Fernando Villalonga y Natalio Grueso
Natalio Grueso (derecha), durante un acto público del Ayuntamiento de Madrid. EFE

Óscar Niemeyer, Woody Allen o Mario Vargas Llosa son solo algunos de los admiradores del trabajo de Natalio Grueso como gestor escénico, una etapa que ha decidido a cerrar para hacer realidad su sueño de crear. Acaba de publicar su primera novela, La soledad, y ya se ha vendido a varios países.

Grueso, nacido en Oviedo, hasta el próximo verano director del Teatro Español y de las Artes Escénicas de Madrid, no ha tomado su determinación "amargado" por el proceso legal abierto por su gestión del Centro Niemeyer de Avilés en Asturias, que dirigió entre 2006 y 2011, sino por la necesidad que tenía de cumplir su vocación.

Todos los grandes creadores a lo largo de la historia lo han sido porque se han ido"La vida pasa muy rápido y si tienes un sueño tienes que intentar hacerlo realidad. Sobre lo ocurrido solo puedo decir que lo importante no es lo que te pasa sino cómo lo afrontas y en ese sentido pesan mas en la balanza los momentos agradables que los desagradables", sostiene. Se refiere así al proceso iniciado por una denuncia sobre las cuentas del centro del anterior Gobierno de Asturias, que retiró a la Fundación Niemeyer la cesión del proyecto que el arquitecto brasileño, fallecido a los 104 años en diciembre de 2012, había donado a esa comunidad.

"No conozco un país donde se maltrate tanto a los emprendedores, a los creadores y a la cultura como en España. Todos los grandes creadores a lo largo de la historia lo han sido porque se han ido. Es un país muy injusto con sus creadores y no se por qué", afirma.

Es un país, añade, "muy cainita y envidioso" en el que "se valora poco el esfuerzo y el trabajo intelectual. En Estados Unidos se condena el fracaso, y aquí el éxito".

"Un puñado de historias de amor"

Su contrato con Madrid será su "última responsabilidad" en ese campo, para dedicarse a partir de ahora a escribir y producir. Su primera novela trata, precisamente, de personas que "logran hacer realidad sus sueños y los de los demás, hacerles felices" y en la que "solo" hay una frase autobiográfica, la primera: "nadie sabe tanto de la soledad como yo".

La gente "más expuesta" a la atención pública, dice como única explicación, es la que "más sabe de soledades".

Le gustaría haber llevado la vida de Bruno Labastida, su protagonista Le gustaría haber llevado la vida de Bruno Labastida -su protagonista-, "tan aventurera y apasionante". "No me habría dado miedo. Si la vida no te la tomas como un juego, no vale la pena", se ríe.

La soledad tiene, dice, "una carpintería muy original", "un puñado de historias de amor que se pueden leer independientemente, y que se hilvanan" por personajes comunes y otros tan extraordinarios como "el recetador", "el contrabandista" o el "cazasueños".

Confiesa que el texto inicial era el doble de las 280 páginas en las que se ha quedado, pero que preocupado por la tendencia de que "las cosas duran mucho más de lo que deberían durar" decidió podar e ir "a la esencia", y es ahora el lector el que debe "completar" la intrahistoria de personajes como "Carasapo".

En la lucha de los dos grandes poderes que mueven a la humanidad, el del interés, el dinero, la avaricia, y el de la generosidad y el amor, en La soledad acaba ganando el segundo.

Elogios de grandes artistas

Mario Vargas Llosa asegura en la faja del libro que La soledad es "un libro que se lee con placer y en el que en cada nueva página espera al lector una revelación todavía más sorprendente que en la anterior" y Paulo Coelho que es "una novela delicada, hermosa y conmovedora" cuya lectura le ha llegado "al corazón".

No sabe "qué les da" a personas como ellos o Niemeyer o Woody Allen para que le aprecien tanto y solo tiene palabras de alabanza para su "grandeza y a la vez humildad y su capacidad de implicarse en los proyectos de los demás".