En un comunicado publicado a última hora del viernes, el arzobispo Stanislaw Wielgus, nombrado por el Papa el 6 de diciembre, pareció retractarse de sus primeras declaraciones sobre el caso, en las que negó su participación, y abrió las puertas al Papa para que lo destituya de su cargo.

'Por el hecho de este enredo he dañado a la Iglesia (...) Respetaré cualquier decisión que tome el Papa', dijo Wielgus en un comunicado en la página web de la Iglesia que se leerá el sábado a los feligreses.

'Dañé a la Iglesia durante los días recientes, en medio de una intensa campaña de los medios, negué los hechos de esta cooperación'.

La Iglesia Católica de Polonia reconoció a primera hora del viernes que Wielgus había sido espía para los servicios secretos de la era comunista, incrementando la presión al arzobispo antes de su ceremonia de nombramiento el domingo.

Wielgus fue nombrado por el Papa Benedicto XVI para suceder al cardenal retirado Jozef Glemp, una figura de la larga batalla contra el comunismo, en una de las posiciones más influyentes en la jerarquía de la Iglesia polaca.

Al poco tiempo de este nombramiento, los medios polacos dijeron que el arzobispo había informado sobre clérigos durante 20 años desde finales de los años 60.

Wielgus mantuvo en su comunicado del viernes que 'que no informó sobre nadie o intentó herir deliberadamente'.

Pero una comisión especial de la Iglesia dijo en un comunicado que había suficientes pruebas para confirmar que era un informador voluntario.

'Hay bastantes documentos importantes que confirman la voluntariedad de Wielgus para cooperar', dijo la comisión.

Wielgus asumió el cargo formalmente el viernes y será investido durante una ceremonia el domingo a la que asistirán el presidente y autoridades del Gobierno polaco.

'LA DECISIÓN DEL PAPA'

Sin embargo, Wielgus no dio indicaciones sobre si iba a dimitir, un paso bastante esperado por comentaristas y algunas autoridades de la Iglesia.

La Iglesia de Polonia dijo que había apoyado la decisión del Papa de nombrar a Wielgus, y que no haría ningún comentario sobre su renuncia.

El Vaticano dice que examinó el pasado del arzobispo antes de su nombramiento y ha declinado hacer cualquier comentario.

Pero una encuesta publicada el viernes dice que una mayoría de los polacos cree que no debería abandonar su puesto.

En los 80, la Iglesia apoyo el movimiento pro-democracia Solidaridad y, junto al Papa Juan Pablo II, natural de Polonia, jugó una papel crucial en hacer caer el comunismo en 1989.

Pero historiadores de la Iglesia dicen que hasta un diez por ciento del clero podría haber cooperado con las autoridades comunistas de forma consciente o inconsciente. La Iglesia se ha negado a hacer sus nombres públicos.

Los comentaristas dicen que el escándalo es la mayor crisis de la Iglesia polaca en los últimos 17 años.

/Por Natalia Reiter/