La Gran Guerra, de la 'A' a la 'Z': las claves de un conflicto que cambió el mundo del siglo XX

Francisco Fernando y su mujer Sofía, en Sarajevo, poco antes de ser ambos asesinados.
Francisco Fernando y su mujer Sofía, en Sarajevo, poco antes de ser ambos asesinados.
BETTMANN/CORBIS

La Gran Guerra, que comenzó en verano de 1914 y terminó en la primavera de 1918, se puede narrar desde decenas de ángulos diferentes. Desde la óptica de los vencidos, de los vencedores o de ambos; desde el tradicional relato histórico o desde la recreación de las batallas; también se puede contar desde los muertos, que fueron casi 10 millones, o desde la desolación posterior a su fin.

Nosotros hemos decidido contar la Primera Guerra Mundial, de la que ahora se cumplen 100 años del comienzo, a través de palabras claves, conceptos políticos o nombres propios que, todos juntos, ofrecen una visión veloz y veraz de los principales hechos, sus protagonistas, sus causas y también sus consecuencias.

ARCHIDUQUE

Fue la primera víctima de la guerra, visto retrospectivamente. El archiduque Francisco Fernando fue asesinado el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, cuando estaba de visita por los territorios exteriores –repletos de tensiones nacionalistas– del plurinacional Imperio Austrohúngaro gobernado por su tío, Francisco José. Su muerte está considerada el casus belli de la Gran Guerra. Un mes y medio después, y tras una escalada diplomática y de alianzas cruzadas entre los diferentes Estados de Europa, comenzarían las hostilidades.

BALCANES

La península balcánica fue, durante la primera década del siglo XX, un avispero, una tierra sinuosa en la que las diferentes potencias europeas medían sus fuerzas y también su influencia en el contexto geopolítico del continente. Los Balcanes son el epítome de las tensiones nacionalistas que condujeron a la  Gran Guerra. Breves estampidas de violencia que no provocaron directamente el gran estallido mundial, pero al que contribuyeron.

CONTINENTES

La Gran Guerra es considerada la primera mundial porque involucró a más de 30 países y se combatió en tres continentes. Las imágenes que perviven en la retina hoy aluden la gran mayoría de las veces a la guerra en las trincheras europeas, a los frentes inmóviles durante meses, pero hubo batallas y escaramuzas más allá del continente europeo. La Gran Guerra fue una guerra total, y en este sentido de totalidad que los propios contemporáneos ya percibieron, solo sería superada luego por la Segunda Guerra Mundial.

DEUDAS

Tras el armisticio y el posterior Tratado de Versalles (ver más abajo), el bando perdedor de la guerra, en especial Alemania, se tuvo que enfrentar a las duras exigencias territoriales, pero sobre todo económicas, de los vencedores. Unas reparaciones de guerra excesivas y casi imposibles de cumplir en la práctica y que durante la posguerra fueron usadas como argumento por los movimientos ultranacionalistas –el partido nazi, principalmente–  para cargar contra aquellos que habían firmado una capitulación que consideraban como una puñalada en la espalda de sus propios compatriotas de la República de Weimar. Como dato curioso, Alemania terminó de pagar las deudas de guerra en el año 2010.

ENTENTE

Antes de la guerra, la geopolítica europea ya se dividía en bandos, agrupados por una mezcla de intereses estratégicos, políticos y por afinidades históricas y culturales. Así, la conocida como Entente era la alianza constituida por Gran Bretaña, Rusia y Francia. Enfrente estaban las potencias centrales, lideradas por Alemania, el Imperio Austrohúngaro y Bulgaria, a la que se unió poco después el Imperio Otomano.

FRENTES

La Gran Guerra, como ha retratado de forma muy precisa el cine, se basó militarmente en una serie de inmensos frentes de guerra constituidos a lo largo y ancho de las tierras de Europa. Frentes en los cuales los soldados pasaban meses, en unas condiciones físicas e higiénicas denigrantes, salvo que los hirieran o murieran en combate, con lo que eran trasladados a la retaguardia. Hubo varios frentes. El frente occidental es el más conocido y decisivo para el desenlace de la guerra, pero el oriental también fue importante.

GRAVILO PRINCIP

El joven anarquista que acabó con la vida del archiduque Francisco Fernando y su esposa, la condesa Sofía. Princip pertenecía a una sociedad secreta, denominada Mano Negra, cuya ideología nacionalista propugnaba la unión de Bosnia con Serbia. El atentado tuvo lugar en Sarajevo –por entonces capital de la provincia bosnia del Imperio Austrohúngaro– el 28 de junio de 1914. Princip fue detenido de inmediato y no fue condenado a muerte debido a su edad, pero falleció en una cárcel checa en 1918.

HITLER

Entonces solo un anónimo soldado, Adolf Hitler, participó como cabo en la Primera Guerra Mundial, donde luchó intensamente en el frente, fue herido y obtuvo una condecoración por méritos de guerra, la prestigiosa Cruz de Hierro. Su experiencia bélica, combinada con la derrota final de Alemania, contribuyó a la formación y el desarrollo de los demonios interiores del futuro dictador, a su patológico resentimiento por la decadencia germana, que se materializarían posteriormente en su antisemitismo, su ultrapatriotismo y la supuesta superioridad de la raza aria.

JINETES

La Gran Guerra es recordada, a nivel militar, por el desarrollo de nuevas armas, hasta entonces nunca vistas, como el tanque. Pero la Primera Guerra Mundial fue un acontecimiento bisagra, que por un lado anticipó el futuro –de las armas–, pero que sirvió de último suspiro para el viejo mundo. En este sentido, la caballería tuvo en la Gran Guerra su canto de cisne. Hubo cargas de caballería, pero la infantería y los nuevos usos de la guerra dejaron obsoleto al caballo como instrumento bélico eficaz.

KÁISER

El dueño y señor de los designios de Alemania. El káiser Guillermo II, un imperialista con accesos de locura, según el historiador Max Hastings. Uno de los grandes culpables históricos de que Europa se despeñara por el precipicio de la guerra. Guillermo II había subido al trono en 1888. Poco después obligó a dimitir al todopoderoso canciller Bismarck –arquitecto de los equilibrios políticos europeos durante el siglo XIX– y se lanzó a una política expansionista e industrializadora. El káiser aguantó toda la guerra, pese a la presión socialdemócrata, que ya era un actor importante en aquella Alemania, pero finalmente abdicó en 1918.

LIBERALISMO

La doctrina económica y política imperante durante el final del siglo XIX y los primeros años del XX. Las democracias liberales, cuya naturaleza dista bastante de nuestras actuales democracias, eran la forma de gobierno más extendida y con mejor prensa entre las élites políticas de los Estados. Una mezcla de liberalismo económico, despotismo ilustrado y democracia en ciernes. El liberalismo, pese a que las naciones triunfadoras de la guerra lo practicaban, salió al cabo derrotado de la Gran Guerra. En la 'era de los extremos' que nació tras 1918 no había cabida para la vieja política.

MARNE

En septiembre de 1914 tuvo lugar una de las primeras batallas en suelo europeo; una batalla estratégica que marcaría el comienzo de la guerra de posiciones y el final de los planes alemanes de avanzar rápidamente por Europa. Una escaramuza ganada por el Ejército francés, a costa de varios miles de muertos, y que supuso un estímulo moral para las tropas de la Entente, que hasta el momento había visto cómo el Ejército del káiser avanzaba imparable. En la memoria de los franceses, esta batalla se considera casi un milagro, pues las tropas francesas estaban en inferioridad evidente con respecto a las alemanas.

NACIONALISMO

Uno de los conceptos políticos que más influyeron en la mentalidad prebélica de las naciones europeas. El nacionalismo, una forma de patriotismo exacerbado, venía apoyado en argumentos raciales y seudocientíficos de la época, y eran pocos los que se sustraían a su influjo. Combatir por la patria era algo que estaba bien visto antes de comenzar la guerra y durante sus primeros meses. Luego, la situación –una carnicería de cuatro años– cambiaría esta mentalidad benigna. El patriotismo se atemperó, pero el nacionalismo surgió con fuerza en los Estados nacidos de la descomposición de las fronteras y de los movimientos políticos de masas, que hacían de sustitutos laicos de la religión.

OTOMANO

El Imperio Otomano entró en la guerra, del lado de las potencias encabezadas por Alemania, en noviembre de 1914. Temeroso de la poderosa influencia rusa en los Balcanes, Turquía había firmado un acuerdo con la Triple Alianza para defender mejor sus intereses geoestratégicos. El imperio luchó hasta el final de la guerra, lo que aceleró su proceso interno de desmembramiento y decadencia. Sobre las ruinas de la sublime puerta, los jóvenes turcos –con Ataturk a la cabeza– construyeron la nueva, laica y moderna Turquía.

POTEMKIN    

El Potemkin fue un acorazado ruso de gran importancia simbólica para la Revolución de Octubre. En 1905 sus tripulantes se amotinaron contra los oficiales, en lo que muchos luego vieron la primera chispa de lo que ocurriría en 1917 con el levantamiento bolchevique y la guerra civil rusa, acontecimiento de extraordinaria importancia y coetáneo a la Primera Guerra Mundial. El barco cambió de nombre en varias ocasiones y siguió navegando durante la contienda mundial. En 1918 fue capturado por los alemanes, pero volvió a ser recuperado por los rusos blancos –opuestos a los bolcheviques–. Tras el conflicto civil ruso, el barco fue inutilizado, aunque siguió presente en la memoria soviética gracias al clásico de Eisenstein El acorazado Potemkin.

QUÍMICA

Otro de los 'avances' mortíferos de la Gran Guerra. El uso de gases tóxicos, como el gas mostaza o el gas lacrimógeno, fue un arma de guerra horripilante que causaba estragos inmediatos y algunas veces mortales en el enemigo. Los primeros en usar la guerra química fueron los franceses, pero las potencias centrales no tardaron en responder con la misma moneda. Gracias a las medidas de protección que fueron desarrollándose durante la contienda, especialmente las máscaras antigás, la guerra tóxica, aunque temida, no causó tantas bajas como otras formas de combate.

RETAGUARDIA

Una de las características, sobre el terreno, de la Gran Guerra es lo relativamente cerca que se encontraban los frentes, donde los soldados combatían, de la retaguardia y las ciudades que 'alimentaban' a los soldados. Esta cercanía dio lugar a recelos por parte de muchos soldados, que cuando volvían de las trincheras se encontraban en urbes que prácticamente no habían tenido experiencia de la guerra y donde el curso de la vida seguía sin demasiados inconvenientes. Esa incomprensión entre dos mundos tan cercanos, pero tan diferentes, marcó sociológicamente la posguerra en muchos países.

SUBMARINOS

Una de las armas de guerra más novedosas y que supusieron un avance tecnológico casi sin precedentes en el campo de la guerra en el mar. Los submarinos, aunque toscos, fueron muy usados por Alemania –sus temibles U-Boat– para tratar de destruir barcos enemigos. Su objetivo eran normalmente barcos con provisiones –por ejemplo, 70 embarcaciones españolas se fueron a pique por ataques de submarinos germanos, y eso que España era neutral en el conflicto–, pero también se destruyeron buques de pasajeros, como el Lusitania.

TRINCHERAS

La trinchera y la alambrada fueron dos de los elementos omnipresentes en el frente. Las trincheras marcaron un hito en la forma de hacer la guerra en Europa. Las alemanas eran mejores técnicamente que las aliadas, pero salvo algunas pequeñas diferencias relativas a la comodidad y la seguridad, la vida en ellas era igual de monótona y arriesgada para los soldados y los oficiales de ambos bandos, sobre todo para los primeros. Hay muchas historias que han sido rescatadas del olvido y que tienen que ver con las trincheras, lo que constituye una fértil memoria de guerra muy útil todavía hoy para los historiadores.

ULTRAMAR

La guerra se libró principalmente en tierra, pero también en los mares. En este sentido fue clave la entrada en la contienda de EE UU, que tuvo lugar en 1917. La opinión pública estadounidense se había mantenido relativamente ajena a la guerra europea, hasta que los submarinos alemanes atacaron y hundieron el Lusitania, un barco de pasajeros que hacía la ruta de Inglaterra a EE UU. Murieron miles de viajeros, y fue un hecho luctuoso nunca olvidado por el Gobierno del presidente Wilson. En comparación con el resto de fuerzas aliadas, murieron pocos soldados estadounidenses en la Gran Guerra (algo más de 100.000), por lo que esta no ha pesado tanto en el imaginario colectivo de las generaciones posteriores en EE UU como sí lo hicieron la Segunda Guerra Mundial o la guerra de Vietnam.

VERSALLES

Versalles es el tratado de paz que puso fin a la Gran Guerra. En realidad, Versalles solo fue uno de los tratados, dado que con cada una de las potencias derrotadas se firmó uno diferente, con distinto grado de dureza y de exigencia sobre las reparaciones de guerra. Los nombres de los otros tratados fueron Saint Germain, Trianon, Neuilly y Sèvres. Aunque Versalles, firmado con Alemania en 1919, fue el más importante de todos y el que suscitaría más desavenencias en el futuro. Incluía multitud de cláusulas, tanto territoriales como económicas: Alemania perdió Alsacia y Lorena, la administración de la industriosa cuenca del Sarre, así como gran parte de su fuerza militar. Además, el Gobierno alemán tuvo que pagar onerosas indemnizaciones económicas, desprenderse de sus colonias y sufrir el veto de entrada a la recién estrenada Sociedad de Naciones.

WELTPOLITIK

La weltpolitik, o política mundial, fue el nombre que se le dio en Alemania a la estrategia geopolítica del káiser Guillermo, cuyas veleidades imperialistas iban destinadas a convertir a Alemania no solo en una nación poderosa –que ya lo era, sobre todo económica y militarmente–, sino en un imperio temido y respetado por el resto de actores internacionales. La weltpolitik contribuyó a resquebrajar la frágil paz armada de comienzos de siglo entre los principales Estados de Europa. Un factor más de los que, en última instancia, condujeron a las potencias a la guerra.

XENOFOBIA

El odio al extranjero, da igual que fuera alemán, francés o ruso, era un sentimiento muy extendido entre las sociedades de comienzos del siglo XX. La propaganda negra y las mentiras de guerra coadyuvaron, durante el conflicto, para que la xenofobia se incrementara y se extendiera. No había nada de inmoral en insultar al ciudadano de otro país con los peores calificativos, mezclados además con ese sentimiento de falsa superioridad moral que habían provocado algunos descubrimientos científicos mal entendidos.

YMCA

La Asociación de Jóvenes Cristianos (YMCA, por sus siglas en inglés) fue fundada en Londres a mediados del siglo XIX con una idiosincrática vocación de ayuda a los necesitados, ya fueran obreros, mujeres o soldados. YMCA gozaba, sobre todo, de gran implantación en los países anglosajones, y durante la Primera Guerra Mundial sus voluntarios viajaron con frecuencia al frente para suministrar alimentos y ayuda a los combatientes aliados en las trincheras.

ZWEIG

Stefan Zweig no participó en la Gran Guerra, pero sus reflexiones sobre aquel periodo constituyen una de las cimas literarias y memorialísticas del siglo XX. En El mundo de ayer, Zweig –que acabaría suicidándose con su mujer en su exilio en Brasil tras huir de los nazis– rememora la vida anterior a la Primera Guerra Mundial. El mundo de su infancia y juventud. Una época almibarada, reconstruida bajo una mirada beatífica, condescendiente, pero indudablemente nostálgica. Dice Zweig al comienzo de sus memorias: "El 28 de junio de 1914 sonó aquel disparo en Sarajevo que, en cuestión de segundos, troceó, como si de un cántaro se tratara, el mundo de seguridad y cordura en el que nos habían criado y educado y que habíamos adoptado como patria".

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