Librería La Buena Vida
La librería La Buena Vida participa en la Noche de los Libros 2013. Calle 20 (Raúl Urbina)

Las ventas de libros siguen bajando en cascada, se cierran librerías de forma continuada, los grandes espadas de las ventas, como Dan Brown o Pérez Reverte, pierden fuelle, y, sin embargo, Belén Esteban con su libro Ambiciones y reflexiones ronda ya casi los 100.000 ejemplares vendidos en menos de 1 mes.

Desde que el 19 de noviembre Espasa editara este libro de la televisiva y mediática Belén Esteban, confeccionado, mano a mano, con Boris Izaguirre, donde cuenta su vida además de reflexionar sobre algunos temas de actualidad, este ha ido subiendo hasta situarse en el número uno de la lista de los más vendidos, y ha alcanzado su séptima edición.

¿Qué explicación tiene? Porque se trata de un libro hay que ir a comprarlo a una gran superficie o librería y se supone que leerlo... La respuesta fácil sería que todo lo que sale en televisión multiplica sus efectos y que además Belén Esteban es un fenómeno mediático, que conecta con miles de personas, se supone que porque dice la verdad, su verdad, sin miramientos o sin calcular las consecuencias.

Pero lo cierto es que, cuanto menos, es un fenómeno que hace reflexionar sobre algo que no se puede dejar de lado: ¿por qué se venden este tipo de libros?

Y no solo es el libro de la "princesa del pueblo" —que seguro no lo ha escrito por propia voluntad sino tentada por diferentes editoriales que necesitan cuadrar balances—, sino también otro tipo de volúmenes y géneros como biografías de personajes mediáticos, manuales de cocina o libros de salud.

No hay crisis de venta, sino crisis de "lectura"

Para el filósofo y escritor Rafael Argullol, lo que hoy está sucediendo no es una crisis de venta de libros sino "una crisis de lectura".

"Los libros que se venden cada vez se parecen más al puro entretenimiento y espectáculo. Pero yo creo que hay que coger el toro por los cuernos y decir que lo que se ha producido es el hundimiento de la lectura de la gran literatura", subraya el autor de El fin del mundo como obra de arte.

El problema de fondo en esta crisis es que se ha producido un cambio de escenario mental Para Argullol, profesor de Ética de la Universidad de Pompeu Fabra, de Barcelona, lo equivocado es creer que esto se debe solo a una crisis editorial, "el problema de fondo en esta crisis es —según dice— que se ha producido un cambio de escenario mental".

"Los referentes culturales europeos que han regido a lo largo de los siglos parecen diluidos y lo que cuenta ahora es la creación de artefactos inmediatos", precisa.

En esta misma línea abunda el profesor y filósofo italiano Nuccio Ordine, que acaba de publicar en España La utilidad de lo inútil (Acantilado), toda una reivindicación de la literatura y los saberes humanísticos en contraposición de la llamada "cultura rentable".

Ordine asegura que el futuro de la humanidad está en juego si solo se considera útil aquello que produce beneficios.

La "banalización de la cultura", según Vargas Llosa

Varga Llosa también habló en su libro La civilización del espectáculo (Alfaguara), de la banalización de la cultura y el triunfo del amarillismo en todo.

"La cultura se ha diluido permitiendo que el mercado imponga sus exigencias sobre el producto cultural, desvalorizándolo en cuanto a su función social", dice en el libro.

La cultura se ha diluido permitiendo que el mercado imponga sus exigencias sobre el producto cultural "Lo que tiene éxito y se vende es bueno y lo que fracasa y no conquista al público es malo", escribe el premio Nobel. "La desaparición de la vieja cultura implicó la desaparición del viejo concepto del valor", continúa, al tiempo que lamenta la posible pérdida de la introspección y el análisis que viene con la lectura detenida.

Pero lo que sí parece claro es que estos libros, o artefactos comerciales, que alcanzan cifras de ventas increíbles en medio de una bajada generalizada del resto, han encontrado un buen caldo de cultivo en un escenario donde la cultura es mucho más "laxa", y de tan laxa, como dice el sociólogo y escritor Vicente Verdú, "podría haberse convertido en transparente".