un cuchillo de unos 30 centímetros de hoja del bolsillo interior para que la joven lo viera, lo guardó de nuevo y le ordenó que se retirara la camiseta.

Ella se bajó el escote y el hombre le tocó los pechos y le dijo que continuara quitándose la ropa, obligándola a practicarle una felación. A pesar de los ruegos de la dependienta, que, "horrorizada", pedía que la dejara y le advertía de que podría llegar su compañera, el inculpado la cogió con fuerza y la forzó a mantener sexo oral. Posteriormente, la besó en la boca, le metió la lengua y continuó haciéndole tocamientos, mientras que le decía que le hacía eso "porque a ella le gustaba".

A continuación, con "ánimo de ilícito beneficio", le dijo a la empleada que le tenía que entregar el dinero de la caja, la obligó a ponerse detrás del mostrador, sacó de nuevo el cuchillo, lo exhibió y de este modo obtuvo unos 300 euros. Seguidamente, le ordenó que se metiera en el almacén, estuviera allí quieta unos minutos y que no se le ocurriera salir, y después se marchó.

Lo ocurrido, según los magistrados, ha desestabilizado el equilibrio anímico de la joven, ha afectado a su sensación subjetiva de bienestar, y ha interferido en su calidad y estilo habitual de vida, produciéndole un menoscabo psíquico con la sintomatología propia del padecimiento sufrido (síntomas de evitación, recuerdos y pensamientos recurrentes intrusivos desagradables, alerta y miedo persistente) que "irá desapareciendo con el tiempo".

El procesado se encontraba en el momento de los hechos evadido del Centro Penitenciario de Córdoba desde el 27 de febrero de 2012, fecha en la que debía regresar después del permiso de salida que se le había concedido, según consta en la sentencia, contra la que cabe recurso de casación ante el Tribunal Supremo.

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