El debate interno más intenso

El atentado perpetrado el pasado 30 de diciembre en la terminal T-4 del aeropuerto de Barajas ha extendido las tensiones en la izquierda abertzale.
Los portavoces de Batasuna, Pernando Barrena y Ainara Amendariz. (EFE)
Los portavoces de Batasuna, Pernando Barrena y Ainara Amendariz. (EFE)

Las discrepancias han subido de tono hasta el punto de que voces de toda solvencia hablan de «"dificultades de conciliación entre quienes cada vez se alejan más". Por un lado está el sector encabezado por Rafael Díez Usabiaga, secretario general de LAB, Arnaldo Otegi y una parte de los presos.

La izquierda abertzale es al final un colectivo de resistencia y se aceptan muchas contradicciones

Cada uno en su ámbito ha censurado la acción terrorista de Barajas , conscientes de que el atentado bloquea cualquier aproximación a las cárceles vascas de un sector que cumple segundo grado y de seis enfermos terminales; una de las reivindicaciones principales de la izquierda abertzale.

Pero, el regreso a la violencia tira por tierra también la pretensión de Batasuna, respaldada por todas las fuerzas políticas vascas, salvo el PP, de encontrar una fórmula que le permitiera presentarse a las elecciones municipales del próximo mayo. La formación ilegal tiene un potencial de 150.00 votantes, que, en una situación de tregua, aumentaría fácilmente en las urnas. Además, a nadie se le escapa que las causas judiciales que el propio Otegi tiene pendientes con la Justicia adquieren una mirada distinta ante el regreso a las hostilidades por parte de ETA.

Los duros ganan

Los sectores favorables a la tregua tienen todo ello muy en cuenta. Entre ellos están los rostros más conocidos de Batasuna. Pero, enfrente se sitúan los sectores más jóvenes, quienes practican la kale borroka, y un ala más indefinida de ETA; menos instruida políticamente y más influenciada por el dogma armado que propugna el aparato militar de ETA liderado por, entre otros, Garikoitz Aspiazu, Txeroki.

Los que juegan con la histórica opción que la izquierda abertzale adopta en sus momentos de debilidad: arrastrar a todo el conglomerado por la dinámica de "quien pone la pistola más grande sobre la mesa gana". Los duros se han hecho con el aparato. Es lo que ha pasado con la vuelta de ETA a la violencia: los comandos se han impuesto a la opinión mayoritaria.

La manifestación de 13 de enero en Bilbao, convocada por el lehendakari en contra de la violencia de ETA, volvió a evidenciar el desmarque de dirigentes de Batasuna con la banda. El añadido en el lema "exigimos a ETA que ponga fin a la violencia" levantó voces a favor de la comparecencia pero, al final, "se acató el cierre de filas temporal como ocurre siempre", y no acudieron, explican en medios cercanos a la izquierda abertzale.

No es previsible que estas conocidas diferencias afloren a corto plazo. Patxi Zabaleta, líder de Aralar, una facción escindida de Batasuna en 1998, lo decía claramente en una entrevista reciente. No hay riesgo de ruptura inmediata: "La izquierda abertzale es al final un colectivo de resistencia y se aceptan muchas contradicciones".

Batasuna no es el Sinn Feinn ni ejerce el control que el brazo político del IRA tenía sobre sus bases. Queda la duda de saber con exactitud la distribución de fuerzas en el seno de la organización, ya que la onda expansiva del atentado ha sacudido los cimientos de la izquierda abertzale, tan asamblearia en la toma de decisiones como ortodoxa en la depuración de cargos.

Y éste es un miedo añadido que algunos, a título personal, han comenzado a no perder de vista al tratarse de resoluciones que llegan de un grupo clandestino. Las fisuras se ensanchan; el hartazgo empieza a emerger, pero, como en muchas familias, prefieren que no trascienda con el fin de mostrar la fuerza que da la unidad. El rostro atónito de Otegi ante el atentado no pasó desapercibido a nadie.

Batasuna no esperaba que ETA volviera a poner muertos sobre la mesa para negociar. El desconcierto empieza a afectar en el seno de la coalición abertzale. Porque, como dijo el líder del Sinn Feinn, Gerry Adams, y no conviene olvidar, en estas situaciones, lo más difícil es convencer a los tuyos.

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