Chema, en el hospital
Chema (en el centro), junto a los policías y la enfermera que le salvaron la vida en un pub de Fuenlabrada. DAVID SIRVENT

Chema les debe seguir con vida a la suerte, a un corazón enfermo, pero asombrosamente resistente, a Carolina y a dos agentes de Policía Local fuera de servicio. Y eso que este madrileño de 37 años, salvo por una cardiopatía congénita y siete operaciones, llevaba una vida felizmente normal. Hasta el sábado.

José María —solo sus muchos amigos le llaman Chema— sale con su pandilla todas las semanas, monta en bicicleta durante horas (Teresa, su hermana mayor, dice que más de las que debería) y juega al fútbol; no tiene novia, "pero le gustaría", confiesa Teresa por teléfono, desde la habitación del Hospital la Paz donde su hermano se recupera de un infarto. "De momento no puedo escaparme", dice Chema con voz cansada, "tendré que seguir aquí algunos días más".

El sábado 15 de febrero Chema se encontraba con sus amigos en El Refugio, un céntrico pub de la localidad de Fuenlabrada, cuando perdió el conocimiento y cayó al suelo. Eran aproximadamente las tres de la mañana, y entre los cientos de clientes que pululaban por el local, había tres personas que, sin conocerle de nada, supieron en seguida qué podía estarle ocurriendo. Porque no era el alcohol.

"La ambulancia tardó muchísimo"

Carolina, camarera del pub los fines de semana y enfermera que realiza suplencias en el Hospital del Henares, fue la primera en tomarle el pulso. Chema estaba en parada cardiorrespiratoria. Al instante empezó a practicarle maniobras de reanimación y al abrirle la ropa advirtió una cicatriz a la altura del corazón. "Se me pasó todo muy rápido", recuerda, "a mi alrededor la gente gritaba, la música paró, había muchos nervios".

Carolina: "Sigo con agujetas, no sé si del esfuerzo o de los nervios" El esfuerzo físico de la reanimación cardiopulmonar (RCP) es extenuante. Carolina llevaba ya un rato aplicando su fuerza sobre el pecho de Chema; mientras, la ambulancia seguía sin venir. "Tardó muchísimo, más de 20 minutos", rememora el agente 370 de la Policía Local de Fuenlabrada, que por casualidad se encontraba fuera de servicio en el local y llamó rápidamente a los servicios de emergencias.

Él y otro agente del mismo cuerpo, el 274, también de permiso, se pusieron sin dudarlo a ayudar a Carolina, turnándose en las complejas maniobras. "Se nos fue seis o siete veces, pero le logramos sacar", asegura Carolina, que todavía tiene agujetas, "no sé si del esfuerzo físico o de los nervios". Finalmente, llegaron los servicios médicos y subieron a Chema a la ambulancia. El resto fue la fortuna —"un milagro debido a sus ganas de vivir", dice Teresa, emocionada— y su físico maltrecho, pero terco en su resistencia frente a la muerte. Una fortaleza que el propio Chema traduce a palabras: "Cuando salga volveré a El Refugio y daré una fiesta con mis amigos".

"Lo que han hecho por mí ha sido maravilloso"

Casi una semana después, Chema descansa en una habitación de la primera planta de Cardiología de La Paz. "Estoy tranquilo, relajado, aunque de vez en cuando me emociono porque lo que han hecho por mí ha sido maravilloso", asegura. Está pendiente de un cateterismo, que le será practicado este lunes, y de una serie de pruebas más antes de que los facultativos del hospital puedan darle el alta. "Los médicos no se explican que esté tan bien", dice Teresa, que con un orgullo apenas disimulado asegura que su hermano "hace vida de veinteañero y que todo el mundo le quiere". Un corazón grande, tocado, pero no hundido.

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