La fotógrafa Ana Casas Broda autorretrata su tránsito "lento y tortuoso" hacia la maternidad

  • Publican en España el fotoensayo "Kinderwunsch", iniciado hace diez años, cuando la la fotógrafa Ana Casas Broda quedó embarazada por primera vez.
  • La obra, que fue rechazada por varias editoriales por mostrar a la autora desnuda con sus dos críos, aborda la maternidad física y emotivamente.
  • La autora, nacida en Granada en 1965 vive desde niña en México.
Para escapar de las incertidumbres de la maternidad, Casas Broda empleó las fotos como ejercicio de exorcismo y juego con sus dos hijos
Para escapar de las incertidumbres de la maternidad, Casas Broda empleó las fotos como ejercicio de exorcismo y juego con sus dos hijos
© Ana Casas Broda

Con emoción pero sin sentimentalismo, enfocando la mirada a la maternidad desde puntos de vista físicos, anímicos, psicológicos y sentimentales, la fotógrafa Ana Casas Broda firma uno de los fotoensayos más contundentes y polémicos de los últimos años: Kinderwunsch (un término alemán que combina las palabras niños y deseo). El libro, que acaba de ser editado en español [La Fábrica, 320 páginas, 40 euros] es un viaje en primera persona en el que la autora se ha autorretrado durante diez años para narrar el tránsito hacia la condición de madre, un camino "lento y tortuoso" pero también "placentero".

La fotógrafa —nacida en Granada en 1965 de padre español y madre austriaca y residente en México desde 1974— explora la maternidad desde el origen mismo de la fecundación en un proyecto de más de cien fotos y largo recorrido que inició en 2003, cuando se sometió a un tratamiento de fertilidad para quedar embarazada habiendo superado los 40 años de edad, y culminó en 2010, siendo madre de dos niños, Martín (2003) y Lucio (2008). Una vez concluido el trabajo fotográfico, Casas Broda añadió textos vivenciales a las fotografías.

Imágenes "demasiado reales"

Es la combinación de las dos líneas narrativas, la fotográfica y la literaria, lo que hace de Kinderwunsch un proyecto de tanta intensidad. La fotógrafa, cuyo libro fue rechazado por varias empresas editoriales por mostrar imágenes demasiado explícitas o "demasiado reales" —como llegaron a decirle— de la madre jugando desnuda con sus hijos. En una de las imágenes, se deja pintar el cuerpo con lápices y ceras; en otra, los críos la embadurnan con nata...

Casas Broda explica que la maternidad fue para ella una experiencia benéfica pero también compleja y repleta de dudas. "El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento", escribe la fotógrafa en uno de los textos del libro.

Emociones contradictorias

"Un cuerpo que se alimenta de mí. Tantas emociones intensas, contradictorias, sorprendentes", añade. "Y en algún momento, un deslizamiento a otra escena, un movimiento imperceptible, radical. Insomnio, pensamientos circulares. De pronto me encuentro en un paraje que me aterra. Un tránsito lento y tortuoso por un túnel oscuro". Para escapar de las incertidumbres, Casas Broda empleó las fotos como ejercicio de exorcismo: "Los juegos, el cariño, el contacto, las fotos me devuelven al presente por un rato. Sensaciones intensas, placenteras que lo dominan todo. Y a la vez, son mis niños los que me convocan a esa otra escena".

Los textos no descuidan el pasado —la separación de sus padres, la larga enfermedad de su abuela materna, los cinco años de tratamiento de fertilidad antes de la primera fecundación—, circunstancia que no es novedad en la obra de Casas Broda, que ya había explorado el ámbito del hogar y la intimidad en el proyecto Álbum, donde condensó los últimos 14 años de vida de su abuela y de las dos generaciones anteriores de ancestros. El libro fue un gran éxito y se presentó como exposición, con el añadido de audios y vídeos.

"Reconciliar recuerdos con deseos"

Autora de matiz entrañable y enorme valentía para desprenderse de cualquier tipo de rubor, la fotógrafa utiliza las fotografías como "un rompecabezas" que le sirve de ayuda para "reconciliar sus recuerdos con sus deseos", escribe Susan Bright en el epílogo de Kinderwunsch . Este libro "solo puede existir en la unión de las palabras y las fotografías" porque "ambos lenguajes se apoyan entre sí" y "entretejen el pasado, el presente, el deseo y el amor".

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