Clon
¿Qué le pedirías a tu clon? Carlos Pan

La amenaza clon se cierne sobre nuestros lectores. ¿Qué harían si tuvieran uno? ¿Lo usarían en las peores faenas o quizás se harían buenos amigos? Las respuestas a esta pregunta son difíciles y van desde el aliento hippy a la pulsión homicida. No se fían. Sabemos que el clon es ambicioso por naturaleza. Tiene la manía de no conformarse. Le gusta lo de uno porque, al fin y al cabo, tiene los mismos gustos que usted. ¿Quién querría un perfecto clon doméstico de sí mismo? Y, ¿para qué?

El clon es gemelo malnacido, la otra cara que exige ser el rey. Lo decapitará si tiene ocasión. Y lo que es peor: utilizará su ropa interior. Buscará esa flaqueza que solo usted conoce. Visitará su banco, solicitará créditos en su nombre (esto es un suponer). ¡Se tirará a su pareja! ¡Y con pose de atleta! Maldito clon, no debiste pasar de oveja... Todo por ese amasijo de carnes y huesos sintéticos que se asemeja tanto al original que es posible que frente al impoluto espejo le mangue la cartera. ¿Para qué lo querría usted? ¿Lavar los platos? ¿Acompañar a la pareja en el inoportuno paseo dominical en la seráfica hora de la siesta? ¿Hacerle la rosca al jefe? ¿Ver el fútbol con los amigotes de él? ¿Sacar al perro? ¿Recibir la paliza en el patio de la escuela? ¿Trabajar? ¿Fichar en el Inem?

El clon es un usurpador nato. Puede ocurrir que esté a punto de comerse ese entrecot que el médico solo le permite cada lustro; viene el clon, lo despista, y se lo zampa sin levantar sospechas. Si está punto de ligarse al guapo de la playa surfera, viene la clon, la muy sirulo, y agazapada en la ola remata la faena... Los lectores de el mensual de 20 minutos están dispuestos, sin embargo, a asumir el riesgo. No temen a su sombra. Hágase el poder de la probeta para... "Correr, correr, correr, sin mirar atrás", nos escribe @encarnabonillo en alusión al terror que le provocaría observar su vivo reflejo. "Me repartiría las asignaturas que me quedan con él para no ir tan agobiado. Después, nos meteríamos la fiesta padre", alega David Núñez con la ingenuidad propia de las películas fantásticas de los ochenta.

Las ventajas de tener un clon

"Ponerlo a currar, para ganar más pasta y pegarme las vacaciones que me merezco desde hace 20 años", evoca el típico sueño proletario Javivibc, como si la oveja Dolly fuera capaz de conseguir aquello en lo que fracasaron Marx, Gandhi y hasta Luis Bárcenas. "Turnarnos en el curro, y luego repartirnos beneficios, ganancias y vacaciones", explica Jorge Versace Piera, y así llegamos a la socialclondemocracia.

"Seríamos buenos amigos, seguro que comprendería perfectamente mi forma de ser y no nos llevaríamos la contraria...", explica Catalunya Sobirana, soñando, a juzgar por el apodo, en multiplicar la vía clon catalana. Un puntazo para el presidente Mas. Pero piensen que el Gobierno central podría responder multiplicando al ministro Wert hasta el ocaso de la civilización. ¡Dioses! Los declaramos oficialmente ingenuos. Víctimas proletarias de la próxima guerra clon. No merecen otro futuro.

Si su vida es mejor que la mía, le pediría un cambio. Por suerte, algunos lectores comprenden esta amenaza. "Tendría que matarlo, porque sabe todo lo que yo sé...", dice @ezurk. Mente práctica, aunque con pulsión criminal excesiva. ¿Visitilla al psicólogo? "Matarlo antes de que se me rebele", dice Metamórfico McPato. Le recomendamos que nunca se clone, por el bien de las nuevas generaciones de metapatitos. "Modificarlo para que no se pareciese a mí; ya tengo una hermana gemela. Con dos iguales, basta", habla con conocimiento de causa @lakenoarde. Una melliza progresista. "Eliminarlo, porque yo soy único", dice Chocoalfa.

Existe también un grupo de prácticos o incluso sádicos. Y ciertamente, no sabemos qué hacer con ellos. "Si su vida está mejor que la mía le pediría hacer un cambio, si no, que se vaya por donde vino", alega el salomónico Shalom Al-Awara. "Un trío con mi novio y después matarla, y bueno, que se saque la carrera por mí", explica Leim. ¿Acaso el Marqués de Sade pudo haber descrito este episodio? Y siguiendo con la filosofía, Jegogo da en el clavo, abriendo bajo nuestras pezuñas un abismo metafísico: "¿Y quién le dice a él que el clon no eres tú?". En efecto, queridos, no es posible fiarse ni de uno mismo. Nunca debimos pasar de oveja.