Obama pierde apoyo ciudadano un año después de la reelección

  • Los errores del Obamacare, la lenta reforma migratoria, el cierre de la Administración y el paro han minado la popularidad de Obama en Estados Unidos.
  • El espionaje masivo revelado por el extécnico de la CIA Edward Snowden también ha afectado a la imagen del presidente en el exterior.
  • Una encuesta señala que solo un 41% de los estadounidenses apoya la gestión de Obama, 14 puntos porcentuales menos que hace tan solo un año.
  • Al presidente le esperan tres años complicados en el Gobierno.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
EFE

Un año después de cantar aquel "four more years" de su reelección en 2012, la popularidad del presidente de Estados UnidosBarack Obama, está de capa caída. Según un sondeo publicado este viernes por el Centro de Investigaciones Pew, el apoyo de los ciudadanos a la gestión de Obama se sitúa en el 41%, lo que supone una caída de 14 puntos respecto al año pasado

El 53% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Obama al frente del Gobierno, añade la encuesta, mientras que un 41% está a favor de la labor del presidente, un porcentaje que en diciembre de 2012 se situaba en el 55%, 14 puntos porcentuales por encima.

La trayectoria de Obama sigue una tendencia similar a la de su predecesor, el republicano George W. Bush, que tras el primer año de su segundo mandato solamente tenía el 36% de la aprobación ciudadana, mientras que un año antes, en diciembre de 2004, obtenía el 48%.  Los dos presidentes anteriores que lograron ser reelegidos, Bill Clinton y Ronald Reagan, obtuvieron opiniones positivas en el transcurso del primer año de su segundo mandato.

El estudio revela que la mayoría de los estadounidenses rechaza la forma en que Obama está manejando cuatro de los cinco temas analizados. El terrorismo es la única materia que obtiene un aprobado justo, con una aprobación del 51%.

Respecto a la gestión económica del país, solo obtiene la aprobación del 31%, mientras que el 65% la desaprueba y en la gestión de las políticas sanitarias, logra un 37% de apoyo por un 59% de desaprobación. Sólo alrededor de un tercio de la población aprueba el trabajo que está haciendo Obama en materia de inmigración, mientras que un 60% no le apoya en este asunto.

El sondeo se realizó entre el 30 de octubre y el 6 de noviembre a 2.003 adultos y tiene un margen de error de más menos 2,5 puntos porcentuales.

Tres años complicados por delante

El presidente estadounidense tiene varios frentes abiertos que anticipan que sus próximos tres años al frente del Gobierno serán complicados. El desastroso lanzamiento de la ley sanitaria 'Obamacare',  las luchas con un Congreso dividido y las revelaciones de un espionaje masivo son algunos de los desafíos que esperan a Obama en lo que resta de legislatura.

Tras imponerse en noviembre de 2012 con claridad al candidato republicano Mitt Romney, Obama anunció las prioridades de su segundo mandato entre las que se incluían la aprobación de la prometida reforma migratoria, la reactivación económica tras la crisis de 2008 y la puesta en marcha de su programa estrella: la reforma sanitaria. De estas tres promesas, solo la economía parece registrar una tendencia de mejora, aunque más lenta de lo esperado, mientras que el desempleo, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, se mantiene aún por encima del 7%, un nivel históricamente alto para la primera economía mundial.

"La recuperación económica es positiva, pero la debacle de Obamacare ciertamente es un problema grande" indica Carolyn M. Dudek, profesora de política de la Universidad de Hofstra de Nueva York, valorando este segundo mandato del presidente. La torpe entrada en vigor de la reforma sanitaria, diseñado para ampliar y abaratar el acceso a la cobertura médica para millones de ciudadano, ha sido el principal dolor de cabeza de la Casa Blanca en estos últimos 365 días.

Un mes después de su lanzamiento, el portal de internet puesto en marcha por el Gobierno para contratar los nuevos seguros sigue sin funcionar bien. Antes de que aparecieran los problemas, el plan sanitario ya había provocado la ira republicana, especialmente del Tea Party, que lanzó una estrategia de acoso y derribo en el Congreso para impedir su financiación.

Aquel pulso acabó provocando el cierre parcial de la Administración federal durante 16 días en octubre y amenazó con la suspensión de pagos. Las encuestas muestran que los estadounidenses culparon a los republicanos de esa parálisis, lo cierto es que la valoración de los legisladores de ambos partidos en Washington se encuentra en mínimos históricos.

La Casa Blanca también se ha visto afectada, todavía más, cuando comenzaron a salir a la luz los fallos de funcionamiento del sistema informático de Obamacare y las contradicciones en el seno de la Administración sobre cuándo y de qué manera estaría plenamente operativo. "Se podría decir que la magia de Obama se ha ido", afirmó Steffen Schmidt, profesor de políticas de la Universidad de Iowa.

Sorprendidos por estos errores, los analistas y los medios estadounidenses critican el perfil como gerente del mandatario, y destacan el contraste entre el presidente y el candidato. "¿Por qué Obama no puede liderar el gobierno con la facilidad con la gestionaba su campaña?", se preguntaba un reciente artículo del diario Los Ángeles Times.

La reforma migratoria parece estancada en la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, y podría tener que esperar hasta 2015 porque 2014 es año de elecciones legislativas, y es difícil que republicanos y demócratas alcancen un pacto sobre un proyecto tan ambicioso dada la oposición frontal entre ambos partidos.

Y por si fuera poco, otro escándalo, ha salpicado a Obama: las revelaciones de espionaje masivo por parte de la Agencia de Seguridad Nacional basadas en los documentos secretos filtrados a la prensa por el exanalista de la CIA Edward Snowden. Estas revelaciones, en las que se incluía el pinchazo de las comunicaciones de más de una treintena de líderes globales y millones de ciudadanos, han provocado el malestar y enojo de los aliados europeos, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel.

Todo esto ha situado a Obama, que gozaba de una gran popularidad fuera del país, en una situación incómoda por primera vez, con numerosos embajadores estadounidenses convocados por los gobiernos locales para dar explicaciones de las actividades de la todopoderosa inteligencia de EE UU.

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