Jóvenes empresas que apuestan por la movilidad sostenible

  • Un puñado de jóvenes españoles se han lanzado a la aventura de montar negocios relacionados con la movilidad sostenible.
  • Su objetivo es lograr que el transporte en los núcleos urbanos sea más amable y resposable con el medio ambiente.
  • El tráfico es la principal causa de que se superen los niveles de dióxido de nitrógeno permitidos.
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Un bicitaxi de la empresa Txita, que también reparte paquetes en el casco viejo de San Sebastián.
Un bicitaxi de la empresa Txita, que también reparte paquetes en el casco viejo de San Sebastián.
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Lo dice la publicidad: conduce, que serás libre. Pero encerrado en medio de un atasco la libertad oscila al mismo ritmo que el dial de la radio: libre de elegir entre noticias y música pop. Quien más quien menos sabe que algo tiene que cambiar en nuestro modo de desplazarnos.

Razones para el cambio hay muchas: desde el perpetuo horizonte del fin del petróleo hasta la contaminación de los tubos de escape o los maltrechos bolsillos. Y en ese hueco que se está abriendo entran cada vez más iniciativas de lo que se ha dado en llamar movilidad sostenible.

Las nuevas necesidades están derivando en la toma de conciencia. La necesidad de redefinir cómo nos movemos, cuánto nos cuesta, cuánto contamina y qué alternativas se podrían plantear. Y la iniciativa privada está respondiendo a estas cuestiones con diferentes propuestas en distintos niveles de desarrollo. Tampoco es un fenómeno nuevo del todo: la mayoría de estas empresas llevan ya un lustro largo de actividad, aunque es ahora cuando están obteniendo visibilidad y alcanzando los objetivos que les permitirán ser viables.

Pero todo esto parte de ese diagnóstico de lo que no puede continuar sucediendo: en España hay 12 millones de personas que viven expuestas a un nivel de NO2 (dióxido de nitrógeno) superior al límite diario legal, según los datos del Plan Aire que ha elaborado el Ministerio de Medio Ambiente. Esta contaminación está directamente vinculada con el transporte.

Así, según dicho informe, las principales áreas metropolitanas de España vivirían permanente con más NO2 del permitido: Granada, Sevilla, Palma, Barcelona, Vallés-Baix Llobregat, Madrid, Corredor del Henares…

Este estudio, que incluye un amplio programa de medidas para la mejora de la calidad del aire en España, y que tiene una duración de cuatro años (2013-2016), se basa en los datos de las estaciones de control en las que se superó el máximo permitido de dióxido de nitrógeno: "Se confirma que la principal causa de superación es el tráfico intenso [63%], y en segundo lugar, la proximidad a una carretera [29%], lo que supone que un total del 92% de las superaciones se adjudican al tráfico". Algo hay que cambiar.

El coche es algo más que la imagen de la libertad del anuncio con el que arrancaba este texto. Es también el símbolo de la industria y de la economía de consumo del siglo XX. Pero esa centuria acabó hace más de una década y la que tenemos por delante parece que va por otro lado: "Están cambiando mucho las cosas y vamos con el viento a favor: calles peatonales, gasolina cara, ayuntamientos más concienciados… Están pasando cosas que encajan perfectamente en nuestro modelo".

Quien siente que el viento sopla a su favor es Daniel Ruiz, socio fundador de Txita, una empresa nacida en San Sebastián hace siete años basada en un servicio de bicitaxis. Su nombre, Txita, surge precisamente de unir txirrinda (bicicleta en euskera) y taxi. Hoy cuentan con siete personas en la plantilla, que se amplían a 13 durante el verano, y han apreciado la conveniencia de diversificar su negocio para dar respuesta a las necesidades de su ciudad.

Así, además del servicio –sobre todo estacional– en verano de bicitaxis, Txita se dedica también al reparto de paquetería de ‘última milla’: "Las mercancías se repartían en zonas peatonales con las carretillas. Es muy costoso en cuanto a tiempo y fuerza. La idea era mantener la sensibilidad con el medio ambiente y hacer algo sostenible". Las dificultades para las empresas de paquetería, o el reparto comercial a domicilio en la Parte Vieja de San Sebastián, eran una oportunidad de negocio para otro tipo de vehículos, y Txita supo ver el nicho de mercado.

La movilidad en proximidad

Este es uno de los patrones que se repite en todas las empresas que están surgiendo en este entorno. Son propuestas novedosas, que parten de experiencias cercanas y de problemas en los escenarios locales.Así, desde hace casi dos años la Policía Local de Murcia cuenta con bicicletas eléctricas para sus labores de patrulla en parques y vías ciclables. La empresa asturiana Bymesa, que ha sido la encargada de suministrar los nuevos vehículos, destaca, entre las virtudes del uso de la bici eléctrica, la reducción del "ruido y la contaminación de nuestras ciudades", además del ahorro: "El gasto de electricidad de los motores de estos vehículos es de tan solo 0,50 euros por cada 100 kilómetros".

Pero también en ciudades mucho más grandes se percibe el peso de la experiencia más cercana en la puesta en marcha de proyectos de movilidad sostenible. Bluemove es una empresa de alquiler de coches por horas, lo que se conoce por carsharing, que nació en 2010 en Madrid: "Yo vivo en la carretera de La Coruña. ¿Cómo puede ser que pongan 10 carriles o más y durante dos horas se masifique de tal manera que la gente pierda tantísimo tiempo en recorrer apenas 20 kilómetros? Me ha parecido siempre tercermundista. Un día pensé que esto tenía que tener una solución", asegura Gabriel Herrero-Beaumont, fundador de la empresa.

Bluemove dispone ya de 60 coches y prevé acabar el año con un centenar. Está presente en Madrid y Sevilla, mientras  tiene en estudio cuál será su tercer destino: "Es importante que el municipio apueste por la movilidad sostenible". Sus cálculos son que por cada vehículo que añaden a su flota se sustituye la densidad de 20 coches: "Queremos llegar a 500 coches lo antes posible en Madrid: eso supondría haber reducido el número de coches en 10.000", indica Herrero-Beaumont.

En Barcelona, ciudad con una fuerte implantación de motos, se está poniendo en marcha Motit, un proyecto que también apuesta por el alquiler de vehículos por horas, pero en este caso se trata de motos eléctricas. El proceso es sencillo: el usuario se da de alta en el servicio, reserva su moto, recoge el vehículo y cuando termina su ruta la devuelve. El precio: 29 euros el alta, 5 euros la hora y 0,55 euros el kilómetro.

En los casos del alquiler por horas, sea de  coches, como Bluemove, o de motos, como Motit, la vía de entrada de ingresos está clara. Pero tal vez no lo sea tanto en el caso de Amovens, una empresa que ha desarrollado una aplicación para que los usuarios puedan compartir los gastos de un traslado de media o larga distancia.

En Amovens, el propietario del coche propone el trayecto, la fecha en la que lo va a realizar y el número de plazas disponibles, y otras personas pueden apuntarse a su viaje a cambio de pequeñas cuantías: de Madrid a Barcelona, unos 25 euros. "Por el momento es un servicio totalmente gratuito para los usuarios. Y las vías de ingresos son los servicios a empresas y los patrocinadores". Su aplicación para teléfonos inteligentes funciona también como una red social, en la que los usuarios votan y valoran a los conductores en función de cómo les haya ido su experiencia para que el resto decida con toda la información posible.

Apuesta por la tecnología

En el caso de Amovens, una empresa que cuenta con 10 empleados, se encuentra una de las señas de identidad de este tipo de proyectos: la apuesta por la tecnología, a la que también se suma Bluemove, que dispone de una aplicación para móviles desde la que gestionar las reservas, mientras que Motit está preparando la suya. Quien ha hecho girar su modelo de negocio en torno a una aplicación de móviles es JoinUp, uno de los proyectos más jóvenes, puesto que se puso en marcha hace un año en torno al taxi. Desde nuestro teléfono podemos reservar un taxi para un uso individual o invitar a otras personas que hagan el mismo o similar trayecto para compartirlo.

Elena Peyró, cofundadora de la compañía, apuesta, como las demás empresas, por dar más importancia al uso que a la posesión del vehículo: "El cambio que parecía muy lento está siendo cada vez más rápido; la gente lo tiene más claro. La movilidad y el consumo inteligente se están instalando en la sociedad: quiero consumir de otra manera". Están presentes en Barcelona, Sabadell, Madrid y San Sebastián, y en el año que llevan de vida ya han gestionado 5.000 desplazamientos.

Según explica Elena Peyró, cofundadora de la empresa, "los destinos estrellas son los sitios más lejanos. Trayectos caros y que la gente planifica con tiempo, como los aeropuertos: sabes cuándo vas a volar y es más fácil que haya coincidencias". Pero pretenden ir más allá en el campo del consumo inteligente: "El taxi es nuestra primera iniciativa, pero tenemos más ideas". Y este es otro de los patrones que se repite en las empresas que se han lanzado a la movilidad sostenible: la diversificación de las fuentes de ingresos.

Pero la parte más interesante de esta diversificación está en la puesta en marcha de proyectos industriales. Así, Txita no solo dispone de las bicitaxis y la distribución de paquetería, sino que ofrece asesoramiento a terceros, soporte publicitario en sus vehículos, comercialización de los mismos triciclos que utilizan y, con toda esa experiencia acumulada, se está lanzando a fabricar sus propios triciclos.

Daniel Ruiz explica ese paso adelante: "Vimos que se podía mejorar el triciclo que tenemos y decidimos hablar con la Universidad del País Vasco. Nos pusieron en contacto con cuatro ingenieros que habían diseñado una motocicleta y se pusieron a ello. Hemos estado dos años diseñando y trabajando, y a día de hoy está a punto de pasar la homologación. La clave es que la parte trasera sea modular: que las cajas sean adaptables según el uso que se vaya a dar. En breve empezaremos a fabricarlo y comercializarlo".

Por su parte, Going Green, la compañía que está detrás de Motit, comercializa todo tipo de vehículos eléctricos. Hace un año obtuvo la homologación para fabricar sus propias motocicletas en Barcelona y desde el pasado mes de mayo la factoría está en funcionamiento. Se trata de la mayor apuesta industrial en España en movilidad sostenible por el momento. Pero el siglo XXI apenas acaba de comenzar.

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