La sanidad viguesa no gana para disgustos. En las últimas semanas el problema reside en las urgencias hospitalarias, que están sufriendo un fuerte aumento en su carga de trabajo.

El pasado lunes, el hospital do Meixoeiro se quedó sin camas debido a que casi el 15% de los 205 pacientes que acudieron al servicio de urgencias necesitaron ingresar en el centro. Ocho de ellos todavía esperaban cama en los pasillos en la tarde de ayer.

La media de urgencias diarias que recibe el Meixoeiro está fijada en las 160, y el porcentaje de ingresos es del 12%. El Sergas habla de «menos fluidez y no de colapso» en el servicio y achaca este incremento a la gravedad de las patologías con las que llegan los pacientes, «mucha gente mayor, la mayoría con infecciones respiratorias».

En el Xeral, que la semana pasada sufrió un colapso histórico, se abrirán por fin esta semana, después de varias demoras, las Urgencias Pediátricas. Aunque, según los sindicatos, esto se hará «en precario y sin la certeza de que se abrirá al 100% de sus posibilidades».

Además, la dotación de personal para este servicio, seis enfermeras, seis auxiliares y dos celadores es, en su opinión, «insuficiente» para la carga asistencial que se soporta en el mismo, donde se ha llegado a atender a 359 niños en un día.

Los tres boxes pediátricos que quedarán libres en las antiguas urgencias se adaptarán para utilizarlos en la atención del servicio de emergencia para adultos y paliar así las esperas.

Menos de lo recomendado

Los hospitales de Vigo tienen menos camas de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Según este organismo, lo óptimo sería contar, al menos, con ocho camas por cada mil habitantes, pero la ciudad olívica sólo tiene 2,7. Es decir, aquí hay 365 usuarios de los 553.398 de la población de referencia para una sola cama. Ni siquiera nos acercamos a la media nacional que está fijada en 5,7 camas por cada mil habitantes.