El atrio de la iglesia de la parroquia de Candeán apareció ayer cubierto de botellas vacías y bolsas de plástico. Son los restos del botellón que un grupo de jóvenes del lugar viene practicando cada sábado en terrenos de la iglesia y que trae por la calle de la amargura al nuevo párroco y a los vecinos.

Según fuentes del vecindario y el propio cura, estos jóvenes se refugian en el porche cubierto de la casa rectoral que llenan cada día de basura y donde, incluso, «aparcan sus motos» –matiza indignado el cura–, que ha tenido que poner rejas en su vivienda.

Los feligreses han mostrado su apoyo al párroco y se han sumado a su petición de mayor vigilancia policial en la zona. Según ellos, es «intolerable que un grupo de chicos se venga aquí y se pase el día bebiendo».

La situación para vecinos y párroco se ha hecho «insostenible» y se quejan de que de nada haya servido pedir ayuda policial por el momento, pues los muchachos siguen haciendo «lo que les viene en gana» y molestando a todo aquel que se acerca a la iglesia.