"Está feo decirlo porque parece un farol, pero fuimos los pioneros en Europa en aplicación de mulching". El director del centro de investigación forestal de Lourizán (Pontevedra), José Antonio Vega Hidalgo, muestra orgullo por este logro, pues el 'acolchado' es un tratamiento "novedoso, pionero y muy eficaz" para evitar la erosión del suelo y las riadas después del fuego.

Desde hace ya tres semanas los técnicos trabajan sobre el terreno en zonas que han sufrido los incendios forestales este verano en Galicia, según explica Vega Hidalgo en una entrevista concedida a Europa Press. Pero no será hasta este lunes, aprovechando las buenas previsiones meteorológicas, cuando comiencen los trabajos aéreos, con la técnica conocida como 'air mulching', consistente en lanzar la paja de trigo desde helicópteros.

Estas labores se prolongarán durante las jornadas de martes y miércoles y se centrarán en tres puntos: monte Pindo, Porto do Son (ambos en la provincia de A Coruña) y Ponte Caldelas (en Pontevedra), donde las llamas arrasaron, en conjunto, más de 3.300 hectáreas de superficie. Por ello, y por su proximidad a la costa y a núcleos de población, entre otros factores, varios equipos de la Consellería de Medio Rural que operan bajo la coordinación del centro de investigación de Lourizán los han determinado como zonas de "prioridad uno".

Es un trabajo "contrarreloj", ya que se lucha contra el tiempo porque "entre el incendio y las primeras lluvias pasan pocos días", según destaca José Antonio Vega, que lleva años dedicado al estudio y la investigación en el ámbito forestal. "Tenemos que jugar con probabilidades y estar preparados para ponérselo difícil", resalta, antes de reconocer que "si llueve de una manera desmesurada" no se puede hacer nada.

Riesgo por las lluvias de los últimos días

"Afortunadamente", las precipitaciones de los últimos días "no han sido muy malas, porque han venido con una intensidad baja" y "eso es bueno".

"Es bueno para que el suelo vaya empapándose lentamente, se produzca la germinación de las semillas y las plantas vayan pudiendo recuperar su sitio. Eso también protege el suelo. Esa forma de lluvia es muy importante para que el suelo se asiente y no haya arrastres muy grandes", explica este ingeniero de montes, que lleva años afincado en la Comunidad gallega.

Pese a todo, se han identificado arrastres de suelo, en concreto en el área de Oia y O Rosal, municipios de la provincia de Pontevedra en los que se produjo el primer gran incendio de esta campaña estival —ardieron más de 1.800 hectáreas—. Fue precisamente en esta parte del sur de Galicia donde se empezaron las medidas "inmediatas" y Vega Hidalgo celebra que, gracias a ello, "se ha llegado bien".

Los tratamientos aplicados en las laderas próximas a los lugares de Acebedo y Barrionuevo, que "estaban muy afectadas" por el fuego, evitaron que los vecinos de estas dos aldeas tuviesen problemas de escorrentías y riadas esta semana. "Se actuó con mucha rapidez", señala antes de indicar que son dos núcleos de población "pequeños" a los que se dio "prioridad".

De no haber sido así, advierte de que se podrían haber generado problemas para el tránsito y obturación de puntos de agua potable, además de otras consecuencias como formación de regueros y obstrucción del drenaje natural. "No ha llegado al mar ni por asomo, porque tiene un camino muy largo a través del río Tamuxe y todavía tendría que recorrer el Miño", apunta, para certificar que en Oia "no hay riesgo de daño a bancos marisqueros".

Posibles problemas en el entorno del pindo

Donde sí lo hay, no obstante, es en Carnota y Porto do Son. En el primero de estos ayuntamientos, que siete años después ha visto arder de nuevo el monte Pindo, el efecto de las precipitaciones puede conllevar, además, el aumento del sedimento en las marismas de Caldebarcos, espacio natural que también presenta un elevado valor ecológico.

Por las peculiaridades de este paraje, tratar de aminorar los perjuicios derivados de un incendio supone "un reto" para los técnicos. Con todo, Vega Hidalgo habla de lugares "muy diferenciados" y sitúa la mayor urgencia en el entorno de la cabecera del río Valdebois, "muy tocado" y donde la torrencialidad es "fuerte" en invierno.

Ahí, la aplicación del 'mulching' será manual y por fajas, y también se ubicarán barreras de materiales biodegradables —suelen fabricarse de coco o yute e igualmente van rellenas de paja de trigo—. Cerca, en las laderas del macizo rocoso de Pindo, en el límite con la zona que alimenta a este río, se hará un tratamiento desde helicóptero.

Tan solo unos metros más allá, en los barrancos de la cascada de O Ézaro, el director del centro de investigación de Lourizán confía en el papel que desempeñarán las hojas de los árboles semi calcinados. "Van a quedar más pegadas al suelo que lo que nosotros podríamos lanzar desde el helicóptero", resalta, antes de comentar que, por eso, los técnicos han dado "prioridad a otras zonas que no cuentan con esa ventaja".

Pensando ya a largo plazo, el responsable del organismo investigador recomienda "correcciones de tipo hidráulico", fundamentalmente, para proteger a la población de la parroquia de O Pindo. Al respecto, alude a nuevas tecnologías de tipo 'blando' que ya se han empleado en zonas turísticas de Suiza o, más recientemente, en la localidad malagueña de Mijas.

"Se llaman diques de cajones, es una obra que está oculta, yo en la comisión lo he dicho ya.... Tienen un nulo impacto puesto que se integran perfectamente en el paisaje", apunta, en alusión a la comisión interdepartamental creada por la Xunta, en la que participan miembros de Medio Rural e do Mar, Medio Ambiente y Augas de Galicia, entre otros.

Trabajo de campo y ejecución

José Antonio Vega Hidalgo valora esta colaboración pero, sobre todo, alaba el esfuerzo de las "ocho o diez" personas dependientes de la consellería de Rosa Quintana que, repartidas en cuatro equipos, desarrollan sus funciones bajo la coordinación de Lourizán.

"Están haciendo un trabajo de campo inmenso, sin horarios, con inventarios a base de fotografías, evaluación de cada una de las capas afectadas por el incendio, de la vegetación...", subraya, antes de hablar de Lousame y Rianxo como los nuevos objetivos de este personal.

En una segunda fase, la valoración, "más detallada", que también se está acometiendo ya, hace uso de imágenes de satélite ('LandSat'). Asimismo, los grupos monitorizan los resultados de algunos de los tratamientos en un "continuo" proceso de "testado y aprendizaje", con la vista puesta en mejorar los resultados en el futuro.

En cuanto a la ejecución de los tratamientos escogidos, que son distintos para cada fuego y para cada monte, de ella se encargan seis equipos de la empresa pública Seaga. Ellos son los que a pie ya iniciaron las tareas en Oia, pero también en Ponte Caldelas y Porto do Son, en los terrenos próximos a Ribasieira y Castro Barbudo.

Ahora arrancan las labores en helicóptero. "Consiste en lanzar balas de paja prensadas que van dentro de una red. El helicóptero vuela a una cierta altura y velocidad de crucero", explica Vega Hidalgo. Visualmente, señala como el piloto, con un 'joystick', "abre uno de los picos de la red, de forma que la paja va cayendo en principio junta pero, debido al efecto de rozamiento con el aire, se abre como una lluvia de paja fina formando un óvalo sobre el suelo".

"Esta descarga de paja es un tratamiento muy eficaz y permite abarcar extensiones grandes en poco tiempo", relata orgulloso de un sistema que, aunque ya se aplica en Estados Unidos, es algo en lo que Galicia fue pionera en 2006 —al diseñarlo— y en 2010 —cuando se probó por primera vez, tras un gran fuego en Laza (Ourense)—.

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