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Una de las obras de Matthew Barney que son citadas como futuros iconos en el libro © Matthew Barney - Courtesy Thames & Hudson

¿Qué obras de arte de las últimas dos décadas pasarán la criba del tiempo y el juicio de la historia manteniendo intacta su capacidad de transmisión de sentimientos y valores plásticos? ¿Qué piezas de finales del siglo XX y comienzos del XXI tendrán en el futuro la misma consideración de documentos definitivos de una era que se puede aplicar al Guernica, pintado en 1937 por Pablo Picasso; La Radeau de La Méduse (1818-1819), de Théodore Géricault, o Las Meninas, la obra cumbre terminada en 1656 por Diego Velázquez?

El autor se atreve a ejercer la adivinación y apuesta por obras que serán iconos La respuesta, necesariamente subjetiva, la enuncia en el libro 100 Works of Art That Will Define Our Age (100 obras de arte que definirán nuestro tiempo), recién publicado por la editorial inglesa Thames & Hudson, el historiador, poeta y crítico de arte Kelly Grovier, que se atreve a ajercer la adivinación y apostar por un centenar de piezas que, en su opinión, perdurarán y adquirirán papel de iconos de la transición entre el siglo presente y el anterior.

Cabeza de acero barnizada con sangre

En el libro Grovier predice qué artistas serán considerados definitivos "por su poder para cuestionar, provocar e inspirar". La obra más antigua que elige es Self, una escultura de cabeza de acero inoxidable barnizada con sangre realizada en 1991 por Marc Quinn, y la última es Sunflower Seeds, una instalación de un millón de piezas de cerámica que parecen semillas de girasol firmada por el chino Ai Weiwei en 2010.

Un esquemático paisaje de Hockney y una obra sobre el Muro de Israel Entre una y otra obra aparecen trabajos más académicos, como Bigger Trees Near Warter, un esquemático paisaje pop pintado en 2007 por el inglés David Hockney, y otros que marcan los tintes en la denuncia y la protesta, como Against The Wall (2009), una serie sobre la represión de Israel contra  Palestina de la pintora Marlene Dumas.

La cama con secreciones de Emin

El autor también concede grado de permanencia a Propped (1992), la poderosa pintura figurativa de la inglesa Jenny Saville  y a My Bed, una instalación de Tracey Emin de 1998 que levantó una gran polémica porque reproduce con realismo absoluto la cama de la artista, con secreciones corporales incluidas.

En el listado de artistas que Grovier incluye en este "mapa inteligente sobre el arte contemporáneo" con proyección de permanencia aparecen también Marina Abramovic, Banksy, Matthew Barney, Louise Bourgeois, Andreas Gursky y Damien Hirst. Los únicos artistas españoles presentes en la lista son Santiago Sierra y Cristina Iglesias.