Paco León: "'Carmina' nos ha reunido, ahora vamos a las alfombras rojas en familia"

Paco León durante la presentación de 'Carmina y amén'.
Paco León durante la presentación de 'Carmina y amén'.
Jorge París

Paco León estrena este miércoles 30 de abril su segunda película como director, Carmina y amén, un filme en el que su madre, Carmina Barrios, vuelve a ser la gran protagonista. La película, que tuvo una gran acogida en el festival de Málaga, podrá verse el martes 29 totalmente gratis en más de cien salas de toda España. Paco, con mucha incertidumbre sobre cómo funcionará la película, comenta algunas curiosidades sobre este segundo experimento en el que su trabajo y su familia han estado más unidos que nunca.

Carmina y amén es ficción, pero se intuye que hay mucho de realidad...

Por supuesto. La realidad es la inspiradora de todo esto. Mi madre como persona, mi hermana, sus relaciones, cosas que yo he visto de pequeño, mi infancia, esas conversaciones de vecinas que yo —a una distancia prudencial— escuchaba mientras dibujaba... Todo eso ha dado espíritu a esta película.

¿Ha cambiado mucho su madre respecto a la primera parte?

No, no ha cambiado. Yo tenía miedo de que se resabiara y perdiera la naturalidad, pero ha estado igual de fresca que en la primera. Lo único que ha cambiado es que ha aprendido de técnica, de marcas, de terminología... Ya no se sentía tan extraña repitiendo una secuencia una y otra vez o respetando un rácord.

En la película, María cada vez se parece más a Carmina, ¿eso también pasa en la vida real?

Sí, sí, sí, totalmente. Es Carmina B. Hasta yo también veo que me "acarmino". Mi madre —a la que yo conocí con 18 años, ya que me tuvo siendo muy jovencita— no ha sido siempre así. Yo creo que se ha hecho a sí misma. Ella, hija de militares, era bastante prudente y comedida en todo. La vida es lo que la ha hecho la mujer que es hoy. Con los años, cada vez le dan menos pudor las cosas, coge al toro por los cuernos y cada vez es más libre, y a mí es eso a lo que me gustaría tender.

A Carmina se le intuye además un magenetismo especial. Eso tampoco es ficción, ¿verdad?

Sí, totalmente. Ella tiene poder, y eso es algo que es muy difícil de impostar o de crear, pero ella lo posee y eso se ve sobre todo en las cosas más pequeñas de la vida, en cómo todo el mundo va a contarle sus problemas, por ejemplo.

El tema central de Carmina y amén es la muerte, ¿cómo es su relación con este asunto tan delicado?

La muerte es una cosa rarísima. Todo el mundo intenta tener una relación con la muerte de negación, de no querer saber y no tenerla presente. A mí es algo que me horroriza, no solamente mi muerte, que es inevitable, sino la muerte de tus seres queridos, que es lo que más miedo da. Lo único que queda es esperar que ojalá todo siga el curso natural y que siempre sean los hijos los que entierren a los padres, pero hay que aceptar que la muerte forma parte de la vida.

¿Cómo consigue el equilibrio entre drama y comedia?

Ese era un poco el reto, seguir haciendo comedia en un marco tan trágico como el de la muerte. Pero, como te decía, la inspiración es la realidad, donde está todo mezclado, y es en los velatorios donde a la gente le entra la risa floja. Partiendo de ahí, de observar los detalles, te sale esta cosa tan berlanguiana de retratos sociales muy oscuros en los que no tienes más remedio que sonreír.

El otro gran tema es la familia, que en este caso se convierte en algo casi metacinematográfico. ¿Cómo vive esta unión de sus mundos laboral y familiar?

Ha sido como una especie de reconciliación o de encuentro. No es que hayamos estado nunca peleados, pero yo siempre he sido muy despegado de mi familia. Desde muy joven empecé a estudiar teatro y me fui de mi casa, estuve en Barcelona, en Madrid... He sido bastante libre y he estado muy alejado de mi familia, con buen rollo pero siempre a lo mío. Y ahora, de repente he juntado los dos mundos, al que yo he elegido pertenecer, el del artisteo, el del cine y de la tele, y el personal. Primero vino María, invitada, y de repente se ha ido sumando gente gracias a estas películas. Se ha mezclado de una manera muy natural. Ahora vamos a las alfombras rojas en familia.

En el filme también se mencionan, en tono de broma, algunos temas controvertidos de la actualidad. ¿Es el humor la mejor forma de afrontar esos asuntos?

A mí me parece que el humor es una buena forma de afrontar todos los temas, incluso este de la crisis. Mi intención era hacer un retrato humano de unos personajes en el contexto de la España actual, así que si quieres ser fiel a esa fotografía tiene que verse la realidad en la que viven. Por ese motivo aparecen, aunque sea a nivel cotidiano, como chascarrillo, cosas como los problemas de la familia real, la corrupción, Bárcenas, las tasas de la universidad, la inmigración o los desahucios.

Algunos personajes también utilizan triquiñuelas para sacar provecho de otros, ¿somos los ciudanos también un poco responsables de la situación actual?

No, en absoluto. Para mí son actos que están en otro orden de cosas. Carmina puede burlar a la Seguridad Social para cobrar una paga de su marido, pero eso no tiene nada que ver con tener cuentas en Suiza de millones y millones. La supervivencia, el bienestar de tu familia, es otro móvil, uno que te lleva a hacer cosas que no están del todo bien pero que obedecen a un sentido de la justicia, uno propio, aunque esté fuera de la ley: a ella que no le quiten su dinero. En la supervivencia también está en la depredación.

En busca de soluciones en plena crisis

¿Dónde está más cómodo, delante o detrás de la cámara?

Estoy cómodo en ambos sitios, tiene diferentes comodidades. Lo más incómodo de toda esta nueva experiencia es la producción, un trabajo muy arduo que no tiene que ver con lo actoral, que sí que es creativo —hacen falta productores con criterio y con sensibilidad para hacer las cosas— pero es un coñazo, es lo que más cuesta.

Disfruta más con la parte creativa.

Sí, con la interpretación y también dirigiendo actores. Tengo la sensación de haber interpretado a cada uno de los personajes.

Si le tocara subir al escenario en los Goya, ¿daría un discurso crítico?

Motivos hay para dar uno y mil discursos críticos, pero yo, por honestidad y por mi carácter, me sale más hacer llamamientos optimistas. Quiero ser positivo. Hay mucha gente con muchísimo talento y, a pesar de lo difícil que nos lo ponen las instituciones y la crisis en general, se pueden hacer cosas. Yo llamo a la acción creativa. Soy bastante ácrata y me da igual quién esté ahí arriba en el poder.

Ese interés por hacer cosas dio origen al estreno multiplataforma de Carmina o revienta y ahora al día de exhibición gratuita, ¿a qué se debe este cambio?

Para mí no es un cambio sino una continuidad. La intención es continuar con el espíritu experimental de Carmina en sus dos versiones. En la primera nos pudimos permitir un estreno multiplataforma porque era muy barata. Aquí, eso no lo podíamos hacer ni queríamos, pero seguimos buscando nuevas maneras de hacer más accesible la película y de hacer que la gente vaya a verla al cine, que es la mejor forma de ver películas, aunque no la única.

La buena acogida del día del espectador a precio súper reducido y el éxito de Ocho apellidos vascos, ¿son buenas señales para el cine español?

Son brotes verdes, pero la taquilla sigue bajando mucho y el IVA cultural sigue haciendo estragos en la taquilla del cine, y en la del teatro no te digo. Está muy bien, hay que celebrar el éxito de Ocho apellidos vascos y las iniciativas del día del espectador y de la Fiesta del Cine, pero la cosa sigue sin estar bien. cada vez hay menos producciones y cada vez se ven menos, así que todo lo que se invente es poco.

Aída está a punto de terminar, ¿cómo está viviendo este punto y final?

Es un fin de ciclo muy largo y me da mucha pena pero también me da alivio por otra parte, porque ha sido un final agónico. Es un poco como las parejas, que tuvieron una historia que estuvo muy bien pero que ya se acabó. Siento una mezcla de lástima por dejar el mejor trabajo y seguramente el mejor personaje que tendré en mi vida y orgullo por haber ayudado a crear un éxito y haberlo mantenido fresco y vivo hasta el final.

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