'Simplon Pass: Reading', about 1911
Acuarela de John Singer Sargent pintada en torno a 1911 en el Paso del Simplón (Suiza), un puerto de los Alpes John Singer Sargent - Museum of Fine Arts, Boston

Nacido en Florencia (Italia), de padres estadounidenses y considerado como el mejor pintor estadounidense de su época, John Singer Sargent (1856-1925) demostraba tener la capacidad de hacer una asombrosa síntesis de la cultura de su país natal y de la vieja Europa, todo ello aderezado con visiones de sus numerosos viajes.

Entre la gran cantidad de acuarelas que realizó (unas 2.000) hay elegantes y estilizadas escenas de la alta burguesía; pero no es difícil encontrar el exotismo de Siria y Líbano; rostros de beduinos, una confusa cantera en la toscana o cocodrilos exhibiendo una amenazante quietud.

John Singer Sargent Watercolors (Acuarelas de John Singer Sargent) —en el Museo de Bellas Artes de Boston (MFA), en los EE UU, hasta el 20 de enero— presenta obras poco vistas del autor en un momento álgido de su carrera, una etapa en la que se reinventaba como artista nada más comenzar el siglo XX y alcanzaba la maestría con un medio ajeno al óleo.

Una terapia de desintoxicación

Las 92 obras que conforman la muestra fueron realizadas por Sargent durante sus viajes por el Mediterráneo y Oriente Medio. Bañadas de luz, transmiten la calidez de un clima benévolo con jardines de elegantes villas, rocas castigadas por el sol, esplendorosa arquitectura veneciana, figuras entrelazadas en momentos de descanso, campamentos beduinos...

Las 92 obras fueron realizadas en viajes por el Mediterráneo y Oriente MedioCuando ya disfrutaba de una exitosa carrera, Sargent encontró en la acuarela un modo de crear imágenes dinámicas de personas y paisajes; también una terapia para desintoxicarse de la larga lista de retratos por encargo que poblaba su horizonte.

La colección que siempre quiso ver junta

Cabe pensar que no las consideraba más que una manera gratificante de explorar el movimiento —"son placenteras de hacer y placenteras de guardar", decía de ellas— y en vida sólo las exhibió en dos exposiciones: en 1909 en Nueva York y Boston, con un éxito que llevó al Museo de Brooklyn a adquirir todas las piezas. En 1912, en el MFA, que también las compró.

Son placenteras de hacer y placenteras de guardarLa pinacoteca de Boston (una ciudad que él consideraba su hogar en los EE UU) une esas piezas de su catálogo con las otras del Museo de Brooklyn, poniéndo bajo el mismo techo una colección que el autor había expresado que deseaba ver junta, seleccionada por él para dar fe de su talento como acuarelista.